lunes, 24 de noviembre de 2014
martes, 18 de noviembre de 2014
lunes, 10 de noviembre de 2014
Señor Director, entre la nueva mayoría y la derecha, es bueno que se escuche una voz disidente a ultranza.
Soy terrorista y anarquista.
No creo ser el único, pero si así fuere eso me tiene sin cuidado. No pretendo que nadie adhiera a mi causa, si es que el acto de acriminarse puede ser calificado como tal; que cada quien tome las resoluciones fundamentales, que le dicte su fuero interno, ante las encrucijadas a que se enfrente; el punto, es no eludirlas, porque estarán esperando más adelante para consumar una emboscada, si se intenta escabullir el bulto cuando se les ha debido enfrentar, plantar cara con valor.
Cuando puedo desgarrar una bandera, del color que fuere, sin importar la causa por la que está flameando, lo hago con fruición; no considero que haya algo más impuro que una bandera, cualquiera sea su color o su coartada; tal vez, sí algo más corrupto: la ideología que se esgrime para arrastrar a la muerte a la carne de cañón, desde tiempos inmemoriales.
Si puedo quemarla en público, y despertar la furia e idiotez asesinas de las muchedumbres-¿hay alguna que no sea asina?- mucho mejor y más gratificante; lo que me produce un placidez semejante al estado de nirvana; que se abalancen sobre mí, y me despedacen me da lo mismo, porque me he convertido en pedazos esparcidos por el suelo, y no espero volver de la nada, para recibir a ningún redentor en la hora de la resurrección…
Y si por si acaso me equivocara, prefiero quedarme a donde me haya ido; no me interesa lo que sea, que no creo que sea parecido a lo que han usado para aterrorizar; es absurdo pensar que hay una zona destina al castigo de pecadores, apóstatas, impenitentes; basta este tiempo, este espacio para el sufrimiento…
Aunque no soy experto en elaborar bombas, lo hago como puedo, y con lo que tengo disponible a mano. Recuerdo que una vez me quemé por completo, cuando una molotov me estalló en el rostro; pero he perfeccionado un poco mi técnica, y he aprovechado que ya no tengo máscara, para que cuando arrojo la bomba contra algún testaferro del sistema, o contra algunos de sus santuarios, todos me reconozcan, porque al no tener rostro, no soy nadie, no pertenezco a nadie, no tengo ni patria ni hogar, ni familia; así no debo temer, ni por mí ni por otro u otra, no hay conocidos, ni familia, ni perro, ni gato, ni rata ni piojos, que pudieras ser presa de represalias de las fauces de los amos.
Cuando quiero cagar, me dirijo a las iglesias, a los bancos, a los cuarteles, donde deposito una cantidad suficiente de excremento para seguir abonando la putrefacción y su hedor, que emanan de aquellos recintos que son protectores de nuestra sociedad y nuestra cultura: la inmortalidad del alma; los ahorros para asegurar la vejez, y la integridad del suelo patrio, que es más sagrado y santo que la virgen María. En algunas, me han amenazado con el excremento eterno; y yo digo para qué si estoy con la mierda más allá de la coronilla; en algunos, me ha espetado que no soy cliente, que no tengo derecho a cuenta corriente, a hacer giros, a que me depositen el sueldo, a participar de la gloria y la lujuria de la gimnasia bancaria; en los otros, me han llovido los balazos, porque los milicos y sus parientes pobres, ya han hecho suficiente detritus, para sepultar a muchas generaciones de esclavos concretos, en semejante montaña de inmundicia que es, ha sido y será la historia republicana- frasecita siútica de porquería- de este país donde me encuentro.
Con un hacha y una antorcha recorro todos los rincones de la ciudad; y quienes me conocían de antes huyen horrorizados al constatar que la profecía se cumplió, pues me convertí en un hijo de Satanás; pero yo no declino en mi afán de ir dando hachazos a diestro y a siniestro; voy cortando las cadenas de los manicomios, para que mis hermanos y hermanas puedan salir a respirar aire puro, por lo menos no tan fétido como el que hay dentro de sus celdas acolchadas de razón y sentido común; también, corto las cadenas para que los presos comunes,- tan comunes somos todos que terminaremos siendo alimento para los gusanos- puedan seguir robando por sorpresa, cogoteando en las micros, vendiendo sin patente municipal …
Y una antorcha, para propagar la demencia por todos los rincones donde se han refugiado los señores de cuello y corbata, el senado y la cámara de diputados, los parásitos más voraces, que hay que rostizar como lo que habitan en los pliegues de la chancha; las empresas y los grandes consorcios que vampirizan las lágrimas, el sudor y la sangre de los ilotas de buena voluntad- no confundir con idiotas-, que todos los días colocan su cuello entre los dientes; de todas las víctimas propiciatorias que se autoinmolan, para complacer a sus cadenas.
Soy terrorista y anarquista; y si vienen por mí, lo más seguro es que me doblegarán; pero no me llevarán caminando ni ante los jueces ni a la cárcel.
Espero combatir hasta que me abatan; si llega a ser imprescindible, empaparé de bencina los libros, y se los arrojaré por la cabeza, para ver si salen de la imbecilidad en que se encuentran.
Debo sentir que no tendrán piedad de mí; por tanto, yo debo tratarlos como si fueran enemigos implacables, aunque no tengo oportunidad de alzarme con la victoria. Ellos, me vencieron; me tienen aislado; no hay otros y otras como yo; no tengo ninguna posibilidad de resistir; por último, pueden dispararme con un dron, para no incurrir en gastos innecesarios. Lo que sí sé, es que no caminaré hacia su justicia.
sábado, 8 de noviembre de 2014
viernes, 7 de noviembre de 2014
miércoles, 5 de noviembre de 2014
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