domingo, 14 de octubre de 2007

Refundar la democracia chilena.

Refundar la democracia chilena.
Algunas voces amigas, me han señalado que no es conveniente proseguir con el asalto sin cuartel contra el santuario de los políticos; y mantener un nivel de crítica tenaz contra el funcionamiento de la política en Chile; sobre todo y especialmente, en atención al hecho de que quienes participan de tal gremio, tienen la facultad y el poder suficiente, sin arrugarse ni temblar, de aplastar a un moscardón que los irrite demasiado.
Retomando el hilo central, sostengo, como lo he hecho en otros escritos, la necesidad imperiosa de refundar la democracia chilena, que no opera como debiera; pues separa profundamente a los hombres, por barreras económicas insalvables, por abusos y explotaciones de todo tipo que padecen los trabajadores. Aunque, como también lo he señalado en otros opúsculos, ni soy partidario ni se trata de colocarle un apellido a este sistema de gobierno; por ejemplo: bolivariana, socialista o revolucionaria; lo que, como proyecto de ingeniería social, ha fracasado en el transcurso de la historia; palmariamente durante el siglo pasado, con todo el saldo de dolor, sufrimiento, miseria, atrocidades, etc, para los inocentes, para los ciudadanos comunes y corrientes, para los que sufren en carne propia el amor fati de la historia; que no tienen nada que ganar, pero sí mucho que perder cuando se desata una guerra, de la especie que fuere y bajo el pretexto que se adujere; y que sigue siendo caldo de cultivo para experimentos ideológicos, que sólo engendran más pesares y pesadumbres, penurias y penalidades para la humanidad, de toda especie y magnitud.
Pues bien, me refiero a la utopía de la creación y consolidación de una democracia basada en la isonomía, piedra angular de la modalidad de gobierno gestada y consolidada por los griegos antiguos- en específico, los atenienses-, como dato fundante; es decir, la igualdad ante la ley.
Algún cínico oponente, podría aducir que: la sociedad ateniense se basaba en la esclavitud. Sin embargo, a contrapelo de las civilizaciones y los imperios orientales de la antigüedad, en los cuales quien ejercía la autoridad y el poder, tenía visos de divinidad: esta novedad sui géneris, sin precedentes hasta entonces, representa un adelanto un progreso, ya que instala el concepto referido como marco de referencia para regular la vida de y entre los habitantes de la ciudad.
Y la seudo-democracia chilena, está a años luces de la mentada condición sine qua non para que, efectivamente, exista: todos iguales no sólo en teoría; sino, sobre todo y ante todo, en la práctica cotidiana. De hecho, el mismo tratamiento y la subsecuente discriminación positiva que se establece entre una alta autoridad de nuestro sistema de gobierno, y un humilde ciudadano, envía un mensaje inequívoco, en el sentido de que el poder que ostenta lo lleva a divorciarse de la realidad, a encerrarse en un cápsula, y a ejercer el mismo con la arbitrariedad y discrecionalidad que no debieran estar presenten en quien tiene como primera prioridad el bien común.
Así, si establecemos un parangón con el Chile actual, no es compatible con la misma, ni aceptable como vivencia coherente y consecuente, que, por ejemplo, haya: una educación y una salud de primera, para un segmento social determinado; mientras que el resto- que es la inmensa mayoría-,se ve constreñido por la fuerza de las armas, o sencillamente por la inercia social- que mantiene sujeta a las masas- a conformarse con servicios que distan de parámetros de calidad internacional, o mínimamente válidos, para una vida digna. Luego, no hay igualdad ante la ley en términos reales; lo que refleja mundos que no tiene nada común entre sí. Me atrevería a aseverar que se trata de una escisión diametral e irreductible, que ha de mantenerse inamovible, a menos que se allane el camino al advenimiento de reformas estructurales profundas; y que de lo contrario, puede redundar en convulsiones y remezones sociales, de consecuencias insospechadas, si un grupo determinado sigue empeñado, en defender a todo trance, sus prerrogativas y prebendas, en desmedro de la calidad integral de vida de las grandes masas… O acaso alguno de los gurúes del postmodernismo, podría aguantar una jornada de trabajo, para luego tener que regresar en uno los buses del transantiago…
A raíz de los últimos hechos acontecidos, ha quedado de manifiesto la crítica y urgente necesidad de que se de un paso para acabar con la tiranía que ejercen la partidos políticos sobre la vida, la conciencias, los espíritus de hombres y mujeres que habitan esta tierra. No cabe ninguna duda que actúan como verdaderas mafias, que imponen la ley del silencio- Don Corleone resulta un bebe de pecho en comparación con los capos de éstas-; para encubrir los crímenes que pueden cometer, y que de hecho cometen, contra el patrimonio público. Y cuando uno de sus más preclaros miembros, por razones que pertenecen al ámbito del misterio, del remordimiento, del asco o la náusea, declara haber tenido injerencia, junto a otros conspicuos líderes de la concertación, en acciones que no son compatibles con la esencia de la democracia, que juraron defender y servir: lisa y llanamente, lo expulsan sin temblar ni demora alguna, a la usanza de las medidas tomadas por el dictador Stalin; guardando las diferencias naturales, para no herir susceptibilidades, ya que el Zar rojo era un tirano execrable, mientras ellos reconquistaron la libertad para nuestro pueblo, tan vapuleado durante la dictadura militar, aunque después la inmolaran a los ídolos del foro del mercado todopoderoso.
Por lo demás, tan rápido como se olvida cualquier contingencia acaecida durante el devenir cotidiano, ya nadie, prácticamente, tiene presente el hecho de que el cáncer de la corrupción provocó la expulsión de uno de los jerarcas de La Concertación de su partido, del cual fue uno de lo más egregios fundadores; y por cierto cara visible; y uno de sus reconocidos paladines.
A guisa de conclusión parcial: no se llegará al esclarecimiento de la verdad. Creo que nadie medianamente cuerdo, sensato y realista, lo pone en duda, ya que el poder del aparato del Estado es casi tan eficiente y omnímodo como el del capital; que nadie recibirá el castigo de ir a la cárcel por tal acto incompatible con el sistema de gobierno que dicen defender y representar, con cuyo nombre hacen gárgaras y se inducen vómitos, la democracia; tampoco albergar alguna duda sobre el predicamento referido, por cuanto se activarán los mecanismos destinados a operar una amnesia-¿Acaso no ha sucedido exactamente ello, en lo que se refiere al tema de los derechos humanos, que permanece como una grieta y un agujero sin fondo en la conciencia colectiva de nuestro pueblo?- para que olvidemos rápidamente, como les conviene aquellos que dicen hablar por nosotros y velar por nuestros intereses: los inefables “señores políticos”.

