Señor Director:
Después de las últimas elecciones, me enfrento al imperativo de, ética y moralmente, alzar mi voz para proclamar algunas verdades, que el grueso de la población no puede, no quiere o no alcanza a visualizar, por falta de conciencia social; aunque mi postura no tiene nada que ver con el mesianismo ni una visión superada por la historia, o de una supuesta revolución trasnochada:
Primero, que la democracia es una; y que debe funcionar con independencia de nuestros gustos y preferencias personales, en materia de candidatos; de suerte que si gana o pierde nuestro adalid: ello, jamás será razón suficiente para dudar o cuestionar este gran invento y legado de los griegos, que es el único sistema político compatible con la dignidad humana. Por ende, la victoria es justa, legítima y lícita.
Segundo, que, no obstante lo anterior, si uno mira más profundamente; lee entre líneas la realidad, al menos debe reaccionar con perplejidad ante lo siguiente: la derrota del alcalde en ejercicio, es más fruto de fuerzas escindidas de la Concertación, que obraron como “el perro del hortelano”; y que, en una paradoja del destino, contribuyeron a que se sufriera este revés. Cabe refrescar la memoria al señor de Chile Primero, respecto de que si él perdió la alcaldía de Rancagua en su momento, fue por la trastada que le hizo Claudio Sule, conducta que reprodujo impelido por sus ambiciones y apetitos de poder. Y que, a la luz de lo anterior, no es tanto lo que deben ufanarse los vencedores; por el contrario, están capitalizando los intereses derivados de la bancarrota de una modalidad de hacer política, que es imprescindible modificar, si se quiere evitar el desastre en la próxima presidencial.
Tercero, que, indubitablemente, la Concertación, ha permitido que la Udi, desarrolle una trabajo de hormiga para conquistar los territorios que antes eran o fueron bastiones de resistencia a la dictadura, bajo la premisa de que las ideologías ha muerto, y que hoy se vota por las personas, y que es necesario resolver los problemas reales de la gente, planteamiento tan inmoral como perverso; ya que detrás de las tácticas populistas y demagógicas, subyace la entronización del neoliberalismo, la misma ideología que el dictador impuso a sangre y fuego en el país; y que ahora está maquillada con afeites de TLC, y otras cremas “globalizantes”: De suyo, en forma directa y sencilla, hay que hacer ver a cada ciudadano de este país, que los mismos que sostienen que no importan las ideologías, o que éstas no tienen relación con “parar la olla”, si llegan a ser gobierno: caerán en un frenesí de privatizaciones; de forma que corremos el riesgo de que, incluso se llegue a perder Codelco. Entonces, tienen que conocer la conducta de senadores y diputados, alcaldes y concejales respecto de ciertas leyes que favorecen a la clase trabajadora, a los pueblos indígenas, la protección de nuestros recursos naturales, a la mujer, al mejoramiento integral de la educación y la salud públicas: ¿qué han hecho quienes dicen no tener ideologías, en beneficio del pueblo?; ¿ apoyan, favorecen o entorpecen, o sencillamente bloquean y congelan tales leyes?; de forma que el ciudadano medio, tome conciencia de la conexión entre la ideología y la realidad.
Cuarto, que el quehacer político se ha visto pervertido por el uso y abuso de los mecanismos de la asesoría de imágenes, y del blanqueamiento o prueba de blancura, en cuanto a que: hoy día se vota no por las personas; sino, por el contrario, por fantasmagorías que la publicidad y otros procedimientos de manipulación y condicionamiento, han creado como producto, y ofrecen en el mercado para el consumo pasivo y masivo. En verdad, ¿cuántas mujeres, cuántos hombres sufragaron informados plena y cabalmente del proyecto del candidato; de su plan de trabajo; de sus principios y valores; de su trayectoria en defensa de la democracia, la libertad y los derechos humanos; y sobre todo y ante todo, de cómo han trabajado en beneficio de la persona concreta, que reside en esta comunidad; más dentro del contexto de un país que demanda mayor justicia social, y democracia concreta y tangible, no sólo formal?. En ese sentido, la Concertación, debe retomar el vigor y la fuerza del humus de la cotidianeidad; y reencontrase con el hombre y la mujer comunes y corrientes, quienes fuimos los que dimos un giro a la historia cuando rechazamos la perpetuidad de quien dijera en su momento que: “encontrar dos cadáveres en una tumba, era un gran economía”; y para que la juventud del siglo 21 pueda darse cuenta de que toda acción u omisión; toda decisión que se tome de carácter político, a ciencia y conciencia o a fardo cerrado: tiene alcances, implicaciones, consecuencias y repercusiones en su propia existencia, en su vida, en la factibilidad de soñar y aspirar a la cristalización de su proyecto; y, por añadidura, poder plasmar una plena inserción en América Latina en el concierto mundial; de que, hogaño, la libertad, la democracia y la dignidad de los pueblos, no se conquista con un fusil ni con una revolución, pero que tampoco se debe abdicar del fuero interno ante la omnipotencia del mercado: “pensar” lo que me manda pensar quienes controlan “este gran reality”, que es en nuestro sociedad, y occidente, es caer dentro de las lógica de la servidumbre más abominable.
Por último, si desean mi voto estoy presto a brindarlo siempre y cuando- parafraseando un escrito anterior- garanticen un mínimo de justicia social, que es la piedra angular para acometer la construcción y materialización de una sociedad más humana: velar por sueldos justos y dignos para los trabajadores y las trabajadoras; crear instancias que permitan la participación en política directa, activa y protagónica de los ciudadanos y ciudadanas; y preocuparse de las condiciones del trabajo, en orden a que: la integridad de la persona humana, se desarrolle en el cumplimiento consciente y responsable del mismo, en un marco de referencia de democracia progresiva y dinámica en su perfeccionamiento.
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