Crítica a la falta de crítica educacional.
Durante el período de las vacaciones, que ya se avecina, en nuestro país de singulares contrastes, paradojas y contradicciones en todo orden de cosas- los canales de televisión, por ejemplo, se dedican, generosamente, a exhibir traseros y tetas hasta la saciedad, como una forma de fomentar el “turismo”- pareciera que nadie se ocupa del funcionamiento del subsistema escolar, cuya crisis es más que evidente, y que nuevamente ha quedado de manifiesto en los resultados de la PSU.
Así, resulta increíble que, en un tema de importancia más que crucial, y con la cual los medios nos bombardearan con noticias durante todo el año pasado: no haya pronunciamientos, ni análisis ni conclusiones sobre dicha problemática.
Deseo profundizar, para tratar de explicar algunas causas que dan cuenta de la crisis de la educación; aunque reconozco de antemano la imposibilidad de agotar el hontanar que es en sí y por sí:
1-Para hacer que la educación mejore y se modernice, es, totalmente, imprescindible que quienes tienen la obligación de dirigir el país, tomen de conciencia de que debe ser declarada y considerada prioridad uno, a la par que otras materias sociales como la salud. Así es una obviedad que debe darse un incremento significativo en los salarios, para que una persona pueda trabajar con dignidad, motivación especial, espíritu de compromiso y entregar todo su potencial, en el cumplimiento de sus obligaciones. En todo caso, cabe señalar que: a pesar de lo irrisorio que resultan las remuneraciones del profesorado, tengo la certeza de que- si bien no es la causa primera de la postración y mediocridad extrema de la educación municipal, influye en cuanto aborta vocaciones y proyectos-la inmensa mayoría trabaja con el compromiso de su ser, en educar.
Ello, ha de acompañarse con el inaplazable cambio del estatuto docente, en el entendido que nadie puede ni debe tener su puesto de trabajo, a perpetuidad, si es incompetente y no produce nada-bajo el presupuesto de que el parámetro con que la ha de medir, no es ni puede ser el mismo baremo con que se evalúa la producción y rentabilidad de cualquier industria-; ya que no es aceptable que conforme una atadura para los administradores de la educación, quienes son los llamados a obtener los logros de excelencia que el país espera y demanda, con el concurso de los mejores elementos consagrados a ello, en un marco legal objetivo, que no permita los atropellos ni las arbitrariedades de parte de los jefes hacia el personal. En términos directos, estoy hablando de acabar con la imposibilidad de despedir a un educador, salvo que cometa un crimen, o una grave omisión en sus quehaceres: ¡Es un imperativo terminar con tal inamovilidad!.
2-Desde otra perspectiva, cabe afirmar que: la educación refleja las graves diferencia sociales que afectan a nuestra sociedad; ya que es más factible que un egresado de un establecimiento de educación municipal, termine su vida, desempeñando funciones que corresponden a un oficio menor, que tenga la coyuntura de llegar a convertirse en un profesional o técnico superior. Como educador del ámbito municipal, tengo la experiencia directa y fresca- dolorosa y sobrecogedora- de haber visto cómo una infinidad de jóvenes y jovencitas que han egresado de la enseñanza media, con el corazón y el espíritu pletóricos de ilusiones, se han insertado en el mundo laboral, en condiciones bastante adversas, sin esperanzas de mirar hacia otros horizontes.
De algún modo, opera una economía y una política inexorables, que no permite ni tolera variaciones que alteren las estructuras de la sociedad; pues grados más, grados menos, el hijo tenderá a reproducir las condiciones sociales y culturales, en cuyo seno creció y fue formado. Así, es casi imposible, por lógica, que un hijo de un obrero llegue a ser gerente de una empresa de prestigio. Por ello, resulta absurdo y estúpido el aviso comercial de cierta casa de estudios superiores, que envía el siguiente mensaje: que si uno ingresa a ella, tiene o tendrá la oportunidad de convertirse en gerente.
3-Por último, y en una dimensión no menos dramática y perturbadora, hago un emplazamiento a las personas, en función de que: piensen si es factible pedir a un muchacho o una muchacha que estudie y obtenga buenos rendimientos, siendo que su familia tiene un nivel de ingresos, que oscila entre los 100.000 y 200.000 pesos, aunque puede ser más bajo- al momento de matricular, he constatado que es una realidad, que acontece con mayor frecuencia de la que uno se imagina-; cuyos padres se encuentran ausentes, ya sea por la necesidad apremiante de tener que ganar los recursos indispensables para vivir, ya por la circunstancia de que uno de ellos o los dos se han involucrado en líos con la justicia, y se hayan privados de libertad; o que se ha dado el abandono del hogar por parte del hombre, o que se trata de una madre soltera que, en forma abnegada y noble, intenta sacar adelante a su progenie, en medio de la pobreza económica más palmaria, con todas las nefastas consecuencias sociales y psicológicas que redundan de ello, en desmedro del desarrollo del adolescente; cuya casa, carece del espacio suficiente, para generar la intimidad para ese humano, para que la dignidad y el respeto, enmarquen la maduración de su personalidad; sin recursos culturales como libros, y sin los modelos y pautas a seguir que pudieran llevar al entendimiento de la relevancia fundamental de estudiar; agravado ello por cuanto se ha perdido la dinámica de movilidad social, que hacía ver en la educación una oportunidad de ascenso social, de progreso y modernización. Lo que la minoría logra, en un medio tan adverso, es una proeza digna de Hércules.
jueves, 25 de diciembre de 2008
sábado, 13 de diciembre de 2008
Mi opinión.
Se trata de un problema peliagudo, con diversas aristas, alcances e implicaciones de carácter filosófico. Por ende, amerita, por decir lo menos, un libro, no un opúsculo.
A pesar de la anterior prevención, me atrevo a esbozar una crítica: Así, llama poderosamente la atención como las personas se encierran en su opinión, entendida como un juicio sobre una materia determinada, no sólo como si fuera una camisa de fuerza; sino como si fuese una prisión para su entendimiento; de hecho, no les preocupa someter a un escrutinio de la razón y la lógica a la misma; tampoco, aquilatar el grado de verdad, que puede comportar. Nada interesa más que defender su particular punto de vista, por mucho que se aleje de las normas del funcionamiento y la economía de una mente cultivada.
Es más, cuando alguien comete la imprudencia de poner de manifiesto alguna imperfección de su razonamiento, se pone a la defensiva, como si hubiera sido atacado en lo más sagrado y santo: “sus ideas”; que más bien debiéramos llamar ideas ídolo, que son producto de una percepción inmadura, insuficiente o errada de la realidad; y que ha pretendido absolutizar, para darles validez definitiva, firme, sin duda, ni contradicción…Pero basta observar con atención, para percatarse de las fisuras de la base: prejuicios, tópicos, clichés, absurdos convencionalismos, que no resisten airosos el escudriñamiento que se pueda realizar.
Tal vez el afán de aferrase a “mi opinión”, responde a la necesidad e imperativo de tener un punto fijo y un marco de referencia permanente en el devenir del tiempo, y de orientación en el universo; y así no quedar desnudo de este ropaje que nos proporciona la sociedad y la cultura que nos albergan.
Pero detrás de esta puesta en escena, hay un miedo cerval, respecto de deber desarrollar un pensamiento personal; y el subsecuente fracaso ante la suprema tarea: el desafío de vivir, desde el abordaje singular, único, e irrepetible. Aunque nadie puede hacer tabla rasa, por completo, de sus condicionamientos y determinaciones de su ethos e idiosincrasia, si puede trascender con el poder de la interrogación, y del avance progresivo en el camino de la búsqueda de la verdad; empresa a la cual, la mayoría renuncia, incluso, antes de acometerla.
Dentro de este misma criterio, cabe plantearse: ¿Cuántas veces la gente asume como ataque aleve y motivo de angustia que alguien enfrente sus ideas?; y ¿ con cuánta saña y rencor reaccionan contra quien anhela aportar al develamiento de la verdad?...¿Cuántos profetas, iluminados, mesías, místicos, revolucionarios, filósofos, poetas, pintores, artistas en general, a lo largo de la historia; y la raza de hombres que cobijan en su espíritu la chispa divina- y que no están dispuestos a permitir que se extinga- han sido sometidos al ostracismo y al martirio, por proclamar el advenimiento del Espíritu, el rescate de lo Absoluto desde el pan cotidiano hasta una suprema obra de la naturaleza, de la creatividad humana?.
Es, por tanto, imprescindible actualizar una de las dimensiones de la libertad del ser humano, que le permite erigirse sobre las muletas y aparatos ortopédicos, con que la sociedad de masas, intenta neutralizar la existencia como arte y como encrucijada en aras del cumplimiento del propio destino; y, por el contrario, reproducir, mecánicamente, las estructuras que indican: qué, cómo, cuándo y en qué términos se debe pensar; y no más allá de los límites permitidos, ya que se amenaza con el ácido corrosivo de la crítica la autocomplacencia de los amos; y, como contrapunto, se pone en solfa la ignorancia y la misma la cerrazón y uniformidad de la grey, a la usanza de la genial película “Tiempos Modernos”.
Se trata de un problema peliagudo, con diversas aristas, alcances e implicaciones de carácter filosófico. Por ende, amerita, por decir lo menos, un libro, no un opúsculo.
A pesar de la anterior prevención, me atrevo a esbozar una crítica: Así, llama poderosamente la atención como las personas se encierran en su opinión, entendida como un juicio sobre una materia determinada, no sólo como si fuera una camisa de fuerza; sino como si fuese una prisión para su entendimiento; de hecho, no les preocupa someter a un escrutinio de la razón y la lógica a la misma; tampoco, aquilatar el grado de verdad, que puede comportar. Nada interesa más que defender su particular punto de vista, por mucho que se aleje de las normas del funcionamiento y la economía de una mente cultivada.
Es más, cuando alguien comete la imprudencia de poner de manifiesto alguna imperfección de su razonamiento, se pone a la defensiva, como si hubiera sido atacado en lo más sagrado y santo: “sus ideas”; que más bien debiéramos llamar ideas ídolo, que son producto de una percepción inmadura, insuficiente o errada de la realidad; y que ha pretendido absolutizar, para darles validez definitiva, firme, sin duda, ni contradicción…Pero basta observar con atención, para percatarse de las fisuras de la base: prejuicios, tópicos, clichés, absurdos convencionalismos, que no resisten airosos el escudriñamiento que se pueda realizar.
Tal vez el afán de aferrase a “mi opinión”, responde a la necesidad e imperativo de tener un punto fijo y un marco de referencia permanente en el devenir del tiempo, y de orientación en el universo; y así no quedar desnudo de este ropaje que nos proporciona la sociedad y la cultura que nos albergan.
Pero detrás de esta puesta en escena, hay un miedo cerval, respecto de deber desarrollar un pensamiento personal; y el subsecuente fracaso ante la suprema tarea: el desafío de vivir, desde el abordaje singular, único, e irrepetible. Aunque nadie puede hacer tabla rasa, por completo, de sus condicionamientos y determinaciones de su ethos e idiosincrasia, si puede trascender con el poder de la interrogación, y del avance progresivo en el camino de la búsqueda de la verdad; empresa a la cual, la mayoría renuncia, incluso, antes de acometerla.
Dentro de este misma criterio, cabe plantearse: ¿Cuántas veces la gente asume como ataque aleve y motivo de angustia que alguien enfrente sus ideas?; y ¿ con cuánta saña y rencor reaccionan contra quien anhela aportar al develamiento de la verdad?...¿Cuántos profetas, iluminados, mesías, místicos, revolucionarios, filósofos, poetas, pintores, artistas en general, a lo largo de la historia; y la raza de hombres que cobijan en su espíritu la chispa divina- y que no están dispuestos a permitir que se extinga- han sido sometidos al ostracismo y al martirio, por proclamar el advenimiento del Espíritu, el rescate de lo Absoluto desde el pan cotidiano hasta una suprema obra de la naturaleza, de la creatividad humana?.
Es, por tanto, imprescindible actualizar una de las dimensiones de la libertad del ser humano, que le permite erigirse sobre las muletas y aparatos ortopédicos, con que la sociedad de masas, intenta neutralizar la existencia como arte y como encrucijada en aras del cumplimiento del propio destino; y, por el contrario, reproducir, mecánicamente, las estructuras que indican: qué, cómo, cuándo y en qué términos se debe pensar; y no más allá de los límites permitidos, ya que se amenaza con el ácido corrosivo de la crítica la autocomplacencia de los amos; y, como contrapunto, se pone en solfa la ignorancia y la misma la cerrazón y uniformidad de la grey, a la usanza de la genial película “Tiempos Modernos”.
jueves, 11 de diciembre de 2008
Señor Director:
La sociedad actual, ante los ojos de los vencederos y de aquellos que- parafraseando a Gandalf- tienen su mente destronada, aparece como definitiva e incuestionable, desde todo punto de vista.
Como corolario, la ideología que la sustenta, muestra un carácter racional, lógico, real y natural, de manera que una idea ha sido hipostasiada; es decir, trasformada en un absoluto- de suyo con minúscula-, al servicio de las fuerzas que dominan y señorean este tiempo.
Entonces, no debe extrañar que: cualquier intento por poner en tela de juicio y desmenuzar la arquitectura de esta etapa, y del proceso global que se vive, es denunciado como la desesperación por revivir un cadáver: la otra ideología, o también otros meta relatos, que fueron derrotados y barridos por el arrollador triunfo del neoliberalismo.
Pues bien, para cantar a los cuatro vientos, con toda la pompa y vanagloria inimaginables, se ha erigido el Mercado como el becerro de oro; es decir, aquel ídolo espurio, al cual inmolar las preguntas, dudas, incertidumbres y perplejidades que antaño se ofrendaban a Dios; o servían como teas para iluminar el camino hacia el reino del Espíritu Universal.
Frente a la imposición de los términos de la claudicación del pensamiento, la crítica, la imaginación, la fantasía, el arte, parece lógico que: el ciudadano, ha sido trasformado en un pigmeo; en cuanto a que ha sido mutilado, quedando recudido a la condición de hombre económico como la única válida per se: ha desaparecido el rol de artífice y copartícipe de la ciudad y de la democracia, enriquecido por el devenir de la modernidad y de la postmodernidad- el período contingente, no sólo es de sombras ominosas; sino también, de libertades magníficas-.
Pues bien, legítimamente, cabe formularse la siguiente cuestión: La política, solamente, debe preservar y reproducir el orden establecido, que ha probado su eficiencia y efectividad, al salir campante de la palestra; ni pensar en cambios estructurales, que supongan o comporten alguna referencia o alusión al concepto revolución; basta y sobra con su carácter formal: emitir un sufragio, cada cierta periodicidad, para que determinados operadores, presuntamente nos representen, sin control ni supervisión por parte de la ciudadanía.
Bajo esta lógica, lo que tenemos en Chile, es una suerte de híbrido, consecuencia del maridaje entre el neoliberalismo fundamentalista y el desperfilamiento de un conglomerado que prometía la alegría, pero terminó administrando la obra gruesa de la dictadura.
A la sazón, para adentrarse más y más en el concierto mundial, América Latina, es vista como un barrio con vecinos pobres e indeseables, donde este nuevo rico no sólo se avergüenza de su contigüidad; sino que, además, trata de cambiarse a un sector más exclusivo; a nivel de la conciencia, los paradigmas y las subsecuentes servidumbres políticas, económicas, ideológicas, sociales y culturales.
