domingo, 31 de mayo de 2009

¿Quién mató a Víctor Jara?.



    En la columna de Cristián Warnken,  subyace un error fundamental, cual es creer que: la muerte de Víctor Jara, fue producto de una acción ya individual,  ya atribuible a un mando medio o superior; o en el peor escenario posible, dentro de la lógica de la complicidad del silencio de toda la sociedad chilena, que no fue capaz de escuchar los alaridos y desgarros del humanista integral, mientras era torturado y asesinado, con saña y sevicia inimaginables.

    Lo que acaeció en Chile, no fue fruto del azar o de la casualidad; por el contrario, fue corolario inexorable e implacable de una concepción destinada a arrasar con todo espíritu de resistencia, con toda moral de combate, con toda ética de principios y valores de respeto a la dignidad humana y sus derechos fundamentales, y enviar un mensaje de terror que  congela el alma, paraliza el corazón y pone el cuerpo de rodillas; es decir, la cara cruda  y brutal del fascismo.

    Víctor Jara, fue asesinado por la sencilla razón de que encarnaba la esencia del hombre comprometido con la causa de los pobres y humildes de este Chile tan desgarrado; desde los tiempos en que el invasor español domeñó y esclavizó al indígena-   aunque no pudo acabar con su pugna heroica-;  atravesando el hito de la “pacificación de la Araucanía”, cuando el estado chileno, por la fuerza de las armas, sometió y ahogó en sangre la épica furia mapuche; incluyendo, la atroz degollina de las masacres  obreras de los albores del siglo veinte, cuando la oligarquía usó al ejército  para descuajar los brotes de rebelión popular y de lucha por los oprimidos y explotados de nuestro país; hasta el advenimiento de la experiencia de  la Unidad Popular. Ya que su circunstancia enmarca el martirio de Víctor, merece una mención especial: de suyo,   como experimento político e ideológico fracasó por diversas razones y circunstancias,  que estoy presto a debatir en cualquier contexto; pero que ostentó un sello indeleble: el encarnamiento de profundos e indestructibles  valores democráticos en su génesis, asunción al poder  y evolución ulterior; y que alcanza su punto culmine y clímax en el anuncio que el presidente  Salvador Allende  pensaba hacer el día que se enseñoreó la pesadilla que devoró musas y plectros.

    No se le perdonó su opción política;  que hubiera  puesto su espíritu al servicio de su pueblo, para cantar las vivencias que nacen de las entrañas de la tierra; los dolores, los sufrimientos, las miserias, las lágrimas, los silencios, las humillaciones, el hambre,  las esperanzas, las utopías, las alegrías, la fe, las creencias, la sangre gemebunda, el anhelo infinito de  pan, dignidad y libertad que acompaña a todos los  sojuzgados  del mundo. Destrozando su cuerpo, se pensó  atronar el cielo  y los rincones con la afirmación   rotunda de que los insumisos serían castigados, por atreverse a soñar con el advenimiento de una sociedad humana; y sembrar el terror para  que no hubiera ni la más remota posibilidad de respuesta, o una futura sublevación; borrando de un plumazo su fecundo y pletórico quehacer de artista, de los anales de nuestra historia, y haciendo tabla rasa de su prolífica trayectoria  como director de teatro, profesor universitario,  estudioso del mimo y la pantomima, folclorista por antonomasia, discípulo de Violeta Parra, embajador cultural de Chile por el mundo en el ballet Cuncumén: llegar y llevar al convencimiento de que “se trataba de  un  simple cantor popular”- vinculado a la extrema izquierda-; como si esto fuera un demérito; por el contrario, resulta una  cualidad extraordinaria de un buceador en el mar de nuestras riquezas, de nuestras tradiciones; mas, se dejó de lado, intencionada y perversamente, en su momento histórico, su integridad y su estatura de artista universal, que ante la disyuntiva que le puso Clío por delante: optó por sus raíces, por sus hermanos, por hacer de su arte el arma de la revolución  de la belleza, del pensamiento, de la poesía, de la música que vibra en la gleba, del rescate de la voz de Arauco, de la ruptura del silencio de acero y cemento a que estaban condenados los humildes en Chile…Cristian, él defendió la paz; y por eso lo masacraron. Huelga decir que:    hoy día, la voz oficial de las academias, y los círculos y cenáculos palaciegos,     siguen ignorando o menospreciando la totalidad de la obra de Víctor; entre los cuales, lamentablemente, te cuento querido y admirado Cristián.  

