Caminemos.
Te ofrezco mi compañía por lo senderos de la vida.
Te tiendo mi mano, y no espero la tuya a cambio.
Te ofrendo una sonrisa, y no anhelo poseer el sol en tu rostro.
Te miro con los luceros de la noche y la mañana, y no busco perderme en tus ojos.
Te regalo mi brazo para que te apoyes, y no te pido que seas mi cayado.
Te entrego mi pecho para que te protejas, y no reclamo la sombra de tu amor.
Te doy la cumbre de mi hombro,
y espero mirarte desde la hermosura del valle que pisan tus pies.
Te dono el calor de mi sangre, y anhelo entibiarte en invierno.
Te extiendo mis brazos para rozar tu silueta, y bailar contigo en la noche de mi existencia.
Te señalo la Cruz del Nazareno y allí se encuentran las respuestas que busca mi corazón: las flores del amor, en sus manos, pies, costado.
domingo, 4 de enero de 2009
Danza.
Cuando susurro a tu oído palabras de amor,
cuando el canto de las aves alegra mi alma y la tuya,
cuando el calor de la mañana a entibia mis huesos y tu corazón,
cuando las hojas se desprenden de los árboles,
cuando el viento del otoño camina a mi lado,
cuando el frío del invierno invita a regresar al hogar,
cuando las flores entretejen guirnaldas para las muchachas,
cuando el calor del verano madura los frutos,
cuando la puesta de sol se apaga en la lejanía,
cuando el sudario se tiende sobre el cielo,
cuando la sábana de estrellas se ventila al infinito,
cuando la luz sin tiempo resplandece en tus ojos,
cuando el silencio y la soledad se enseñorean de tu cuerpo.
Cuando susurro a tu oído palabras de amor,
cuando el canto de las aves alegra mi alma y la tuya,
cuando el calor de la mañana a entibia mis huesos y tu corazón,
cuando las hojas se desprenden de los árboles,
cuando el viento del otoño camina a mi lado,
cuando el frío del invierno invita a regresar al hogar,
cuando las flores entretejen guirnaldas para las muchachas,
cuando el calor del verano madura los frutos,
cuando la puesta de sol se apaga en la lejanía,
cuando el sudario se tiende sobre el cielo,
cuando la sábana de estrellas se ventila al infinito,
cuando la luz sin tiempo resplandece en tus ojos,
cuando el silencio y la soledad se enseñorean de tu cuerpo.
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