Para desbrozar el camino a la “integración irreversible a la globalización” nuestros hermanos pertenecientes a las etnias, deben sufrir un proceso de desaparecimiento- tornarlos invisibles-; ya que conforman un lastre penoso que nos recuerda la culpa de los genocidios del Invasor europeo; y, a posteriori, del Estado Chileno.
Aunque estas pinceladas, no pretenden dar cuenta del meollo del asunto, lo que queda es abrochar el tema: La apariencia que impera, de que la totalidad está cerrada; es completa; tiene sentido y significado; donde no caben las contradicciones, las críticas, las disquisiciones molestas, menos las disonancias; y que la utopía, parafraseando a Trotsky, pertenece al basurero de la historia.
La sociedad actual, ante los ojos de los vencederos y de aquellos que- parafraseando a Gandalf- tienen su mente destronada, aparece como definitiva e incuestionable, desde todo punto de vista.
Como corolario, la ideología que la sustenta, muestra un carácter racional, lógico, real y natural, de manera que una idea ha sido hipostasiada; es decir, trasformada en un absoluto- de suyo con minúscula-, al servicio de las fuerzas que dominan y señorean este tiempo.
Entonces, no debe extrañar que: cualquier intento por poner en tela de juicio y desmenuzar la arquitectura de esta etapa, y del proceso global que se vive, es denunciado como la desesperación por revivir un cadáver: la otra ideología, o también otros meta relatos, que fueron derrotados y barridos por el arrollador triunfo del neoliberalismo.
Pues bien, para cantar a los cuatro vientos, con toda la pompa y vanagloria inimaginables, se ha erigido el Mercado como el becerro de oro; es decir, aquel ídolo espurio, al cual inmolar las preguntas, dudas, incertidumbres y perplejidades que antaño se ofrendaban a Dios; o servían como teas para iluminar el camino hacia el reino del Espíritu Universal.
Frente a la imposición de los términos de la claudicación del pensamiento, la crítica, la imaginación, la fantasía, el arte, parece lógico que: el ciudadano, ha sido trasformado en un pigmeo; en cuanto a que ha sido mutilado, quedando recudido a la condición de hombre económico como la única válida per se: ha desaparecido el rol de artífice y copartícipe de la ciudad y de la democracia, enriquecido por el devenir de la modernidad y de la postmodernidad- el período contingente, no sólo es de sombras ominosas; sino también, de libertades magníficas-.
Pues bien, legítimamente, cabe formularse la siguiente cuestión: La política, solamente, debe preservar y reproducir el orden establecido, que ha probado su eficiencia y efectividad, al salir campante de la palestra; ni pensar en cambios estructurales, que supongan o comporten alguna referencia o alusión al concepto revolución; basta y sobra con su carácter formal: emitir un sufragio, cada cierta periodicidad, para que determinados operadores, presuntamente nos representen, sin control ni supervisión por parte de la ciudadanía.
Bajo esta lógica, lo que tenemos en Chile, es una suerte de híbrido, consecuencia del maridaje entre el neoliberalismo fundamentalista y el desperfilamiento de un conglomerado que prometía la alegría, pero terminó administrando la obra gruesa de la dictadura.
A la sazón, para adentrarse más y más en el concierto mundial, América Latina, es vista como un barrio con vecinos pobres e indeseables, donde este nuevo rico no sólo se avergüenza de su contigüidad; sino que, además, trata de cambiarse a un sector más exclusivo; a nivel de la conciencia, los paradigmas y las subsecuentes servidumbres políticas, económicas, ideológicas, sociales y culturales.
Para desbrozar el camino a la “integración irreversible a la globalización” nuestros hermanos pertenecientes a las etnias, deben sufrir un proceso de desaparecimiento- tornarlos invisibles-; ya que conforman un lastre penoso que nos recuerda la culpa de los genocidios del Invasor europeo; y, a posteriori, del Estado Chileno.
Aunque estas pinceladas, no pretenden dar cuenta del meollo del asunto, lo que queda es abrochar el tema: La apariencia que impera, de que la totalidad está cerrada; es completa; tiene sentido y significado; donde no caben las contradicciones, las críticas, las disquisiciones molestas, menos las disonancias; y que la utopía, parafraseando a Trotsky, pertenece al basurero de la historia.
lunes, 8 de diciembre de 2008
Desprecio, negación y destrucción de nuestras raíces.
Estamos viviendo un nuevo totalitarismo: el imperio incontestable de los mass media, que amalgama a la perfección la basura con la ignorancia y la estupidez. El fenómeno, es mucho más complejo de lo que lo insinuaré: tan sólo me limitaré a analizar un cariz.
Pensemos, para partir con un tema trivial- pero que a poco andar cobra una dimensión de cierta gravedad- en el prototipo de mujer que propone la televisión, para poder vender los productos que debe promocionar: no importa de qué se trate; pues siempre irá acompañado de una joven, esbelta y escultural, delgada más allá de lo conveniente, de piel clara, de ojos igualmente claros, no pocas veces de pelo rubio o de otros colores, y con ropa apenas suficiente para poder conservar “un mínimo de pudor”. Encima, la grotesca moda que se ha impuesto durante el último tiempo, en cuanto a que la belleza conlleva el anormal aumento de tamaño de las mamas, mediante los implantes de silicona. Entonces, ¿dónde queda la belleza genuina y auténtica de la mujer chilena, que no esconde en su rostro los rasgos indígenas y/o mestizos, ya que se siente orgullosa de ello; y, no tiene que, ridículamente, tornar blondo su cabello por arte de magia; lo cual, es otra señal innegable de como se empuja a nuestra juventud a despreciar su identidad?.
De ahí, necesariamente, derivamos en una repercusión que afecta a toda la comunidad, en cuanto a sus alcances e implicaciones. Antes, sin embargo, debo advertir, sin reboso, que las palabras que declaro a continuación, brotan del corazón, nacen a raudales del amor; por lo tanto, nada tienen que ver con la fría etnohistoria, ni con la rigurosa antropología, ni con ninguna ciencia social, que tome a los mapuches como si fueran objeto de análisis de laboratorio, susceptibles de un desmenuzamiento aséptico.
Así, no debe extrañar que: el mapuche sea objeto y víctima de discriminación; que quienes poseen un apellido originario, sientan que es un estigma; y que se utilicen epítetos durísimos, que denotan desprecio absoluto hacia las etnias que habitan nuestra tierra, para referirse a ellos, tales como “le dio la indiada”; ya que, cotidianamente, se envían mensajes subliminales- ¿o explícitos?-, respecto de que lo vernáculo, a lo sumo, ha de ser considerado como rareza o excentricidad; y que los rasgos y características “europeas”- ojalá se noten claramente- constituyen un pasaje al éxito. Si proyectamos y extrapolamos tal predicamento al ámbito internacional, no debe extrañar que: como un colofón de lo anterior, más encima el chileno se sienta superior al peruano y boliviano- naciones en las cuales, la presencia indígena es significativa en cantidad- actitud que no sólo es condenable per se, ya que no existe ningún fundamento racional acerca de la presunta superioridad de un pueblo sobre otro; sino que, además, entraba la posibilidad de un entendimiento e integración con dichos hermanos, con lo cuales tenemos un glorioso porvenir que edificar, en la medida en que podamos articular un proyecto de integración latinoamericano a carta cabal.
Chile, será grande cuando tenga la capacidad de generar una legislación real y efectiva que proteja a las etnias que moran en el país; la que, permita preservar su cultura, su lengua, sus tradiciones, sus valores, sus tierras de la voracidad de las trasnacionales del tipo que fueren. Por cierto, dejar de exhibir los objetos amados por el corazón, el alma y la sangre, solamente como trebejos que las ciencias sociales deben analizar; más bien, como parte y reflejo de un universo que la mentalidad occidental no logra comprender ni valorar en su justa integridad; por el contrario, fruto del quehacer del hombre en la tierra. A fortiori, surge como un imperativo el vaciar las cárceles de todos aquellos prisioneros políticos mapuches, cuyo único crimen fue alzar su mano para defender lo sagrado y santo para ellos: la tierra, y todo lo que conlleva.
De paso, ya que está tan de moda hablar de la transversalidad en educación, iniciar una cirugía mayor para extirpar para siempre del ser nacional, los grotescos estereotipos con lo cuales se ha cargado la espalda de los pueblos que contemplaron las alboradas y ocasos en este confín del mundo, mucho antes del arribo de los europeos. Explícitamente, me hago cargo de expresiones odiosas e infames, o prejuicios sin ninguna validez ni ningún asidero, y que tampoco resisten ningún análisis serio y consistente; o las execrables discriminaciones y marginaciones, que, inveteradamente, han padecido en carne propia quienes ostentan en su faz la huella de esta fuerza telúrica, hermosa y sobrecogedora cantada por tanto vates de estro universal como Pablo Neruda. Mas no se equivoquen: no por la poesía de un bardo merecen respeto, reconocimiento y valoración; lo merecen per se, por el hecho de ser moradores de estos lares, antes del desplegamiento del Espíritu invasor.
Y es que tengo plena conciencia de que han sido víctimas de crímenes execrables desde la llegada de las hordas invasoras, que llegaron a estas tierras con el único afán de violar sus entrañas; y extraer toda riqueza que pudieran encontrar, al precio de la esclavitud, la humillación, las lágrimas y la muerte de sus hijos. Pero, que ustedes resistieron al punto de tornarse como la erupción de un volcán; el fuego y la luz del cielo; la majestad del árbol que reina en las alturas de la montaña; la selva que es impenetrable para el pie enemigo, pero que acoge en su vereda hirsuta la pisada del heredero de su sangre verde; la destreza para volar por el azul infinito, sin caer en las celadas de la razón y el engaño de Occidente.
Así España, no pudo humillar a los soberbios e indomables príncipes de la tierra, que eran carne de su carne, alma de su alma, vida de su vida; que lograron sobreponerse una y otra vez a la brutales embestidas con que un Espíritu extraño pretendió aniquilar a los Espíritus que deambulaban en la selva, los canelos sagrados; viviendo al amor de sus ceremonias, tan sagradas y santas como la acción de comer el cuerpo de Cristo, y de beber su sangre; con las cuales se ponen en armonía con el todo- al cual pertenecemos, y al que un día volveremos-, sin la intención de domeñar o destruir todas las potencialidades que duermen en cada rincón de este jardín que es el universo.
Y que, con la derrota y expulsión del conquistador, y el advenimiento de la independencia y la libertad para Chile, comenzaron algunos de los tiempos más aciagos y dolorosos, que les haya tocado sufrir; a saber: el acto de irrumpir con un ejército en las profundidades de Arauco, para perpetrar la cruel y atroz violencia de declararlos, por decreto y contra su voluntad, parte integrante de la nación chilena; siendo la argucia para confirmar y dar rienda suelta, de nuevo, a la ley ineluctable que opera en la historia: que los pobres y humillados de este mundo, sean blancos, indígenas o negros- o de la laya que fueren-, siempre han de ser alimento para la voracidad infinita de los amos.
Y que afrontan el siglo veintiuno, cual lúgubre amanecer que presagia destrucción para todas las etnias que aspiran a defender y proteger las raíces que los atan a la gleba; preservar los cementerios donde duermen sus ancestros que moraban libérrimos en cada espacio, en cada rincón del horizonte. Es que para ustedes, es inconcebible permitir que el agua cubre sus tumbas, bajo el pretexto de generar energía para satisfacer las necesidades de una civilización que daña al hombre, y que provoca heridas en la madre naturaleza, que no sanan ni cicatrizan por la sencilla causa de que el bárbaro occidental penetra con las herramientas del progreso hasta el hueso de la vida, y se refocila en hundir sus apéndices tecnológicos en la carne viva.
¿Cuánto tiempo debe fluir hacia la eternidad, antes de que Chile abrace al mapuche como miembro de la familia humana, con derechos inalienables y sagrados en su individualidad; a la magnífica independencia del que estuvo antes de la irrupción de la bota, la espada y la cruz; del que viste con la autonomía de las aves, las flores, los frutos, para brotar y esparcirse por doquier; y cuya cultura ha ser mirada con el sobrecogimiento y la veneración con que se observa el arcano de la vida y sus renovación?.
Para despedirme alzo mi voz, como una oración, para clamar por la libertad de todo mapuche, que haya sido privado injustamente de la libertad: ¡Dios mío que estás en las alturas, vacía las cárceles de todos aquellos prisioneros políticos mapuches, cuyo único crimen fue alzar su mano para defender lo sagrado y santo para ellos: la tierra!.
Estamos viviendo un nuevo totalitarismo: el imperio incontestable de los mass media, que amalgama a la perfección la basura con la ignorancia y la estupidez. El fenómeno, es mucho más complejo de lo que lo insinuaré: tan sólo me limitaré a analizar un cariz.
Pensemos, para partir con un tema trivial- pero que a poco andar cobra una dimensión de cierta gravedad- en el prototipo de mujer que propone la televisión, para poder vender los productos que debe promocionar: no importa de qué se trate; pues siempre irá acompañado de una joven, esbelta y escultural, delgada más allá de lo conveniente, de piel clara, de ojos igualmente claros, no pocas veces de pelo rubio o de otros colores, y con ropa apenas suficiente para poder conservar “un mínimo de pudor”. Encima, la grotesca moda que se ha impuesto durante el último tiempo, en cuanto a que la belleza conlleva el anormal aumento de tamaño de las mamas, mediante los implantes de silicona. Entonces, ¿dónde queda la belleza genuina y auténtica de la mujer chilena, que no esconde en su rostro los rasgos indígenas y/o mestizos, ya que se siente orgullosa de ello; y, no tiene que, ridículamente, tornar blondo su cabello por arte de magia; lo cual, es otra señal innegable de como se empuja a nuestra juventud a despreciar su identidad?.
De ahí, necesariamente, derivamos en una repercusión que afecta a toda la comunidad, en cuanto a sus alcances e implicaciones. Antes, sin embargo, debo advertir, sin reboso, que las palabras que declaro a continuación, brotan del corazón, nacen a raudales del amor; por lo tanto, nada tienen que ver con la fría etnohistoria, ni con la rigurosa antropología, ni con ninguna ciencia social, que tome a los mapuches como si fueran objeto de análisis de laboratorio, susceptibles de un desmenuzamiento aséptico.
Así, no debe extrañar que: el mapuche sea objeto y víctima de discriminación; que quienes poseen un apellido originario, sientan que es un estigma; y que se utilicen epítetos durísimos, que denotan desprecio absoluto hacia las etnias que habitan nuestra tierra, para referirse a ellos, tales como “le dio la indiada”; ya que, cotidianamente, se envían mensajes subliminales- ¿o explícitos?-, respecto de que lo vernáculo, a lo sumo, ha de ser considerado como rareza o excentricidad; y que los rasgos y características “europeas”- ojalá se noten claramente- constituyen un pasaje al éxito. Si proyectamos y extrapolamos tal predicamento al ámbito internacional, no debe extrañar que: como un colofón de lo anterior, más encima el chileno se sienta superior al peruano y boliviano- naciones en las cuales, la presencia indígena es significativa en cantidad- actitud que no sólo es condenable per se, ya que no existe ningún fundamento racional acerca de la presunta superioridad de un pueblo sobre otro; sino que, además, entraba la posibilidad de un entendimiento e integración con dichos hermanos, con lo cuales tenemos un glorioso porvenir que edificar, en la medida en que podamos articular un proyecto de integración latinoamericano a carta cabal.