viernes, 22 de mayo de 2009

Algunos síntomas de La
Miseria y decadencia de la televisión chilena.
Aunque no tengo la esperanza de lograr repercusión, ya que hoy por hoy se tiende a bajar el perfil al conflicto, o lisa y llanamente a negarlo, por sus consecuencias disruptivas, debo enlazar algunas reflexiones sobre la miseria y la decadencia actual de la televisión chilena:
Primero, programas juveniles donde las mujeres aparecen con muy poca ropa o tenidas de ropa interior; donde la cámara, casi siempre, enfoca los senos y el trasero; concursos con cero nivel de exigencia cultural; con copias burdas de modelos extranjeros, donde se usa la palabra next para insultar y degradar la dignidad humana de los y las participantes; con polémicas artificiales y burdas, donde se ventilan los seudo dramas pasionales de los integrantes de los diversos equipos; donde un grupo de jóvenes, en silencio absoluto, debe someterse a las pruebas más absurdas e idiotas, que uno pueda imaginar, que ofenden la inteligencia y que cosifican a quienes toman parte en ellas.
Segundo: Los programas de cobertura de la acción de policías; donde cada uno de los que se emite, se esfuerza por mostrar lo más abyecto de la naturaleza humana; por ejemplo: drogas, asaltos, prostitución, asesinatos, operativos y batidas contra la delincuencia y el crimen. Lo paradójico de esto, es que detrás hay un fin ideológico: criminalizar a los sectores más pobres y humildes de la sociedad chilena; y generar una sensación de terror, que los criminales se han tomado, a sangre y fuego, nuestras calles. En sentido contrario: ¿por qué no se llevan a cabo estos procedimientos en los barrios altos?; ¿acaso los pobres de este país, son los únicos que tienen una suerte de gen de la criminalidad, que los torna proclives a cometer este tipo de acciones?. Pues bien: ¿acaso no hay un esfuerzo denodado, de parte de ciertos canales, con determinada tendencia ideológica, de enviar y enfatizar- con machaconería- el mensaje de que “los delincuentes están ganando la guerra”?.
Tercero, los programas de farándula: Es como si la nada, se extendiera por doquier y fuera carcomiendo y consumiendo todo vorazmente: los animadores y animadoras nada piensan, nada dicen, nada comunican, nada entregan, nada aportan, nada dejan, en nada hacen pensar; y así hacia el infinito. Lo estremecedor y estupefaciente, es el hecho de que: se han trasformado en líderes de opinión, que dictan cátedra sobre la problematicidad que afecta a la sociedad chilena y al mundo entero; y que la gente, ávidamente sigue sus “enjundiosos comentarios”, tal mente como si estuvieran escuchando y recibiendo algún tipo de ensalmo, escuchando la voz de un oráculo, o recibiendo una revelación divina; en circunstancias de que oscilan entre lo limítrofe y una cota inimaginable de imbecilidad. Ni hablar de que los asuntos que desmenuzan, sesudamente, no revisten ninguna importancia ni trascendencia; ya que es el eco mismo de la nada.
Cuarto: El imperio incontestable del género Reality. Aquí primero debo hace un mea culpa: Alguna vez caí en las redes de esta telaraña de enajenación y aturdimiento de la conciencia; en términos más simples, vi uno. Pero con el tiempo, cualquier persona pensante se da cuenta, con certeza apodíctica, que todos son exactamente lo mismo; ya sea de época, ya sea de música, ya sea de pruebas insólitas, ya sea de deportes extremos, ya sea de baile, ya sea de coro, o de la especie que fuere: Es un intento artificial de proyectar una imagen distorsionada, bajo las luces de los focos de un estudio de televisión, tal como si fuera la realidad en sí misma y por si misma, lo que es una falacia y un trastocamiento, pues ésta es un constructo social e ideológico; o generar el espejismo de “poder alcanzar la celebridad”. mediante la presentación en un escenario determinado, para soñar el anhelado salto a la fama; a contrario sensu, sabemos a ciencia cierta, que ésta suele durar ni siquiera quince minutos, como suele apuntarse tópicamente. Me pregunto: ¿cuántos son los millones que se invierten en este tipo de programa basura, que perfectamente se podrían destinar a elevar el nivel cultural de la audiencia?.
Por último, los noticieros de los distintos canales de televisión, adolecen de una obsesión por el tema de la crónica roja, o que involucren sensacionalismo barato o fomentar un cobertura majadera y que provoca saturación a la postre; verbi gracia: el asesinato y posterior descuartizamiento de una persona de una comunidad rural de la sexta región, a manos de su propio hijo; pero no conformes con hablar de ello un día, lo hicieron varias veces; de suerte que resulta increíble la cantidad de minutos que le destinan a los hechos delictuales, que acaecen cotidianamente en nuestro país; buscando un enfoque entre estúpido y morboso. Me formulo la siguiente interrogante: ¿Qué sucede con las otras esferas de la cultura y de la sociedad; es que tal vez no ocurren hechos relevantes y significativos que demanden y justifiquen abordarlos con una mirada profunda y rigurosa?. Y me respondo yo mismo: ante el conocimiento de la muerte del gran Mario Benedetti, el promedio de tiempo, destinado a esta noticia fluctuó entre 50 y 60 segundos por canal. En sentido contrario, la “gripe porcina” ya se ha convertido en una obsesión que raya en la psicosis.