lunes, 29 de junio de 2009

Me desangro por Honduras!

¡Mi América, Mi Patria,

Mi tierra, MI Hogar!.

Mis huesos han de abonar

tu imposible pena.

Y mi espíritu prisionero

en la soledad, fría espera.

¡Mi América, Mi Patria,

Mi tierra, Mi Hogar!.

¿En qué te han convertido

Madre Amada?...

En una Babilonia de Neón,

sólo titila una mortecina vela.

En Sibaris, donde el paladar

se refina con sangre y arena.

En Sodoma, donde no entran ángeles;

carne tragada por lenguas de cera.

¡Mi América, Mi Patria,

Mi tierra, Mi Hogar!.

¡Mi madre, mi amada Madre!...

Infectada de tumores malignos,

¡Supermercados, Bancos, Centros Comerciales, Centrales Hidro-asesinas…!

Y me desgarro y bramo a los dioses, postrada en el jergón de la pobreza!.

¡Mi América, Mi Patria,

Mi tierra, Mi Hogar!.

La metástasis del odio, reaparece en tu carne y en tu alma.

Y da dentelladas atroces a los pocos sueños de los hijos olvidados!

¡Mi América, Mi Patria,

Mi tierra, Mi Hogar!.

¡Tú sabes del dolor infinito cuando paren las estrellas!.

¡Pero torrentes de guerreros,

de fuego, lágrimas y sangre,

se derraman por tus venas y arterias!:

Tupac Amaru, Morelos, Hidalgo, Bolívar, Sucre, Solano López, Artigas, Villa, Zapata, Sandino, Farabundo, Prestes, Allende, El Che, Miguel…,

resisten las cuchilladas de la noche artera!.

sábado, 13 de junio de 2009

Regreso a la patria.

A tu mirada, de alboradas fugaces y ocasos alados y noches eternas;

a tu frente,

claridad de oro que salpica los bordes del horizonte;

a tu boca, el viento que da vida a mis pulmones, la sangre que navega mi corazón;

a tu pelo, que juega a trenzarse de luces y sombras en lejanías viajeras;

a tu agua sagrada, que bebo en el cáliz de tu boca: la hidromiel de tu saliva, de tus lágrimas, de los secretos hontanares;

a tu carne, rendido ante el hambre de inmortalidad,

comulgo con la hostia de tus senos, de tu vientre, de tus piernas;

el torrente que me arrastra más allá de las constelaciones que coronan mis lúgubres soledades,

a tu espíritu, origen de la sabiduría anterior al pecado de la pena de perderte: el árbol del fruto permitido, que no castiga, ni expulsa; que permite regresar a mi tierra, a mi amada, a mi cierta Patria.