Chile, será grande cuando tenga la capacidad de generar una legislación real y efectiva que proteja a las etnias que moran en el país; la que, permita preservar su cultura, su lengua, sus tradiciones, sus valores, sus tierras de la voracidad de las trasnacionales del tipo que fueren. Por cierto, dejar de exhibir los objetos amados por el corazón, el alma y la sangre, solamente como trebejos que las ciencias sociales deben analizar; más bien, como parte y reflejo de un universo que la mentalidad occidental no logra comprender ni valorar en su justa integridad; por el contrario, fruto del quehacer del hombre en la tierra. A fortiori, surge como un imperativo el vaciar las cárceles de todos aquellos prisioneros políticos mapuches, cuyo único crimen fue alzar su mano para defender lo sagrado y santo para ellos: la tierra, y todo lo que conlleva.
De paso, ya que está tan de moda hablar de la transversalidad en educación, iniciar una cirugía mayor para extirpar para siempre del ser nacional, los grotescos estereotipos con lo cuales se ha cargado la espalda de los pueblos que contemplaron las alboradas y ocasos en este confín del mundo, mucho antes del arribo de los europeos. Explícitamente, me hago cargo de expresiones odiosas e infames, o prejuicios sin ninguna validez ni ningún asidero, y que tampoco resisten ningún análisis serio y consistente; o las execrables discriminaciones y marginaciones, que, inveteradamente, han padecido en carne propia quienes ostentan en su faz la huella de esta fuerza telúrica, hermosa y sobrecogedora cantada por tanto vates de estro universal como Pablo Neruda. Mas no se equivoquen: no por la poesía de un bardo merecen respeto, reconocimiento y valoración; lo merecen per se, por el hecho de ser moradores de estos lares, antes del desplegamiento del Espíritu invasor.
Y es que tengo plena conciencia de que han sido víctimas de crímenes execrables desde la llegada de las hordas invasoras, que llegaron a estas tierras con el único afán de violar sus entrañas; y extraer toda riqueza que pudieran encontrar, al precio de la esclavitud, la humillación, las lágrimas y la muerte de sus hijos. Pero, que ustedes resistieron al punto de tornarse como la erupción de un volcán; el fuego y la luz del cielo; la majestad del árbol que reina en las alturas de la montaña; la selva que es impenetrable para el pie enemigo, pero que acoge en su vereda hirsuta la pisada del heredero de su sangre verde; la destreza para volar por el azul infinito, sin caer en las celadas de la razón y el engaño de Occidente.
Así España, no pudo humillar a los soberbios e indomables príncipes de la tierra, que eran carne de su carne, alma de su alma, vida de su vida; que lograron sobreponerse una y otra vez a la brutales embestidas con que un Espíritu extraño pretendió aniquilar a los Espíritus que deambulaban en la selva, los canelos sagrados; viviendo al amor de sus ceremonias, tan sagradas y santas como la acción de comer el cuerpo de Cristo, y de beber su sangre; con las cuales se ponen en armonía con el todo- al cual pertenecemos, y al que un día volveremos-, sin la intención de domeñar o destruir todas las potencialidades que duermen en cada rincón de este jardín que es el universo.
Y que, con la derrota y expulsión del conquistador, y el advenimiento de la independencia y la libertad para Chile, comenzaron algunos de los tiempos más aciagos y dolorosos, que les haya tocado sufrir; a saber: el acto de irrumpir con un ejército en las profundidades de Arauco, para perpetrar la cruel y atroz violencia de declararlos, por decreto y contra su voluntad, parte integrante de la nación chilena; siendo la argucia para confirmar y dar rienda suelta, de nuevo, a la ley ineluctable que opera en la historia: que los pobres y humillados de este mundo, sean blancos, indígenas o negros- o de la laya que fueren-, siempre han de ser alimento para la voracidad infinita de los amos.
Y que afrontan el siglo veintiuno, cual lúgubre amanecer que presagia destrucción para todas las etnias que aspiran a defender y proteger las raíces que los atan a la gleba; preservar los cementerios donde duermen sus ancestros que moraban libérrimos en cada espacio, en cada rincón del horizonte. Es que para ustedes, es inconcebible permitir que el agua cubre sus tumbas, bajo el pretexto de generar energía para satisfacer las necesidades de una civilización que daña al hombre, y que provoca heridas en la madre naturaleza, que no sanan ni cicatrizan por la sencilla causa de que el bárbaro occidental penetra con las herramientas del progreso hasta el hueso de la vida, y se refocila en hundir sus apéndices tecnológicos en la carne viva.
¿Cuánto tiempo debe fluir hacia la eternidad, antes de que Chile abrace al mapuche como miembro de la familia humana, con derechos inalienables y sagrados en su individualidad; a la magnífica independencia del que estuvo antes de la irrupción de la bota, la espada y la cruz; del que viste con la autonomía de las aves, las flores, los frutos, para brotar y esparcirse por doquier; y cuya cultura ha ser mirada con el sobrecogimiento y la veneración con que se observa el arcano de la vida y sus renovación?.
Para despedirme alzo mi voz, como una oración, para clamar por la libertad de todo mapuche, que haya sido privado injustamente de la libertad: ¡Dios mío que estás en las alturas, vacía las cárceles de todos aquellos prisioneros políticos mapuches, cuyo único crimen fue alzar su mano para defender lo sagrado y santo para ellos: la tierra!.
domingo, 30 de noviembre de 2008
Escorzo de Ernesto Sábato. Quinta Parte.
En medio de la devastación cósmica desencadenada por la muerte de Matilde y de su amado hijo Jorgito,
el artista tiene la generosidad y bondad extremas de brotar de nuevo a la vida, a las puertas de la muerte,
para entregar un mensaje de cálida humanidad.
El dolor es inenarrable; la angustia, a penas permite estar en pie;
la desolación ha barrido con un ramalazo feroz:
todas las construcciones utópicas, edificadas a lo largo de la existencia.
Ya la lectura, la escritura, la pintura no son vías libres hacia la trascendencia;
el abatimiento y la pesadumbre hunden y aplastan al artista,
en el desfondamiento del espíritu.
Pero, ¿por qué se opera el portento del renacimiento desde las cenizas, que estaban esparcidas por los confines del desconcierto y la incertidumbre?.
La conciencia, el valor, el temple de saberse depositario y salvaguardia de lo humano per se;
de saber que los humildes, ha hecho un acto de fe
al confiar en el escritor la posibilidad de una mirada
que restituya los fueros de la dignidad del hombre,
constituyen el aliciente para retomar la empresa de
trasformar este mundo en un lugar mejor y más digno de vivirse; utopía que nos convoca a todos por igual.
En medio de la devastación cósmica desencadenada por la muerte de Matilde y de su amado hijo Jorgito,
el artista tiene la generosidad y bondad extremas de brotar de nuevo a la vida, a las puertas de la muerte,
para entregar un mensaje de cálida humanidad.
El dolor es inenarrable; la angustia, a penas permite estar en pie;
la desolación ha barrido con un ramalazo feroz:
todas las construcciones utópicas, edificadas a lo largo de la existencia.
Ya la lectura, la escritura, la pintura no son vías libres hacia la trascendencia;
el abatimiento y la pesadumbre hunden y aplastan al artista,
en el desfondamiento del espíritu.
Pero, ¿por qué se opera el portento del renacimiento desde las cenizas, que estaban esparcidas por los confines del desconcierto y la incertidumbre?.
La conciencia, el valor, el temple de saberse depositario y salvaguardia de lo humano per se;
de saber que los humildes, ha hecho un acto de fe
al confiar en el escritor la posibilidad de una mirada
que restituya los fueros de la dignidad del hombre,
constituyen el aliciente para retomar la empresa de
trasformar este mundo en un lugar mejor y más digno de vivirse; utopía que nos convoca a todos por igual.
Escorzos de Ernesto Sábato. Cuarta Parte
El niño que debe hurgar en los tarros de basura, para sobrevivir;
el niño de la calle, que es asesinado por los escuadrones de la muerte en Brasil;
el infante, que es secuestrado en alguna arrabal de sudamérica, para ser vendido a las sociedades desarrolladas,
donde se usarán sus órganos para dar vida a los ricos y poderosos;
el cesante crónico, que se enfrenta a la ignominia de que se le niegue la posibilidad del trabajo, o sea la dignidad;
el expatriado, que ha de devenir por el mundo para tratar de sobrevivir a duras penas, al encontrar la nueva patria que lo ha de acoger;
el rostro triste y desamparado del hijo de ese expatriado, que es una súplica a toda la humanidad;
el chiquillo que se acerca temeroso a la mesa del escritor, para compartir con él un dibujo donde refleja las ilusiones que jamás se verán concretadas;
la certeza de que el hambre podría ser borrada de la faz de la tierra, si hubiera misericordia en el corazón, de los amos y patrones de la civilización;
la convicción de que estamos sufriendo la peor crisis de la civilización occidental, con centro en la razón, el progreso, la divinización de la ciencia y la técnica, y
que sólo el renacimiento del genuino humanismo nos redimirá de la catástrofe final.
El niño que debe hurgar en los tarros de basura, para sobrevivir;
el niño de la calle, que es asesinado por los escuadrones de la muerte en Brasil;
el infante, que es secuestrado en alguna arrabal de sudamérica, para ser vendido a las sociedades desarrolladas,
donde se usarán sus órganos para dar vida a los ricos y poderosos;
el cesante crónico, que se enfrenta a la ignominia de que se le niegue la posibilidad del trabajo, o sea la dignidad;
el expatriado, que ha de devenir por el mundo para tratar de sobrevivir a duras penas, al encontrar la nueva patria que lo ha de acoger;
el rostro triste y desamparado del hijo de ese expatriado, que es una súplica a toda la humanidad;
el chiquillo que se acerca temeroso a la mesa del escritor, para compartir con él un dibujo donde refleja las ilusiones que jamás se verán concretadas;
la certeza de que el hambre podría ser borrada de la faz de la tierra, si hubiera misericordia en el corazón, de los amos y patrones de la civilización;
la convicción de que estamos sufriendo la peor crisis de la civilización occidental, con centro en la razón, el progreso, la divinización de la ciencia y la técnica, y
que sólo el renacimiento del genuino humanismo nos redimirá de la catástrofe final.
Escorzos de Ernesto Sábato. Primera Parte.
¡Existencia; existencia; existencia!:
algunas palabras brotan directas de los labios
del ídolo que nos habla de su dolor sin tiempo,
a través de las páginas de sus escritos;
algunas palabras, son como las Parcas
que desenredan la madeja de lo subyacente en ellas.
Existencia desprolija y caótica;
lectura de los libros que apasionan y que
ayudan a vivir.
Recordar sólo lo que valga la pena de ser recordado;
olvidar lo accesorio y subalterno;
recuperar las remembranzas como ruinas de antiguas civilizaciones, perdidas en medio de la selva.
Tristeza infinita, sin medida ni razón,
que no cabe en parámetros humanos;
presagio del hundimiento más radical
en la soledad y la nada.
La presencia de un padre,
que con su autoritarismo espartano,
imprime un sello de tristeza y melancolía
en el alma del escritor;
las huellas en el rostro de la madre,
mapa del territorio de aquel ser
sufriente, pero silencioso.
Un anciano sentado en un banco de una plaza de Buenos Aires, en el vientre de la monstruosa Babilonia, en que se ha convertido su ciudad;
un anciano, que medita sobre el tiempo ido para siempre, y que anhela un boleto de regreso,
que le permita retornar a la matria, que dejó hace tanto tiempo, que ya ni recuerda.
La ciudad moderna, amalgama de soledades irreductibles e irreconciliables, unas con otras;
un viejo, que mira hacia su pasado,
y recuerda con dolor y amargura
los silencios, las ausencias entre padre e hijo.
¡Existencia; existencia; existencia!:
algunas palabras brotan directas de los labios
del ídolo que nos habla de su dolor sin tiempo,
a través de las páginas de sus escritos;
algunas palabras, son como las Parcas
que desenredan la madeja de lo subyacente en ellas.
Existencia desprolija y caótica;
lectura de los libros que apasionan y que
ayudan a vivir.
Recordar sólo lo que valga la pena de ser recordado;
olvidar lo accesorio y subalterno;
recuperar las remembranzas como ruinas de antiguas civilizaciones, perdidas en medio de la selva.
Tristeza infinita, sin medida ni razón,
que no cabe en parámetros humanos;
presagio del hundimiento más radical
en la soledad y la nada.
La presencia de un padre,
que con su autoritarismo espartano,
imprime un sello de tristeza y melancolía
en el alma del escritor;
las huellas en el rostro de la madre,
mapa del territorio de aquel ser
sufriente, pero silencioso.
Un anciano sentado en un banco de una plaza de Buenos Aires, en el vientre de la monstruosa Babilonia, en que se ha convertido su ciudad;
un anciano, que medita sobre el tiempo ido para siempre, y que anhela un boleto de regreso,
que le permita retornar a la matria, que dejó hace tanto tiempo, que ya ni recuerda.
La ciudad moderna, amalgama de soledades irreductibles e irreconciliables, unas con otras;
un viejo, que mira hacia su pasado,
y recuerda con dolor y amargura
los silencios, las ausencias entre padre e hijo.
Escorzos de Ernesto Sábato. Tercera Parte
El desgarramiento primordial, que afecta el alma del artista, no se puede resolver con una concesión a los
falsos dioses de la ciencia y la tecnología.
El artista, experimenta espanto metafísico ante la posibilidad de radicalizar la evolución material de la humanidad; en circunstancias de que somos y seguimos siendo enanos en el plano del pensamiento, la meditación y la inteligencia de los arcanos de la existencia.
El artista observa, se alarma y sobrecoge ante el proceso de desacralización que ha sufrido el universo.
El "dios en la tierra", ha sido convertido en una pieza más dentro de la maquinaria del funcionamiento social, insignificante en su tamaño, su presencia dentro del todo, absolutamente reemplazable;
uno de los pocos absolutos, que han sobrevivido a la debacle en que el espíritu se ha hundido en la absurdidad,
una nao a la deriva por toda la eternidad.
El artista posee la lucidez, la honestidad, la independencia para no sumarse a los corifeos,
que cantan la gloria y esplendor de este nuevo Jehová, hecho de dólares, soledad, angustia, dolor, sufrimiento, discriminación, humillación, hollamiento de la dignidad del ser humano.
Aunque es una batalla que se libra para proteger lo más sagrado y santo que anida en el corazón del hombre,
y que el artista sabe que no tiene fuerzas ni vida para perpetuar esta lucha, apunta con su dedo la dirección, para que las nuevas generaciones no permitan que las banderas del espíritu queden en manos de aquellos que miden todo en función de la productividad y el rendimiento.
Ignoro si Ernesto Sábato ha fallecido;
si su cuerpo, ha sido devorado por el Hades:
sólo sé que cada contradicción o error de él,
por muy grave que fuese, y por mucho dolor que provocase en los seres amados entrañablemente,
alimentó a aquellos que buscamos el derrotero que nos acerque al plano donde comulgar en torno a la absoluto con el hombre,
sin la infamia y oprobio de utilizarlo para, luego, desecharlo en cualquier basurero, y conseguir un repuesto.
El desgarramiento primordial, que afecta el alma del artista, no se puede resolver con una concesión a los
falsos dioses de la ciencia y la tecnología.
El artista, experimenta espanto metafísico ante la posibilidad de radicalizar la evolución material de la humanidad; en circunstancias de que somos y seguimos siendo enanos en el plano del pensamiento, la meditación y la inteligencia de los arcanos de la existencia.
El artista observa, se alarma y sobrecoge ante el proceso de desacralización que ha sufrido el universo.
El "dios en la tierra", ha sido convertido en una pieza más dentro de la maquinaria del funcionamiento social, insignificante en su tamaño, su presencia dentro del todo, absolutamente reemplazable;
uno de los pocos absolutos, que han sobrevivido a la debacle en que el espíritu se ha hundido en la absurdidad,
una nao a la deriva por toda la eternidad.
El artista posee la lucidez, la honestidad, la independencia para no sumarse a los corifeos,
que cantan la gloria y esplendor de este nuevo Jehová, hecho de dólares, soledad, angustia, dolor, sufrimiento, discriminación, humillación, hollamiento de la dignidad del ser humano.
Aunque es una batalla que se libra para proteger lo más sagrado y santo que anida en el corazón del hombre,
y que el artista sabe que no tiene fuerzas ni vida para perpetuar esta lucha, apunta con su dedo la dirección, para que las nuevas generaciones no permitan que las banderas del espíritu queden en manos de aquellos que miden todo en función de la productividad y el rendimiento.
Ignoro si Ernesto Sábato ha fallecido;
si su cuerpo, ha sido devorado por el Hades:
sólo sé que cada contradicción o error de él,
por muy grave que fuese, y por mucho dolor que provocase en los seres amados entrañablemente,
alimentó a aquellos que buscamos el derrotero que nos acerque al plano donde comulgar en torno a la absoluto con el hombre,
sin la infamia y oprobio de utilizarlo para, luego, desecharlo en cualquier basurero, y conseguir un repuesto.
Escorzos de Ernesto Sábato. Segunda Parte.
El niño arrancado de la protección y seguridad del regazo materno;
el primer enfrentamiento con la cruda y brutal realidad, que barre con la inocencia y la pureza;
el aislamiento voluntario en la biblioteca y bajo la bóveda de la magna catedral de la física, para tratar de mitigar la angustia por existir;
la semilla de la hiperestesia, poco a poco comienza a brotar en un árbol gigantesco de compromiso social y humano, por el padecimiento del oprimido;
la evocación de la universidad, no como una fábrica de producir profesionales en serie, si no como la depositaria y salvaguardia del humanismo más acendrado;
el desprecio de la condición de revolucionario de salón, y la asunción de una toma de partido en la palestra de la historia, en la trinchera de los pobres,
los pisoteados, los injuriados por los poderosos;
la abrupta necesidad de tener que huir para salvar la vida, bajo la amenaza cierta de los paniaguados y esbirros de la dictadura;
el amor de Matilde, que ha de ser la fuerza más importante que mantenga al escritor en pie, en los peores y más atroces momentos, en que no valía ni un centavo, y en que si de él hubiera dependido: todo lo escrito, lo hubiera entregado al fuego;
los cantos de sirena del arte, que lo arrancan de cuajo de la perfección, claridad y luz del horizonte de las llamadas ciencias exactas, para precipitarlo en el mundo subterráneo donde habitan y proliferan las criaturas de la noche, el intramundo que es gobernado por la irracionalidad que se sublima en la escritura y la pintura, pero que a lo largo del siglo veinte encontró su máxima expresión de horror en los campos de exterminio y en el advenimiento de dictaduras que amenazaron con hacer tabla rasa del ser humano...
El escritor, a la hora del balance final- en el tiempo previo al hundimiento en la nada- es consciente de esta contradicción imposible de resolver; de cómo este potencial, que puede ser utilizado para el desplegamiento del arte, para poder columbrar un escorzo de lo absoluto, a la vez ha sido usado deliberadamente para destruir al hombre.
Sin embargo, cree haberse mantenido fiel a la libertad espiritual, de rehuir las coartadas para asesinar;
de rechazar las justificaciones absurdas, para pretender insertar la realidad, en un esquema preconcebido:
ha sido testigo insobornable y libérrimo de su tiempo,
y ha combatido en los frentes en que su conciencia y su corazón no han sentido repugnancia
El niño arrancado de la protección y seguridad del regazo materno;
el primer enfrentamiento con la cruda y brutal realidad, que barre con la inocencia y la pureza;
el aislamiento voluntario en la biblioteca y bajo la bóveda de la magna catedral de la física, para tratar de mitigar la angustia por existir;
la semilla de la hiperestesia, poco a poco comienza a brotar en un árbol gigantesco de compromiso social y humano, por el padecimiento del oprimido;
la evocación de la universidad, no como una fábrica de producir profesionales en serie, si no como la depositaria y salvaguardia del humanismo más acendrado;
el desprecio de la condición de revolucionario de salón, y la asunción de una toma de partido en la palestra de la historia, en la trinchera de los pobres,
los pisoteados, los injuriados por los poderosos;
la abrupta necesidad de tener que huir para salvar la vida, bajo la amenaza cierta de los paniaguados y esbirros de la dictadura;
el amor de Matilde, que ha de ser la fuerza más importante que mantenga al escritor en pie, en los peores y más atroces momentos, en que no valía ni un centavo, y en que si de él hubiera dependido: todo lo escrito, lo hubiera entregado al fuego;
los cantos de sirena del arte, que lo arrancan de cuajo de la perfección, claridad y luz del horizonte de las llamadas ciencias exactas, para precipitarlo en el mundo subterráneo donde habitan y proliferan las criaturas de la noche, el intramundo que es gobernado por la irracionalidad que se sublima en la escritura y la pintura, pero que a lo largo del siglo veinte encontró su máxima expresión de horror en los campos de exterminio y en el advenimiento de dictaduras que amenazaron con hacer tabla rasa del ser humano...
El escritor, a la hora del balance final- en el tiempo previo al hundimiento en la nada- es consciente de esta contradicción imposible de resolver; de cómo este potencial, que puede ser utilizado para el desplegamiento del arte, para poder columbrar un escorzo de lo absoluto, a la vez ha sido usado deliberadamente para destruir al hombre.
Sin embargo, cree haberse mantenido fiel a la libertad espiritual, de rehuir las coartadas para asesinar;
de rechazar las justificaciones absurdas, para pretender insertar la realidad, en un esquema preconcebido:
ha sido testigo insobornable y libérrimo de su tiempo,
y ha combatido en los frentes en que su conciencia y su corazón no han sentido repugnancia
Una reflexión en torno a Séneca.
Recomendar la lectura de Séneca, en la alborada del siglo 21, cuando el país está saturado con las noticias del transantiago, o cuando una marcha de exaltados nacionalistas peruanos amenazaba con llegar a la frontera, o cuando estremece el alma nacional la luctuosa ruptura de Dueñas-Olivari, constituye un gesto anacrónico; pues, en esta época, en general, a nadie le interesa, ni nadie lee, reflexiona y difunde el mensaje de los clásicos, griegos y romanos antiguos, que contribuyeron a levantar y consolidar los cimientos de nuestra civilización… ¿Qué interés e importancia puede tener para el ser nacional, o para el funcionamiento de la economía pensamientos plasmados hace siglos, y que tienen algo de eternos en el sentido de que pueden coadyuvar a esclarecer la condición humana?.
Hoy, lo que se lleva e interesa es asumir la globalización, sus mandatos y requerimientos, con la mayor cantidad de TLC, para asegurar la prosperidad económica; de forma de no dejar un resquicio por donde se pudiera colar la sombra de la duda, que llevara a poner en tela de juicio la totalidad, , y que el atontado y embrutecido ciudadano no cuestiona ni en sus sueños, ni siquiera en sus pesadillas; de hecho se me ocurre pensar que: A la sazón, nuestro país, se ha convertido en el reino de Jauja del neoliberalismo más desaforado, que ni siquiera en sus pronósticos más delirantes pudieron concebir los gurúes y corifeos de la ideología del fin de la historia.
Sin embargo, el motivo primordial es hacerse cargo de la viabilidad y carácter actual de las enseñanzas de este filósofo antiguo a la vida cotidiana que acontece en nuestras ciudades, para darse cuenta de las luces y sombras que se dan en nuestra tierra.
Desde el ángulo de aproximación a “De La Brevedad de la vida”- uno de sus diálogos más lúcidos, profundos y universales- quiero llevar a discurrir sobre: Cómo los que detentan el poder o gozan de alguna cuota- por muy pequeña que pueda ser- tejen y entretejen sus espurias prioridades, con las cuales rigen las nuestras; olvidando que el capital tiempo se acaba, a contra pelo de su ambiciosa y prometeica voluntad. Entonces: ¿Cuánto potentado o empresario, se consagra a acumular una fortuna, como si creyera con absoluta convicción que ése es el fin último de la vida, de forma que cuando se encuentra a sí mismo como el hombre más rico de Chile, y quizás uno de los más crasos del continente según el ranking forbes: sólo le cabe entregar su alma a la Muerte, que a nadie perdona, y que es inexorable?. Así, si uno lo medita bien, no existe diferencia entre: “la escoria humana”, que es posible encontrar botada en alguna sórdida calleja de nuestras urbes, y aquél que pretendió hacer las veces del rey Midas, que todo lo que tocaba lo convertía en oro, su agonía y prisión.
También:¿Cuánto político, empujado por la certeza de que hay que dedicarse a los cubileteos y conciliábulos, o sea al cahuín y al pelambre para obtener una tajada en la participación entre los cortesanos, al extremo de comportarse como una meretriz del espíritu, para que pueden ser convocados a contemplar como despierta “el rey sol”: de pronto, descubre que, por arte de alguna maquinación, ha sido arrojado a patadas de palacio; que se le ha privado de todos sus bienes, privilegios y granjerías; y que es tan perecedero como cualquier vagabundo abandonado al Fatum siniestro de su existencia, y que puede ser pábulo para los piojos y las garrapatas, que invaden el ser de quien, por propia voluntad, se ha prostituido; incluso, más allá de la desfachatez de algunos de pretender incrementar el número de paniaguados que viven a costa de las migajas que reparten los maestros de ceremonia!.
Para completar este cuadro, cabe hacer referencia a: ¿Aquél o aquélla, que goza de una tribuna, en cualquier canal de televisión, para dar rienda suelta a la cháchara más insulsa, estúpida, sin contenido, alienante, puede tener la mínima inteligencia para despertar a la claridad de que La Parca lo puede arrebatar; y que ninguna miseria y porquería, lo podrá mantener al margen de la legalidad del universo?. Por demás, se trata de un predicamento del cual tampoco pueden sustraerse los directores que montan este espectáculo con el que se pretende llevar al convencimiento de que es lo que la gente quiere ver; por lo cual, es lo que se le brinda: ¿Acaso, en algún instante, han meditado sobre la absoluta vaciedad e inutilidad de lo que entregan al pueblo de Chile; y del daño que le infligen a quienes no tienen otro horizonte que la televisión criolla, debido a que existen barreras sociales, económicas y culturales insalvables en nuestra sociedad democrática; y que cuando fenezcan, pasarán de la nada de la televisión a la nada primordial?. Si bien la mediocridad y miseria de la televisión chilena, no es la única causa, es posible afirmar que provoca un envenenamiento mental y espiritual; en verdad, de toda especie.
Por tanto, es lógico interrogarse acerca de la brevedad de la vida, de lo que la masa, léase el hombre mediocre, protesta frecuentemente: ¿ Es verdad que dura poco; o se la destina a afanes que alejan de la posibilidad de lograr el bien, la verdad, la bondad, la virtud como la concreción y el plasmamiento del anhelo más sublime que anida en el corazón humano?. ¿Cuántos se enfrentan al final, corroídos por la duda de haber vivido o no; o de haber desperdiciado el don de la vida?.
Recomendar la lectura de Séneca, en la alborada del siglo 21, cuando el país está saturado con las noticias del transantiago, o cuando una marcha de exaltados nacionalistas peruanos amenazaba con llegar a la frontera, o cuando estremece el alma nacional la luctuosa ruptura de Dueñas-Olivari, constituye un gesto anacrónico; pues, en esta época, en general, a nadie le interesa, ni nadie lee, reflexiona y difunde el mensaje de los clásicos, griegos y romanos antiguos, que contribuyeron a levantar y consolidar los cimientos de nuestra civilización… ¿Qué interés e importancia puede tener para el ser nacional, o para el funcionamiento de la economía pensamientos plasmados hace siglos, y que tienen algo de eternos en el sentido de que pueden coadyuvar a esclarecer la condición humana?.
Hoy, lo que se lleva e interesa es asumir la globalización, sus mandatos y requerimientos, con la mayor cantidad de TLC, para asegurar la prosperidad económica; de forma de no dejar un resquicio por donde se pudiera colar la sombra de la duda, que llevara a poner en tela de juicio la totalidad, , y que el atontado y embrutecido ciudadano no cuestiona ni en sus sueños, ni siquiera en sus pesadillas; de hecho se me ocurre pensar que: A la sazón, nuestro país, se ha convertido en el reino de Jauja del neoliberalismo más desaforado, que ni siquiera en sus pronósticos más delirantes pudieron concebir los gurúes y corifeos de la ideología del fin de la historia.
Sin embargo, el motivo primordial es hacerse cargo de la viabilidad y carácter actual de las enseñanzas de este filósofo antiguo a la vida cotidiana que acontece en nuestras ciudades, para darse cuenta de las luces y sombras que se dan en nuestra tierra.
Desde el ángulo de aproximación a “De La Brevedad de la vida”- uno de sus diálogos más lúcidos, profundos y universales- quiero llevar a discurrir sobre: Cómo los que detentan el poder o gozan de alguna cuota- por muy pequeña que pueda ser- tejen y entretejen sus espurias prioridades, con las cuales rigen las nuestras; olvidando que el capital tiempo se acaba, a contra pelo de su ambiciosa y prometeica voluntad. Entonces: ¿Cuánto potentado o empresario, se consagra a acumular una fortuna, como si creyera con absoluta convicción que ése es el fin último de la vida, de forma que cuando se encuentra a sí mismo como el hombre más rico de Chile, y quizás uno de los más crasos del continente según el ranking forbes: sólo le cabe entregar su alma a la Muerte, que a nadie perdona, y que es inexorable?. Así, si uno lo medita bien, no existe diferencia entre: “la escoria humana”, que es posible encontrar botada en alguna sórdida calleja de nuestras urbes, y aquél que pretendió hacer las veces del rey Midas, que todo lo que tocaba lo convertía en oro, su agonía y prisión.
También:¿Cuánto político, empujado por la certeza de que hay que dedicarse a los cubileteos y conciliábulos, o sea al cahuín y al pelambre para obtener una tajada en la participación entre los cortesanos, al extremo de comportarse como una meretriz del espíritu, para que pueden ser convocados a contemplar como despierta “el rey sol”: de pronto, descubre que, por arte de alguna maquinación, ha sido arrojado a patadas de palacio; que se le ha privado de todos sus bienes, privilegios y granjerías; y que es tan perecedero como cualquier vagabundo abandonado al Fatum siniestro de su existencia, y que puede ser pábulo para los piojos y las garrapatas, que invaden el ser de quien, por propia voluntad, se ha prostituido; incluso, más allá de la desfachatez de algunos de pretender incrementar el número de paniaguados que viven a costa de las migajas que reparten los maestros de ceremonia!.
Para completar este cuadro, cabe hacer referencia a: ¿Aquél o aquélla, que goza de una tribuna, en cualquier canal de televisión, para dar rienda suelta a la cháchara más insulsa, estúpida, sin contenido, alienante, puede tener la mínima inteligencia para despertar a la claridad de que La Parca lo puede arrebatar; y que ninguna miseria y porquería, lo podrá mantener al margen de la legalidad del universo?. Por demás, se trata de un predicamento del cual tampoco pueden sustraerse los directores que montan este espectáculo con el que se pretende llevar al convencimiento de que es lo que la gente quiere ver; por lo cual, es lo que se le brinda: ¿Acaso, en algún instante, han meditado sobre la absoluta vaciedad e inutilidad de lo que entregan al pueblo de Chile; y del daño que le infligen a quienes no tienen otro horizonte que la televisión criolla, debido a que existen barreras sociales, económicas y culturales insalvables en nuestra sociedad democrática; y que cuando fenezcan, pasarán de la nada de la televisión a la nada primordial?. Si bien la mediocridad y miseria de la televisión chilena, no es la única causa, es posible afirmar que provoca un envenenamiento mental y espiritual; en verdad, de toda especie.
Por tanto, es lógico interrogarse acerca de la brevedad de la vida, de lo que la masa, léase el hombre mediocre, protesta frecuentemente: ¿ Es verdad que dura poco; o se la destina a afanes que alejan de la posibilidad de lograr el bien, la verdad, la bondad, la virtud como la concreción y el plasmamiento del anhelo más sublime que anida en el corazón humano?. ¿Cuántos se enfrentan al final, corroídos por la duda de haber vivido o no; o de haber desperdiciado el don de la vida?.
Meditación sobre la película “The
Truman Show” o Como Occidente se ha trasformado en un reality show.
Se trata de denunciar que los medios de comunicación de masa, se han trasformado en una telaraña mundial, que abarca el globo entero; nuestra vida, nuestra personalidad; programando nuestros gustos, preferencias, aficiones, pasiones; que nos ordena cómo pensar, sentir y actuar, jugando con y manipulando nuestras emociones; violentando la conciencia en los estratos más sagrados, que antes estaban reservados a Dios, o lo Absoluto, o el Ser; pero que ahora pertenece al ídolo con pies de barro, llamado globalización; y que anulan toda la riqueza individual, tanto en lo ontológico como en lo metafísico, que anida como potencialidad, a la espera de trasformarse en acto.
Mi intención, es establecer respecto de los mass media: su omnipresencia, o sea presencia en todas partes; su omnipotencia, o sea que todo lo pueden; y su omnisciencia, o sea que todo lo saben; lo que atenta contra la posibilidad de llegar a ser plena e integralmente humano, y que está en disonancia con la genuina LIBERTAD.
¿Acaso posee independencia y autonomía un sujeto, a quien se le ha inoculado que la felicidad se compra al precio de un artefacto cualesquiera; o que el placer va de la mano con imágenes que nos trasladan a un mundo paradisíaco, con bellezas artificiales que son el anzuelo para atrapar a los clientes?. De lo anterior se colige que: se barre todo rastro de vida inteligente; y se convierte en un gran cementerio, del cual no puede volver a brotar ningún gesto de rebeldía. Ni hablar que se debe aceptar la apariencia que se presenta como realidad, a fuer de reality show; ya por la buena, en el sentido de “voluntariamente” asumir las coordenadas impuestas; o ser sometido a un proceso, que tienda a estigmatizar como incapaz de adaptarse a la sociedad actual, con todas las consecuencias adversas que de ello dimana. Tanto así, que hasta el lenguaje ha perdido el filo cortante, de crítica filosófica negativa, que tuviera en pensadores como Marcuse, Fromm, Adorno. Aunque existen iconoclastas como Savater, con gran energía y entusiasmo, para abocarse a zapar el espejismo.
En este universo del reality show, cerrado como totalidad, nadie puede optar por la disidencia tajante y categórica; ni tiene, mucho menos, la franquía para abandonar la ficción, con que se pretende recrear la vida humana. Así, nadie puede subvertir ni poner en duda, lo que el sentido común afirma y da por incuestionable, salvo que sea un marginal o un enfermo mental; aunque, por desgracia, la película aporta una solución políticamente correcta, ya que el personaje abandona el estudio prisión, a modo de escenario que reproducía el mundo real, pero que en el fondo no era más que “un espectáculo real”.
Entonces, cabe plantear que Occidente se ha convertido en un “Show de Truman”; en que la profecía de un ojo que todo lo ilumina y todo lo abarca y encierra, se ha cumplido a rajatabla, es decir con todo rigor y de forma absoluta; de suerte que se han aniquilado los espacios destinados a la intimidad y la espiritualidad, donde el hombre estaba de rodillas ante Dios, o su fuero interno; y que ahora es un campo de concentración, de la dictadura de los mass media, que programa y produce en serie desde nuestras conductas hasta las modas. ¡ En cierto modo, si no tomamos las medidas adecuadas, y no reaccionamos oportunamente, nos enfrentaremos a la utopía invertida, que anhelan los panegiristas y deudores de este nuevo totalitarismo: el eclipse definitivo del hombre.
Por demás, parece iluso aseverar que: el arte, puede ser un vehículo de reconciliación, en cuanto a que resuelva las polaridades que permanecen desgarradas e irreconciliables, el espíritu aherrojado por fuerzas sociopolíticas y por el peso de la inercia histórica, y la potencialidad de restablecer la armonía, dando cabida a la emancipación y dignificación del hombre, a partir del reconocimiento de su estatuto en sí y por sí: que no es un objeto, ni una cosa, ni un medio, que no se ha de tratar como un producto o como una mercadería, susceptible de transarse según las reglas del mercado, o de exponerse en un escaparate; tampoco como un receptáculo pasivo, que sólo tiene que ser atiborrado con toda clase de “novedad” que se emite como artificios, trampas para atrapar y mantener aherrojada la razón, o al menos emborrachada de- repito- novedades; sino, por el contrario, un fin en sí mismo y un microcosmos en el sentido de Scheler. Encima, la tiranía en cuestión, ha prostituido y pervertido el contenido de alta cultura, con consecuencias nefastas; por ejemplo: cierta marca de tallarines, utiliza “El Nacimiento De La Venus Desnuda,”, para promocionar su mercadería.
Pero el desierto, tiene quizás una senda de escape, de este totalitarismo: cultivar el intelecto, para dar mayor poder de destrucción al análisis; confrontar y rechazar, mensajes unívocos y unidireccionales, que proceden de emisores que seleccionan porciones de información, funcional al control sobre la mente, para dar la imagen de que el constructo que han elaborado como imagen de mundo, es el principio y fin de la realidad; el diálogo socrático, que desmantela la doxa u opinión o, lo que es aun peor, la vacía, huera y banal opinología de la televisión, los diarios, la radio, que es igual a decir nada-¡ perdóneme Vicente Huidobro!-;la denuncia de las medias verdades o de las mentiras detectadas; exigir fuentes de formación plurales e independientes del poder; salir a la palestra a razonar y dialogar con los corifeos que cantan a los cuatro vientos el fin de la historia, y endiosan la tecnología como si ésta fuera a acabar, por arte de magia, con la miserias y el sufrimiento humanos; y oponerse a la charada a que se nos pretende arrastrar: ser comparsas de una obra, en la cual somos actores secundarios y extras, con un libreto que no hemos escrito, y con una dirección que no es democrática, y que trabaja contra toda libertad mental y espiritual.
Aunque parafraseando a Bobbio, la caverna permanece densa en su obscuridad, propugno el retorno a nuestras raíces culturales, para recuperar vitalidad, grandeza, belleza, bondad, profundidad y trascendencia. En esta línea de argumentación, me declaro deudor de Enrique Rojas: procurar una mirada de redescubrimiento sobre la antigüedad greco latina y la tradición judeo cristiana, así como también las tradiciones orientales, para configurar una perspectiva sobre el hombre, y poder recuperarlo en su integridad; y no permitir que el siglo veintiuno, sea el de la opresión de la ideología más ideológica que se pueda concebir: la que afirma el fin y la muerte de las otras cosmovisiones, para apoderarse del botín de los perdedores; y que el deimon, que impulsó Sócrates en el derrotero del sacrificio por amor y fidelidad a la verdad- en su caso el reconocimiento miliar de la ignorancia- sea remplazado por la prisión del pensamiento, por el archipiélago GULAG del espíritu, por el de Auschwitz de la mente, por el avasallamiento y aniquilación de todo gesto de resistencia.
Como palabras finales, dejo la abierta la puerta a la imaginación y la esperanza, para concebir una alborada, para regresar al placer de un poesía de Neruda; un libro de Sábato o Borges; una música docta como las “Variaciones Goldberg” de Bach; una película iluminadora como “La Quimera del Oro”, del inmortal Chaplin; sobre todo una conversación con los seres amados, y un contacto y comunión con nuestros semejantes, que recuperen el sentido de nuestra dignidad: la soberanía que nos permite practicar la auto cognición, en palabras de Ernst Cassirer; es decir, tener con-ciencia de nuestro ser y nuestra propia existencia. Y la esperanza de que todos los esfuerzos consagrados al respecto, valen la pena con creces; que se justifica disponer de todo nuestro tiempo para tal fin último; de que más allá de la amargura y el desconcierto que, a veces, señorean en el corazón si un sola semilla germina, la cosecha habrá dado frutos: no tolerar más la des-humanización, la inexorable expansión del desierto.
El adiós, corre a cargo de Ernesto Sábato, humanista acérrimo e infatigable testigo de lo Absoluto: “Hay días en que me levanto con una esperanza demencial; momentos en los que siento que las posibilidades de una vida mas humana, están al alcance de nuestras manos. Este es uno de esos días. Creo que todos tenemos esos días. Nos despertamos con ganas de cambiar al mundo, plenamente convencidos de que la humanidad puede mejorar” .
Truman Show” o Como Occidente se ha trasformado en un reality show.
Se trata de denunciar que los medios de comunicación de masa, se han trasformado en una telaraña mundial, que abarca el globo entero; nuestra vida, nuestra personalidad; programando nuestros gustos, preferencias, aficiones, pasiones; que nos ordena cómo pensar, sentir y actuar, jugando con y manipulando nuestras emociones; violentando la conciencia en los estratos más sagrados, que antes estaban reservados a Dios, o lo Absoluto, o el Ser; pero que ahora pertenece al ídolo con pies de barro, llamado globalización; y que anulan toda la riqueza individual, tanto en lo ontológico como en lo metafísico, que anida como potencialidad, a la espera de trasformarse en acto.
Mi intención, es establecer respecto de los mass media: su omnipresencia, o sea presencia en todas partes; su omnipotencia, o sea que todo lo pueden; y su omnisciencia, o sea que todo lo saben; lo que atenta contra la posibilidad de llegar a ser plena e integralmente humano, y que está en disonancia con la genuina LIBERTAD.
¿Acaso posee independencia y autonomía un sujeto, a quien se le ha inoculado que la felicidad se compra al precio de un artefacto cualesquiera; o que el placer va de la mano con imágenes que nos trasladan a un mundo paradisíaco, con bellezas artificiales que son el anzuelo para atrapar a los clientes?. De lo anterior se colige que: se barre todo rastro de vida inteligente; y se convierte en un gran cementerio, del cual no puede volver a brotar ningún gesto de rebeldía. Ni hablar que se debe aceptar la apariencia que se presenta como realidad, a fuer de reality show; ya por la buena, en el sentido de “voluntariamente” asumir las coordenadas impuestas; o ser sometido a un proceso, que tienda a estigmatizar como incapaz de adaptarse a la sociedad actual, con todas las consecuencias adversas que de ello dimana. Tanto así, que hasta el lenguaje ha perdido el filo cortante, de crítica filosófica negativa, que tuviera en pensadores como Marcuse, Fromm, Adorno. Aunque existen iconoclastas como Savater, con gran energía y entusiasmo, para abocarse a zapar el espejismo.
En este universo del reality show, cerrado como totalidad, nadie puede optar por la disidencia tajante y categórica; ni tiene, mucho menos, la franquía para abandonar la ficción, con que se pretende recrear la vida humana. Así, nadie puede subvertir ni poner en duda, lo que el sentido común afirma y da por incuestionable, salvo que sea un marginal o un enfermo mental; aunque, por desgracia, la película aporta una solución políticamente correcta, ya que el personaje abandona el estudio prisión, a modo de escenario que reproducía el mundo real, pero que en el fondo no era más que “un espectáculo real”.
Entonces, cabe plantear que Occidente se ha convertido en un “Show de Truman”; en que la profecía de un ojo que todo lo ilumina y todo lo abarca y encierra, se ha cumplido a rajatabla, es decir con todo rigor y de forma absoluta; de suerte que se han aniquilado los espacios destinados a la intimidad y la espiritualidad, donde el hombre estaba de rodillas ante Dios, o su fuero interno; y que ahora es un campo de concentración, de la dictadura de los mass media, que programa y produce en serie desde nuestras conductas hasta las modas. ¡ En cierto modo, si no tomamos las medidas adecuadas, y no reaccionamos oportunamente, nos enfrentaremos a la utopía invertida, que anhelan los panegiristas y deudores de este nuevo totalitarismo: el eclipse definitivo del hombre.
Por demás, parece iluso aseverar que: el arte, puede ser un vehículo de reconciliación, en cuanto a que resuelva las polaridades que permanecen desgarradas e irreconciliables, el espíritu aherrojado por fuerzas sociopolíticas y por el peso de la inercia histórica, y la potencialidad de restablecer la armonía, dando cabida a la emancipación y dignificación del hombre, a partir del reconocimiento de su estatuto en sí y por sí: que no es un objeto, ni una cosa, ni un medio, que no se ha de tratar como un producto o como una mercadería, susceptible de transarse según las reglas del mercado, o de exponerse en un escaparate; tampoco como un receptáculo pasivo, que sólo tiene que ser atiborrado con toda clase de “novedad” que se emite como artificios, trampas para atrapar y mantener aherrojada la razón, o al menos emborrachada de- repito- novedades; sino, por el contrario, un fin en sí mismo y un microcosmos en el sentido de Scheler. Encima, la tiranía en cuestión, ha prostituido y pervertido el contenido de alta cultura, con consecuencias nefastas; por ejemplo: cierta marca de tallarines, utiliza “El Nacimiento De La Venus Desnuda,”, para promocionar su mercadería.
Pero el desierto, tiene quizás una senda de escape, de este totalitarismo: cultivar el intelecto, para dar mayor poder de destrucción al análisis; confrontar y rechazar, mensajes unívocos y unidireccionales, que proceden de emisores que seleccionan porciones de información, funcional al control sobre la mente, para dar la imagen de que el constructo que han elaborado como imagen de mundo, es el principio y fin de la realidad; el diálogo socrático, que desmantela la doxa u opinión o, lo que es aun peor, la vacía, huera y banal opinología de la televisión, los diarios, la radio, que es igual a decir nada-¡ perdóneme Vicente Huidobro!-;la denuncia de las medias verdades o de las mentiras detectadas; exigir fuentes de formación plurales e independientes del poder; salir a la palestra a razonar y dialogar con los corifeos que cantan a los cuatro vientos el fin de la historia, y endiosan la tecnología como si ésta fuera a acabar, por arte de magia, con la miserias y el sufrimiento humanos; y oponerse a la charada a que se nos pretende arrastrar: ser comparsas de una obra, en la cual somos actores secundarios y extras, con un libreto que no hemos escrito, y con una dirección que no es democrática, y que trabaja contra toda libertad mental y espiritual.
Aunque parafraseando a Bobbio, la caverna permanece densa en su obscuridad, propugno el retorno a nuestras raíces culturales, para recuperar vitalidad, grandeza, belleza, bondad, profundidad y trascendencia. En esta línea de argumentación, me declaro deudor de Enrique Rojas: procurar una mirada de redescubrimiento sobre la antigüedad greco latina y la tradición judeo cristiana, así como también las tradiciones orientales, para configurar una perspectiva sobre el hombre, y poder recuperarlo en su integridad; y no permitir que el siglo veintiuno, sea el de la opresión de la ideología más ideológica que se pueda concebir: la que afirma el fin y la muerte de las otras cosmovisiones, para apoderarse del botín de los perdedores; y que el deimon, que impulsó Sócrates en el derrotero del sacrificio por amor y fidelidad a la verdad- en su caso el reconocimiento miliar de la ignorancia- sea remplazado por la prisión del pensamiento, por el archipiélago GULAG del espíritu, por el de Auschwitz de la mente, por el avasallamiento y aniquilación de todo gesto de resistencia.
Como palabras finales, dejo la abierta la puerta a la imaginación y la esperanza, para concebir una alborada, para regresar al placer de un poesía de Neruda; un libro de Sábato o Borges; una música docta como las “Variaciones Goldberg” de Bach; una película iluminadora como “La Quimera del Oro”, del inmortal Chaplin; sobre todo una conversación con los seres amados, y un contacto y comunión con nuestros semejantes, que recuperen el sentido de nuestra dignidad: la soberanía que nos permite practicar la auto cognición, en palabras de Ernst Cassirer; es decir, tener con-ciencia de nuestro ser y nuestra propia existencia. Y la esperanza de que todos los esfuerzos consagrados al respecto, valen la pena con creces; que se justifica disponer de todo nuestro tiempo para tal fin último; de que más allá de la amargura y el desconcierto que, a veces, señorean en el corazón si un sola semilla germina, la cosecha habrá dado frutos: no tolerar más la des-humanización, la inexorable expansión del desierto.
El adiós, corre a cargo de Ernesto Sábato, humanista acérrimo e infatigable testigo de lo Absoluto: “Hay días en que me levanto con una esperanza demencial; momentos en los que siento que las posibilidades de una vida mas humana, están al alcance de nuestras manos. Este es uno de esos días. Creo que todos tenemos esos días. Nos despertamos con ganas de cambiar al mundo, plenamente convencidos de que la humanidad puede mejorar” .
sábado, 29 de noviembre de 2008
Meditaciones contra la opresión de la clase política.
La lectura del libro notable, “Panfleto desde el Planeta de los Simios” de Manuel Vásquez Montalbán, me ha inspirado ciertas reflexiones, que tiene por objetivo remover las conciencias del ciudadano, que está anquilosado y observa como los menos hacen la historia por él o ella, y les obligan a permanecer en la trastienda de la misma; mientras otros son los que se apropian del poder y lo controlan, amén de la riqueza, la fortuna, la gloria, el reconocimiento; y, como no tienen ni un pelo de lesos, elaboran un discurso destinado a justificar el establecimiento de cierto orden y sistema, que nadie tiene derecho a poner en tela de juicio, so peligro de ser tildado como resentido, o nostálgico del comunismo o algo por el estilo: en el caso de Chile, es el híbrido, amancebamiento y amalgama resultante de la comunión entre la derecha y la concertación, durante todos estos años de “democracia”; más bien diría yo, espectro, sombra o fantasma; y que ahora ha encontrado su más irrisoria y grotesca expresión en el bacheletismo aliancista.
Así, tenemos una clase política que se ha convertido en una verdadera casta cerrada; la que tiene por norte la posesión y preservación de todos los privilegios habidos y por haber, que ha conquistado hasta ahora-¿quién sabe cuántos más acumularán en el futuro?-;que, de forma efectiva, cuenta con el apoyo de una maquinaria inmensa, para crear la ilusión de la democracia participativa, en cuanto a convocar al ciudadano a emitir su sufragio, pero sin ninguna restricción ni cortapisa una vez que ha asumido el mandato, en el sentido de rendir cuentas al electorado directamente, “no cada cuatro años”, suficiente tiempo para volver a engañar y manipular la conciencias, con todas las técnicas que proporcionan la asesoría de imágenes; sino, por el contrario, cotidianamente,-cabe, por cierto, preguntarse:¿qué diputado o senador, ha sido obligado a renunciar a su trabajo, como consecuencia de haber demostrado falta de compromiso y de responsabilidad en el cumplimiento de sus deberes de cara a quienes lo votaron?-; que se cierra sobre sí de una manera férrea, de suerte que resulta sobremanera difícil permearla o penetrarla, pues sólo unos pocos favorecidos pueden disfrutar de las garantías y prerrogativas de pertenecer a dicha cofradía; que está adquiriendo ribetes de aristocracia, en cuanto a que se ha dado el caso de que el cargo o el puesto tanto es ora “propiedad o mejor derecho de” o “heredable”, ya que fulano tiene, aparentemente, la prerrogativa por pertenecer al partido de mayor incidencia; y, en algunos casos, se suma el agravante de ser descendiente de quien ostentara el cargo o la investidura en el pasado- hemos conocido el caso de presidentes, que han sido hijos de primeros mandatarios; lo cual, eso sí, data prácticamente de los orígenes de la república, y que ostenta un sello oligárquico, que ha tendido a mantenerse en el tiempo-; aunque ello parece ser una característica propia de los grupos que se enseñorean en una sociedad, y construyen todo un imaginario destinado a dar la impresión de que las cosas “han sido así, deben ser así, y seguirán siendo así”; y, más encima tienen algo de mafia, en cuanto a que funcionan con “códigos de honor”,las órdenes partidarias, los temas reservados, que a la larga constituye un círculo de acero que nadie puede sobrepasar, si desea permanecer como cortesano sentado a la mesa del príncipe.
Si bien reconozco que mi análisis es parcial; y que de algún modo el aparato del Estado debe funcionar; a la vez, afirmo que: dadas las condiciones sociales, económicas, culturales, políticas que imperan en nuestra sociedad, nuestra democracia no califica en las ligas mayores.
Arturo Jaque Rojas
La lectura del libro notable, “Panfleto desde el Planeta de los Simios” de Manuel Vásquez Montalbán, me ha inspirado ciertas reflexiones, que tiene por objetivo remover las conciencias del ciudadano, que está anquilosado y observa como los menos hacen la historia por él o ella, y les obligan a permanecer en la trastienda de la misma; mientras otros son los que se apropian del poder y lo controlan, amén de la riqueza, la fortuna, la gloria, el reconocimiento; y, como no tienen ni un pelo de lesos, elaboran un discurso destinado a justificar el establecimiento de cierto orden y sistema, que nadie tiene derecho a poner en tela de juicio, so peligro de ser tildado como resentido, o nostálgico del comunismo o algo por el estilo: en el caso de Chile, es el híbrido, amancebamiento y amalgama resultante de la comunión entre la derecha y la concertación, durante todos estos años de “democracia”; más bien diría yo, espectro, sombra o fantasma; y que ahora ha encontrado su más irrisoria y grotesca expresión en el bacheletismo aliancista.
Así, tenemos una clase política que se ha convertido en una verdadera casta cerrada; la que tiene por norte la posesión y preservación de todos los privilegios habidos y por haber, que ha conquistado hasta ahora-¿quién sabe cuántos más acumularán en el futuro?-;que, de forma efectiva, cuenta con el apoyo de una maquinaria inmensa, para crear la ilusión de la democracia participativa, en cuanto a convocar al ciudadano a emitir su sufragio, pero sin ninguna restricción ni cortapisa una vez que ha asumido el mandato, en el sentido de rendir cuentas al electorado directamente, “no cada cuatro años”, suficiente tiempo para volver a engañar y manipular la conciencias, con todas las técnicas que proporcionan la asesoría de imágenes; sino, por el contrario, cotidianamente,-cabe, por cierto, preguntarse:¿qué diputado o senador, ha sido obligado a renunciar a su trabajo, como consecuencia de haber demostrado falta de compromiso y de responsabilidad en el cumplimiento de sus deberes de cara a quienes lo votaron?-; que se cierra sobre sí de una manera férrea, de suerte que resulta sobremanera difícil permearla o penetrarla, pues sólo unos pocos favorecidos pueden disfrutar de las garantías y prerrogativas de pertenecer a dicha cofradía; que está adquiriendo ribetes de aristocracia, en cuanto a que se ha dado el caso de que el cargo o el puesto tanto es ora “propiedad o mejor derecho de” o “heredable”, ya que fulano tiene, aparentemente, la prerrogativa por pertenecer al partido de mayor incidencia; y, en algunos casos, se suma el agravante de ser descendiente de quien ostentara el cargo o la investidura en el pasado- hemos conocido el caso de presidentes, que han sido hijos de primeros mandatarios; lo cual, eso sí, data prácticamente de los orígenes de la república, y que ostenta un sello oligárquico, que ha tendido a mantenerse en el tiempo-; aunque ello parece ser una característica propia de los grupos que se enseñorean en una sociedad, y construyen todo un imaginario destinado a dar la impresión de que las cosas “han sido así, deben ser así, y seguirán siendo así”; y, más encima tienen algo de mafia, en cuanto a que funcionan con “códigos de honor”,las órdenes partidarias, los temas reservados, que a la larga constituye un círculo de acero que nadie puede sobrepasar, si desea permanecer como cortesano sentado a la mesa del príncipe.
Si bien reconozco que mi análisis es parcial; y que de algún modo el aparato del Estado debe funcionar; a la vez, afirmo que: dadas las condiciones sociales, económicas, culturales, políticas que imperan en nuestra sociedad, nuestra democracia no califica en las ligas mayores.
Arturo Jaque Rojas
El horrendo rostro de la globalización
El horrendo rostro de la globalización.
La globalización, no es nada nuevo en la conversación cotidiana de hoy; aunque la mayoría de la gente no tiene idea de que se trata. Por demás, el común de los mortales, sólo experimentamos los efectos de la misma, en carne propia-¿sufrimos?-, de suerte de creer que parece un orden dado de una vez y para siempre, de manera incontestable.
Con mayor razón, hay base para pensar que: ciertamente, aquellas personas, de débil o nulo desarrollo de la conciencia crítica e insuficiencia o falta del pensamiento y análisis que rechazan la totalidad impuesta como realidad, no tienen ninguna posibilidad de intentar en tela de juicio lo que ésta es, o lo efectos más negativos y deshumanizadores de la misma.
Pues bien, deseo compartir algunos extractos de un libro de reciente lectura llamado “Esclavos Modernos”, de David Dusster (Editorial Tendencias), un libro que me provocó lágrimas, para que cada quien extraiga sus propias conclusiones:
“Ya era mayor de edad, pero seguía considerándose una esclava sexual. Cayó en la prostitución a los trece años” (Pág 17).
“¿Qué evaluación merecerá en los siglos venideros la tan controvertida globalización? ¿Nos encontramos ante un proceso de expansión universal sin precedentes de la democracia, y los derechos civiles y sociales o, por el contrario, asistimos a una fase de dominación más disimulada e indirecta pero igualmente eficaz por parte de las potencias económicas mundiales?”.(Pág 25)
“Los grilletes contemporáneos suelen ser virtuales, como corresponde a la nueva economía GLOBAL, aunque convenientemente engrasados por la violencia física, la amenaza, la confiscación de pasaportes...” (Pág 29).
“El paro, la pobreza, el estancamiento y la presión demográfica empujan a la emigración, pero ésta se retroalimenta de la oferta de empleos poco cualificados y mal pagados, características de las ciudades…La ciudades crean oportunidades en el sector servicio y de ocio, y quienes las aprovechan precisan de una legión de camareros, mensajeros, secretarias, sirvientes domésticos y otros empleados”….
Por consiguiente, a parte del hecho lógico de recomendar un libro valiosísimo, que aporta un montón de elementos de juicio, para reflexionar sobre lo que impera a la sazón, tengo la osadía de definir que: se trata de un engendro entre Escila y Caribdis, que tiene aprisionada a la humanidad y que: los humillados y ofendidos del mundo: la sufren y padecen a diario; a saber: explotación brutal, en países como Marruecos, China, Guatemala, India, Pakistán; violencia y trata de blancas en Europa; niños y niñas, obligados a trabajar por sueldos misérrimos y en condiciones inhumanas, o víctimas del abuso sexual como modalidad de turismo; mujeres y hombres, del “tercer mundo o el sur”, obligados a faenar en la confección de ropa íntima que usan en los países desarrollados, o equipos necesarios para los ordenadores, o ropa o zapatillas deportivas o balones de fútbol; el comercio sexual, convertido en uno de los negocios más lucrativos en el mundo entero, en desmedro de las mujeres oprimidas de Filipinas, Rumania, Sudamérica, y de tantas otras latitudes.
…Si esta es la globalización, prefiero quedarme en mi aldea, y no ser universal…
La globalización, no es nada nuevo en la conversación cotidiana de hoy; aunque la mayoría de la gente no tiene idea de que se trata. Por demás, el común de los mortales, sólo experimentamos los efectos de la misma, en carne propia-¿sufrimos?-, de suerte de creer que parece un orden dado de una vez y para siempre, de manera incontestable.
Con mayor razón, hay base para pensar que: ciertamente, aquellas personas, de débil o nulo desarrollo de la conciencia crítica e insuficiencia o falta del pensamiento y análisis que rechazan la totalidad impuesta como realidad, no tienen ninguna posibilidad de intentar en tela de juicio lo que ésta es, o lo efectos más negativos y deshumanizadores de la misma.
Pues bien, deseo compartir algunos extractos de un libro de reciente lectura llamado “Esclavos Modernos”, de David Dusster (Editorial Tendencias), un libro que me provocó lágrimas, para que cada quien extraiga sus propias conclusiones:
“Ya era mayor de edad, pero seguía considerándose una esclava sexual. Cayó en la prostitución a los trece años” (Pág 17).
“¿Qué evaluación merecerá en los siglos venideros la tan controvertida globalización? ¿Nos encontramos ante un proceso de expansión universal sin precedentes de la democracia, y los derechos civiles y sociales o, por el contrario, asistimos a una fase de dominación más disimulada e indirecta pero igualmente eficaz por parte de las potencias económicas mundiales?”.(Pág 25)
“Los grilletes contemporáneos suelen ser virtuales, como corresponde a la nueva economía GLOBAL, aunque convenientemente engrasados por la violencia física, la amenaza, la confiscación de pasaportes...” (Pág 29).
“El paro, la pobreza, el estancamiento y la presión demográfica empujan a la emigración, pero ésta se retroalimenta de la oferta de empleos poco cualificados y mal pagados, características de las ciudades…La ciudades crean oportunidades en el sector servicio y de ocio, y quienes las aprovechan precisan de una legión de camareros, mensajeros, secretarias, sirvientes domésticos y otros empleados”….
Por consiguiente, a parte del hecho lógico de recomendar un libro valiosísimo, que aporta un montón de elementos de juicio, para reflexionar sobre lo que impera a la sazón, tengo la osadía de definir que: se trata de un engendro entre Escila y Caribdis, que tiene aprisionada a la humanidad y que: los humillados y ofendidos del mundo: la sufren y padecen a diario; a saber: explotación brutal, en países como Marruecos, China, Guatemala, India, Pakistán; violencia y trata de blancas en Europa; niños y niñas, obligados a trabajar por sueldos misérrimos y en condiciones inhumanas, o víctimas del abuso sexual como modalidad de turismo; mujeres y hombres, del “tercer mundo o el sur”, obligados a faenar en la confección de ropa íntima que usan en los países desarrollados, o equipos necesarios para los ordenadores, o ropa o zapatillas deportivas o balones de fútbol; el comercio sexual, convertido en uno de los negocios más lucrativos en el mundo entero, en desmedro de las mujeres oprimidas de Filipinas, Rumania, Sudamérica, y de tantas otras latitudes.
…Si esta es la globalización, prefiero quedarme en mi aldea, y no ser universal…
Reflexiones a partir de tres clásicos de la filosofía.
Me complace reflexionar, en sintonía con maestros antiguos del espíritu, la libertad, la sabiduría y el amor por el conocimiento y la verdad; y, sobre todo, amigos en la dimensión más noble y superior que encierra dicha palabra. Aunque, en sentido estricto, es más importante desarrollar las propias ideas y un pensamiento enriquecido- quizás- con esta tradición milenaria, pero cabeza de sí mismo; además de dejar claramente establecido que: tampoco se trata de rendir pleitesía a los clásicos, sino de tomarlos como un referente para meditar sobre el ser humano, y todo lo que implica y conlleva.
Según Sócrates, de acuerdo con el retrato que esboza Platón del mismo, resulta altamente conveniente el dudar del monopolio del saber; de hecho, quienes se aferran a una idea determinada; y no dan su mano a torcer: es seguro que están defendiendo sus prejuicios, a pesar de que se les ha demostrado que, al menos, hay asidero para poner en tela de juicio su tesis; menos aun, es factible esperar la apertura y amplitud, para comenzar a caminar en la dirección debida, hacia el alumbramiento, descubrimiento o develamiento de la verdad, en una dimensión universal.
A mayor abundamiento, cabe recordar el destino aciago de este hombre, que sólo siguió el acicate de su “daimon”, en el sentido de atender la voz de la conciencia que le empujaba a interrogar a los conciudadanos; y, especialmente a los poderosos de su época, no con el fin de probar la ignorancia de ellos; sino de comprobar si era cierto aquello de que él: era el más sabio de su tiempo, a fuer de un mandato de la divinidad, a través del oráculo de Delfos. Sin embargo, se granjeó el odio rabioso de cuanto político, artesano y poeta de su ciudad interrogó, con resultado de tener que- aunque heroica y noblemente- beber la cicuta, como consecuencia de una conspiración para acallar la filosofía… Aparte del hecho de que toda semejanza con la realidad actual, es mera coincidencia, me pregunto: ¿Qué diantres ocurriría si este “tábano” apareciera entre quienes rigen y tutelan nuestra existencia: nuestra elite política, tecnócrata, empresarial?... Sólo basta meditar que: cuando ha salido a la palestra un contradictor tenaz aunque inocente, aquellas personas, que no tienen nada que salvaguardar salvo su amor propio herido, son capaces de defender con contumacia su punto de vista; a fortiori, quienes ostentan una cierta majestad, probablemente, pensarán en exterminar al insecto que ha osado perturbar su mayestática ignorancia.
Otro auténtico pensador, cuya enseñanza dimana del pasado, y que sirve para iluminar y comprender mejor los recovecos de Dinamarca, de tanta corrupción, fetidez, descaro, violencia y abuso de todo tipo, es Epicuro.
¿Cuántos de quienes se encuentran entronizados, pueden sostener que: efectivamente, sí tienen amistades de verdad, amigos que los aceptan, los acogen y los aman como son- no por lo que son, ya diputado, ya senador, ya empresario, ya figura de la farándula-;y que les entregan todo el respeto, toda la aceptación, toda la valoración que, de otra forma, no podrían hallar, como dones que les serían, sistemáticamente, negados?.
Y, ¿cuántos, a su vez, de los mortales- y ahora incluyo, también a los simples- pueden decir que han reflexionado, a partir de la libertad,-aquí se produce y opera una dialéctica- para darse cuenta de que los terrores que los- nos- invaden y dominan acerca de la muerte, la enfermedad, el dolor, por nombrar tres de los fantasmas más tremebundos: son sólo imágenes que nuestro cerebro ha maquinado, para hacernos una trastada?. Claro está que para ello es preciso: no estar todo el día sometido a un ciego afán, ora un negocio donde vaya interesada la conquista de poder, o ora una empresa que consuma nuestra energía, ora la rutina que esclaviza y embrutece; y que nos arrebata de nosotros mismos, y nos impide tener un momento que puede ser el comienzo de un nuevo amanecer. Luego, es recomendable distanciarse de todo aquello que pueda privarnos de cultivo de la amistad, la libertad y la reflexión.
Pues bien, ¿qué piensan de estos modestos conceptos, quienes, dotados de un pragmatismo y ambición desmesuradas, han caído en la espiral de los deseos que no son necesarios y tampoco naturales, y que no tienen las herramientas como para poner coto a semejante desmesura; y que han trasformado sus vidas en una vorágine de actividades, de Lunes a Domingo, durante los 365 días del año?. Huelga decir que: como colofón de lo anterior, si sólo por un momento se tomara en serio el cúmulo de enseñanzas de Epicuro, la publicidad tendría sus días contados; ya que no podría pasar gato por liebre, en el sentido de que: no nos impelería, por ejemplo, a comprar un “todo terreno”, en circunstancia de que lo que anhelamos es la tríada que conduce a la felicidad.
El último maestro, al que deseo interrogar, y con quien anhelo dialogar, es Séneca; un pensador que tuvo la fatalidad de ser mentor de Nerón, y por cuya orden inexorable debió quitarse la vida; aunque ejerciendo la libertad propia de quienes no se humillan ni se arrastran ante los sátrapas que hacen ostentación de su imperio. Por ello, cabe formularse, sin ambages ni tapujos, la interrogante primordial: ¿Acaso la sabiduría, la reflexión y el ejercicio de la filosofía se compadecen con el rostro crudo y brutal del poder?; y, la respuesta emana con la claridad de un nuevo día que se despliega en lontananza.
Así, todos los seres humanos, debiéramos tener siempre presente que: cuando ganamos la calle, para iniciar una nueva jornada, nada ni nadie nos garantiza el retorno al hogar, al pabellón donde cicatrizamos las heridas infligidas por el día a día. Es que la Fortuna condiciona nuestro devenir, ya que nos puede arrancar de este universo en cualquier momento, sin nuestro permiso ni visto bueno para acometer el viaje final. Por ende, debiéramos tener la lucidez suficiente, para no dar nada por sentado, ni por seguro, ni por definitivo; menos, en virtud de la fragilidad de los castillos en el aire, de las pompas de jabón con que el hacedor de prodigios y ardides, pretende olvidar u ocultar la presencia y el gobierno de la finitud de la materia.
Por cierto, también es posible meditar sobre la riqueza: Si ha sido adquirida con medios virtuosos, puede ser una señal de distinción, grandeza y excelencia; aunque, obviadamente, no es ni puede ser la medida del verdadero valor humano, ni agotar su esencia y trascendencia; incluso, ni siquiera es condición básica para la felicidad- si así fuere sólo los millonarios gozarían de vidas o instantes felices, y el resto de la humanidad, estaría condenada a penar y a padecer por el planeta; lo que, evidentemente, no ocurre: no, por lo menos, respecto de que todos los pobres son infelices-.Pero lo más significativo es- a mi juicio-: estar preparados para perder los bienes materiales, con la misma naturalidad con que se asume algún avatar que acontece en una jornada; no ser presa de la angustia más desaforada, ni de la rabia más irracional, ni de la impotencia más acerba, ni de la frustración más estéril, por su giro, ya que es veleidosa en cuanto tal; de suerte que lo que ha sucedido, cabe dentro de su legalidad y su lógica: del absurdo, del azar, del accidente, de lo impensado e impensable, de lo imponderable; del descalabro que irrumpe, aparentemente de la nada, para hacer papilla todas las certezas que habíamos forjado en aras de otorgar continuidad y sentido a nuestra existencia.
¿Acaso un simple mortal puede extraer conclusiones que alumbren el derrotero de los demás hombres, sobre todo si se tiene in mente la portentosa tarea llevada a cabo por los predecesores? : Ciertamente, no. Sin embargo, queda como impronta la necesidad de atender la voz de la conciencia; de aplicar y respetar las leyes de la razón y la lógica; de aprender a aquilatar la amistad, la libertad y la reflexión; y, por supuesto, no humillar la cerviz ante la imparcial Fortuna.
Me complace reflexionar, en sintonía con maestros antiguos del espíritu, la libertad, la sabiduría y el amor por el conocimiento y la verdad; y, sobre todo, amigos en la dimensión más noble y superior que encierra dicha palabra. Aunque, en sentido estricto, es más importante desarrollar las propias ideas y un pensamiento enriquecido- quizás- con esta tradición milenaria, pero cabeza de sí mismo; además de dejar claramente establecido que: tampoco se trata de rendir pleitesía a los clásicos, sino de tomarlos como un referente para meditar sobre el ser humano, y todo lo que implica y conlleva.
Según Sócrates, de acuerdo con el retrato que esboza Platón del mismo, resulta altamente conveniente el dudar del monopolio del saber; de hecho, quienes se aferran a una idea determinada; y no dan su mano a torcer: es seguro que están defendiendo sus prejuicios, a pesar de que se les ha demostrado que, al menos, hay asidero para poner en tela de juicio su tesis; menos aun, es factible esperar la apertura y amplitud, para comenzar a caminar en la dirección debida, hacia el alumbramiento, descubrimiento o develamiento de la verdad, en una dimensión universal.
A mayor abundamiento, cabe recordar el destino aciago de este hombre, que sólo siguió el acicate de su “daimon”, en el sentido de atender la voz de la conciencia que le empujaba a interrogar a los conciudadanos; y, especialmente a los poderosos de su época, no con el fin de probar la ignorancia de ellos; sino de comprobar si era cierto aquello de que él: era el más sabio de su tiempo, a fuer de un mandato de la divinidad, a través del oráculo de Delfos. Sin embargo, se granjeó el odio rabioso de cuanto político, artesano y poeta de su ciudad interrogó, con resultado de tener que- aunque heroica y noblemente- beber la cicuta, como consecuencia de una conspiración para acallar la filosofía… Aparte del hecho de que toda semejanza con la realidad actual, es mera coincidencia, me pregunto: ¿Qué diantres ocurriría si este “tábano” apareciera entre quienes rigen y tutelan nuestra existencia: nuestra elite política, tecnócrata, empresarial?... Sólo basta meditar que: cuando ha salido a la palestra un contradictor tenaz aunque inocente, aquellas personas, que no tienen nada que salvaguardar salvo su amor propio herido, son capaces de defender con contumacia su punto de vista; a fortiori, quienes ostentan una cierta majestad, probablemente, pensarán en exterminar al insecto que ha osado perturbar su mayestática ignorancia.
Otro auténtico pensador, cuya enseñanza dimana del pasado, y que sirve para iluminar y comprender mejor los recovecos de Dinamarca, de tanta corrupción, fetidez, descaro, violencia y abuso de todo tipo, es Epicuro.
¿Cuántos de quienes se encuentran entronizados, pueden sostener que: efectivamente, sí tienen amistades de verdad, amigos que los aceptan, los acogen y los aman como son- no por lo que son, ya diputado, ya senador, ya empresario, ya figura de la farándula-;y que les entregan todo el respeto, toda la aceptación, toda la valoración que, de otra forma, no podrían hallar, como dones que les serían, sistemáticamente, negados?.
Y, ¿cuántos, a su vez, de los mortales- y ahora incluyo, también a los simples- pueden decir que han reflexionado, a partir de la libertad,-aquí se produce y opera una dialéctica- para darse cuenta de que los terrores que los- nos- invaden y dominan acerca de la muerte, la enfermedad, el dolor, por nombrar tres de los fantasmas más tremebundos: son sólo imágenes que nuestro cerebro ha maquinado, para hacernos una trastada?. Claro está que para ello es preciso: no estar todo el día sometido a un ciego afán, ora un negocio donde vaya interesada la conquista de poder, o ora una empresa que consuma nuestra energía, ora la rutina que esclaviza y embrutece; y que nos arrebata de nosotros mismos, y nos impide tener un momento que puede ser el comienzo de un nuevo amanecer. Luego, es recomendable distanciarse de todo aquello que pueda privarnos de cultivo de la amistad, la libertad y la reflexión.
Pues bien, ¿qué piensan de estos modestos conceptos, quienes, dotados de un pragmatismo y ambición desmesuradas, han caído en la espiral de los deseos que no son necesarios y tampoco naturales, y que no tienen las herramientas como para poner coto a semejante desmesura; y que han trasformado sus vidas en una vorágine de actividades, de Lunes a Domingo, durante los 365 días del año?. Huelga decir que: como colofón de lo anterior, si sólo por un momento se tomara en serio el cúmulo de enseñanzas de Epicuro, la publicidad tendría sus días contados; ya que no podría pasar gato por liebre, en el sentido de que: no nos impelería, por ejemplo, a comprar un “todo terreno”, en circunstancia de que lo que anhelamos es la tríada que conduce a la felicidad.
El último maestro, al que deseo interrogar, y con quien anhelo dialogar, es Séneca; un pensador que tuvo la fatalidad de ser mentor de Nerón, y por cuya orden inexorable debió quitarse la vida; aunque ejerciendo la libertad propia de quienes no se humillan ni se arrastran ante los sátrapas que hacen ostentación de su imperio. Por ello, cabe formularse, sin ambages ni tapujos, la interrogante primordial: ¿Acaso la sabiduría, la reflexión y el ejercicio de la filosofía se compadecen con el rostro crudo y brutal del poder?; y, la respuesta emana con la claridad de un nuevo día que se despliega en lontananza.
Así, todos los seres humanos, debiéramos tener siempre presente que: cuando ganamos la calle, para iniciar una nueva jornada, nada ni nadie nos garantiza el retorno al hogar, al pabellón donde cicatrizamos las heridas infligidas por el día a día. Es que la Fortuna condiciona nuestro devenir, ya que nos puede arrancar de este universo en cualquier momento, sin nuestro permiso ni visto bueno para acometer el viaje final. Por ende, debiéramos tener la lucidez suficiente, para no dar nada por sentado, ni por seguro, ni por definitivo; menos, en virtud de la fragilidad de los castillos en el aire, de las pompas de jabón con que el hacedor de prodigios y ardides, pretende olvidar u ocultar la presencia y el gobierno de la finitud de la materia.
Por cierto, también es posible meditar sobre la riqueza: Si ha sido adquirida con medios virtuosos, puede ser una señal de distinción, grandeza y excelencia; aunque, obviadamente, no es ni puede ser la medida del verdadero valor humano, ni agotar su esencia y trascendencia; incluso, ni siquiera es condición básica para la felicidad- si así fuere sólo los millonarios gozarían de vidas o instantes felices, y el resto de la humanidad, estaría condenada a penar y a padecer por el planeta; lo que, evidentemente, no ocurre: no, por lo menos, respecto de que todos los pobres son infelices-.Pero lo más significativo es- a mi juicio-: estar preparados para perder los bienes materiales, con la misma naturalidad con que se asume algún avatar que acontece en una jornada; no ser presa de la angustia más desaforada, ni de la rabia más irracional, ni de la impotencia más acerba, ni de la frustración más estéril, por su giro, ya que es veleidosa en cuanto tal; de suerte que lo que ha sucedido, cabe dentro de su legalidad y su lógica: del absurdo, del azar, del accidente, de lo impensado e impensable, de lo imponderable; del descalabro que irrumpe, aparentemente de la nada, para hacer papilla todas las certezas que habíamos forjado en aras de otorgar continuidad y sentido a nuestra existencia.
¿Acaso un simple mortal puede extraer conclusiones que alumbren el derrotero de los demás hombres, sobre todo si se tiene in mente la portentosa tarea llevada a cabo por los predecesores? : Ciertamente, no. Sin embargo, queda como impronta la necesidad de atender la voz de la conciencia; de aplicar y respetar las leyes de la razón y la lógica; de aprender a aquilatar la amistad, la libertad y la reflexión; y, por supuesto, no humillar la cerviz ante la imparcial Fortuna.
Señor Director:
Después de las últimas elecciones, me enfrento al imperativo de, ética y moralmente, alzar mi voz para proclamar algunas verdades, que el grueso de la población no puede, no quiere o no alcanza a visualizar, por falta de conciencia social; aunque mi postura no tiene nada que ver con el mesianismo ni una visión superada por la historia, o de una supuesta revolución trasnochada:
Primero, que la democracia es una; y que debe funcionar con independencia de nuestros gustos y preferencias personales, en materia de candidatos; de suerte que si gana o pierde nuestro adalid: ello, jamás será razón suficiente para dudar o cuestionar este gran invento y legado de los griegos, que es el único sistema político compatible con la dignidad humana. Por ende, la victoria es justa, legítima y lícita.
Segundo, que, no obstante lo anterior, si uno mira más profundamente; lee entre líneas la realidad, al menos debe reaccionar con perplejidad ante lo siguiente: la derrota del alcalde en ejercicio, es más fruto de fuerzas escindidas de la Concertación, que obraron como “el perro del hortelano”; y que, en una paradoja del destino, contribuyeron a que se sufriera este revés. Cabe refrescar la memoria al señor de Chile Primero, respecto de que si él perdió la alcaldía de Rancagua en su momento, fue por la trastada que le hizo Claudio Sule, conducta que reprodujo impelido por sus ambiciones y apetitos de poder. Y que, a la luz de lo anterior, no es tanto lo que deben ufanarse los vencedores; por el contrario, están capitalizando los intereses derivados de la bancarrota de una modalidad de hacer política, que es imprescindible modificar, si se quiere evitar el desastre en la próxima presidencial.
Tercero, que, indubitablemente, la Concertación, ha permitido que la Udi, desarrolle una trabajo de hormiga para conquistar los territorios que antes eran o fueron bastiones de resistencia a la dictadura, bajo la premisa de que las ideologías ha muerto, y que hoy se vota por las personas, y que es necesario resolver los problemas reales de la gente, planteamiento tan inmoral como perverso; ya que detrás de las tácticas populistas y demagógicas, subyace la entronización del neoliberalismo, la misma ideología que el dictador impuso a sangre y fuego en el país; y que ahora está maquillada con afeites de TLC, y otras cremas “globalizantes”: De suyo, en forma directa y sencilla, hay que hacer ver a cada ciudadano de este país, que los mismos que sostienen que no importan las ideologías, o que éstas no tienen relación con “parar la olla”, si llegan a ser gobierno: caerán en un frenesí de privatizaciones; de forma que corremos el riesgo de que, incluso se llegue a perder Codelco. Entonces, tienen que conocer la conducta de senadores y diputados, alcaldes y concejales respecto de ciertas leyes que favorecen a la clase trabajadora, a los pueblos indígenas, la protección de nuestros recursos naturales, a la mujer, al mejoramiento integral de la educación y la salud públicas: ¿qué han hecho quienes dicen no tener ideologías, en beneficio del pueblo?; ¿ apoyan, favorecen o entorpecen, o sencillamente bloquean y congelan tales leyes?; de forma que el ciudadano medio, tome conciencia de la conexión entre la ideología y la realidad.
Cuarto, que el quehacer político se ha visto pervertido por el uso y abuso de los mecanismos de la asesoría de imágenes, y del blanqueamiento o prueba de blancura, en cuanto a que: hoy día se vota no por las personas; sino, por el contrario, por fantasmagorías que la publicidad y otros procedimientos de manipulación y condicionamiento, han creado como producto, y ofrecen en el mercado para el consumo pasivo y masivo. En verdad, ¿cuántas mujeres, cuántos hombres sufragaron informados plena y cabalmente del proyecto del candidato; de su plan de trabajo; de sus principios y valores; de su trayectoria en defensa de la democracia, la libertad y los derechos humanos; y sobre todo y ante todo, de cómo han trabajado en beneficio de la persona concreta, que reside en esta comunidad; más dentro del contexto de un país que demanda mayor justicia social, y democracia concreta y tangible, no sólo formal?. En ese sentido, la Concertación, debe retomar el vigor y la fuerza del humus de la cotidianeidad; y reencontrase con el hombre y la mujer comunes y corrientes, quienes fuimos los que dimos un giro a la historia cuando rechazamos la perpetuidad de quien dijera en su momento que: “encontrar dos cadáveres en una tumba, era un gran economía”; y para que la juventud del siglo 21 pueda darse cuenta de que toda acción u omisión; toda decisión que se tome de carácter político, a ciencia y conciencia o a fardo cerrado: tiene alcances, implicaciones, consecuencias y repercusiones en su propia existencia, en su vida, en la factibilidad de soñar y aspirar a la cristalización de su proyecto; y, por añadidura, poder plasmar una plena inserción en América Latina en el concierto mundial; de que, hogaño, la libertad, la democracia y la dignidad de los pueblos, no se conquista con un fusil ni con una revolución, pero que tampoco se debe abdicar del fuero interno ante la omnipotencia del mercado: “pensar” lo que me manda pensar quienes controlan “este gran reality”, que es en nuestro sociedad, y occidente, es caer dentro de las lógica de la servidumbre más abominable.
Por último, si desean mi voto estoy presto a brindarlo siempre y cuando- parafraseando un escrito anterior- garanticen un mínimo de justicia social, que es la piedra angular para acometer la construcción y materialización de una sociedad más humana: velar por sueldos justos y dignos para los trabajadores y las trabajadoras; crear instancias que permitan la participación en política directa, activa y protagónica de los ciudadanos y ciudadanas; y preocuparse de las condiciones del trabajo, en orden a que: la integridad de la persona humana, se desarrolle en el cumplimiento consciente y responsable del mismo, en un marco de referencia de democracia progresiva y dinámica en su perfeccionamiento.
Después de las últimas elecciones, me enfrento al imperativo de, ética y moralmente, alzar mi voz para proclamar algunas verdades, que el grueso de la población no puede, no quiere o no alcanza a visualizar, por falta de conciencia social; aunque mi postura no tiene nada que ver con el mesianismo ni una visión superada por la historia, o de una supuesta revolución trasnochada:
Primero, que la democracia es una; y que debe funcionar con independencia de nuestros gustos y preferencias personales, en materia de candidatos; de suerte que si gana o pierde nuestro adalid: ello, jamás será razón suficiente para dudar o cuestionar este gran invento y legado de los griegos, que es el único sistema político compatible con la dignidad humana. Por ende, la victoria es justa, legítima y lícita.
Segundo, que, no obstante lo anterior, si uno mira más profundamente; lee entre líneas la realidad, al menos debe reaccionar con perplejidad ante lo siguiente: la derrota del alcalde en ejercicio, es más fruto de fuerzas escindidas de la Concertación, que obraron como “el perro del hortelano”; y que, en una paradoja del destino, contribuyeron a que se sufriera este revés. Cabe refrescar la memoria al señor de Chile Primero, respecto de que si él perdió la alcaldía de Rancagua en su momento, fue por la trastada que le hizo Claudio Sule, conducta que reprodujo impelido por sus ambiciones y apetitos de poder. Y que, a la luz de lo anterior, no es tanto lo que deben ufanarse los vencedores; por el contrario, están capitalizando los intereses derivados de la bancarrota de una modalidad de hacer política, que es imprescindible modificar, si se quiere evitar el desastre en la próxima presidencial.
Tercero, que, indubitablemente, la Concertación, ha permitido que la Udi, desarrolle una trabajo de hormiga para conquistar los territorios que antes eran o fueron bastiones de resistencia a la dictadura, bajo la premisa de que las ideologías ha muerto, y que hoy se vota por las personas, y que es necesario resolver los problemas reales de la gente, planteamiento tan inmoral como perverso; ya que detrás de las tácticas populistas y demagógicas, subyace la entronización del neoliberalismo, la misma ideología que el dictador impuso a sangre y fuego en el país; y que ahora está maquillada con afeites de TLC, y otras cremas “globalizantes”: De suyo, en forma directa y sencilla, hay que hacer ver a cada ciudadano de este país, que los mismos que sostienen que no importan las ideologías, o que éstas no tienen relación con “parar la olla”, si llegan a ser gobierno: caerán en un frenesí de privatizaciones; de forma que corremos el riesgo de que, incluso se llegue a perder Codelco. Entonces, tienen que conocer la conducta de senadores y diputados, alcaldes y concejales respecto de ciertas leyes que favorecen a la clase trabajadora, a los pueblos indígenas, la protección de nuestros recursos naturales, a la mujer, al mejoramiento integral de la educación y la salud públicas: ¿qué han hecho quienes dicen no tener ideologías, en beneficio del pueblo?; ¿ apoyan, favorecen o entorpecen, o sencillamente bloquean y congelan tales leyes?; de forma que el ciudadano medio, tome conciencia de la conexión entre la ideología y la realidad.
Cuarto, que el quehacer político se ha visto pervertido por el uso y abuso de los mecanismos de la asesoría de imágenes, y del blanqueamiento o prueba de blancura, en cuanto a que: hoy día se vota no por las personas; sino, por el contrario, por fantasmagorías que la publicidad y otros procedimientos de manipulación y condicionamiento, han creado como producto, y ofrecen en el mercado para el consumo pasivo y masivo. En verdad, ¿cuántas mujeres, cuántos hombres sufragaron informados plena y cabalmente del proyecto del candidato; de su plan de trabajo; de sus principios y valores; de su trayectoria en defensa de la democracia, la libertad y los derechos humanos; y sobre todo y ante todo, de cómo han trabajado en beneficio de la persona concreta, que reside en esta comunidad; más dentro del contexto de un país que demanda mayor justicia social, y democracia concreta y tangible, no sólo formal?. En ese sentido, la Concertación, debe retomar el vigor y la fuerza del humus de la cotidianeidad; y reencontrase con el hombre y la mujer comunes y corrientes, quienes fuimos los que dimos un giro a la historia cuando rechazamos la perpetuidad de quien dijera en su momento que: “encontrar dos cadáveres en una tumba, era un gran economía”; y para que la juventud del siglo 21 pueda darse cuenta de que toda acción u omisión; toda decisión que se tome de carácter político, a ciencia y conciencia o a fardo cerrado: tiene alcances, implicaciones, consecuencias y repercusiones en su propia existencia, en su vida, en la factibilidad de soñar y aspirar a la cristalización de su proyecto; y, por añadidura, poder plasmar una plena inserción en América Latina en el concierto mundial; de que, hogaño, la libertad, la democracia y la dignidad de los pueblos, no se conquista con un fusil ni con una revolución, pero que tampoco se debe abdicar del fuero interno ante la omnipotencia del mercado: “pensar” lo que me manda pensar quienes controlan “este gran reality”, que es en nuestro sociedad, y occidente, es caer dentro de las lógica de la servidumbre más abominable.
Por último, si desean mi voto estoy presto a brindarlo siempre y cuando- parafraseando un escrito anterior- garanticen un mínimo de justicia social, que es la piedra angular para acometer la construcción y materialización de una sociedad más humana: velar por sueldos justos y dignos para los trabajadores y las trabajadoras; crear instancias que permitan la participación en política directa, activa y protagónica de los ciudadanos y ciudadanas; y preocuparse de las condiciones del trabajo, en orden a que: la integridad de la persona humana, se desarrolle en el cumplimiento consciente y responsable del mismo, en un marco de referencia de democracia progresiva y dinámica en su perfeccionamiento.
Destello de Ernesto Sábato
Meditación.
El sol reina en la cúspide del templo;
pero la luz mortecina, se filtra y derrama por los resquicios del espacio,
a través de las paredes minerales.
El continuo se desintegra en miríadas de destellos, imágenes, dolores, memorias.
La corrosión agrieta y raja los fundamentos;
los pilares tiemblan con el pulso del cosmos.
El inexorable río del tiempo arrastra y ahoga a Jeremías.
La marejada del silencio hacia la soledad y hacia la nada.
Los esbirros de Sauron, torturan al hombre en las tinieblas de la ignorancia y el sufrimiento;
y encadenan las esperanzas y las utopías en fétidas mazmorras.
Pero el atalaya no renuncia a la causa de los pobres, los hambrientos, los tristes, los vagabundos,
perdidos en la noche.
Sus ojos de fuego e infinito buscan lo Absoluto en la miseria y la basura.
El sol reina en la cúspide del templo;
pero la luz mortecina, se filtra y derrama por los resquicios del espacio,
a través de las paredes minerales.
El continuo se desintegra en miríadas de destellos, imágenes, dolores, memorias.
La corrosión agrieta y raja los fundamentos;
los pilares tiemblan con el pulso del cosmos.
El inexorable río del tiempo arrastra y ahoga a Jeremías.
La marejada del silencio hacia la soledad y hacia la nada.
Los esbirros de Sauron, torturan al hombre en las tinieblas de la ignorancia y el sufrimiento;
y encadenan las esperanzas y las utopías en fétidas mazmorras.
Pero el atalaya no renuncia a la causa de los pobres, los hambrientos, los tristes, los vagabundos,
perdidos en la noche.
Sus ojos de fuego e infinito buscan lo Absoluto en la miseria y la basura.
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