sábado, 13 de octubre de 2007

Radiografía del chileno de hoy

Radiografía del chileno de hoy.
El cuadro que pretendo mostrar- sin la pretensión de hablar ex catedra- es el desmenuzamiento del chileno de hoy, que ha sido moldeado y modelado por las fuerzas del mercado, invirtiendo la expresión bíblica de a “ imagen y semejanza de Dios”; poniendo de relieve algunas características del resultado de la implantación de la sociedad neoliberal- que es, a su vez, consecuencia de un proceso archiconocido, y que tiñó con sangre nuestra tierra, nuestra agua, nuestro cielo-; con todas las notables y descollantes excepciones del caso, ya que en cada hombre, en cada mujer existe el árbol de la dignidad, que florece con los frutos de la esperanza y la libertad, en quienes se oponen al Becerro de oro, y rechazan rendirle pleitesía y tributo; por lo cual, también, en cierto sentido, es la apología de quienes se mantienen en sus trece, por fidelidad al fuero interno y la verdad; y que buscan El Absoluto no en los escaparates de “un mall”; sino en la mirada pletórica de entrañable humanidad de un semejante
Y es que la opinión aquí expresada, parte de la premisa del valor, la belleza y nobleza que anidan en el pueblo chileno, además de reconocer la reserva de energía para la conquista de su destino, cuando se decida a plantar cara a los nuevos amos de la sociedad; y sólo representa la denuncia inexorable del “hombre económico” impuesto como herencia por la dictadura, y consolidado por el paso de estos amargos años de decepciones y frustraciones en torno a “la alegría” que prometía la concertación; la cual, tiene un compromiso con el Chile real, que todavía mantiene incumplido: el advenimiento de una democracia que toque a todos por igual, y no sólo a los militantes de alto coturno de los partidos oficialistas, o a quienes pertenecen a la respectivas camarillas de poder; ni hablar de los potentados que han fraguado su riqueza, durante estos años de bonanza sin precedentes, y que observan con desprecio, o indiferencia la suerte de las grandes masas.
Pues bien, sin más preámbulos, es menester hincar el diente en la cuestión de fondo.
El chileno no roza el saber que libera y humaniza, ni en su trabajo, ni en su vida privada: no lee, ni investiga, ni reflexiona, ni se cuestiona; pues esta actividad noble y excelente, propia de los libres y soberanos, requiere dedicación que es preferible destinar a ocupaciones que rindan beneficios que ojalá se puedan medir en términos de dinero, y de intereses que deriven de ello. ¿Cómo ha de destinar el valioso tiempo a tomar un objeto de papel, donde aparecen palabras que tienen por fin hacerlo meditar y tomar conciencia de la realidad?. Sentencio que: Es un millón de veces preferible el dedicarse a ganar dinero. Alguien dijo por ahí, que: ¿para qué reclaman tanto por el IVA, si basta que no lean los libros para matar la cultura y asfixiar el espíritu?.
El chileno, tiene atrofiada la imaginación y la fantasía, producto del hecho de que se acostumbró a consumir comida chatarra a través del cable, de un nivel cultural tan bajo que está por debajo del subterráneo- valga el juego de palabras-; lo que, también es aplicable a la televisión chilena, con la salvedades correspondientes en ambos casos. Luego, no es capaz de imaginar, ya que todo se lo entregan prefabricado según el molde espurio del “sueño de la vida americana”; y todo se reduce a reproducir como autómata los burdos estereotipos de la televisión made in Usa. Si no ¿cómo se explica que, verbigracia, haya cundido como reguero de pólvora la idea como patrón cultural de que la rubia- incluso ahora siliconada- tiene asegurada el pasaje al éxito y al bienestar económico; de suerte que el color blondo encubre o pretende negar las huellas de nuestras raíces, que se aprecian en los rostros de tantas muchas hermosas, que se avergüenzan de su origen indígena, o de su condición mestiza?
Así mismo, está imbuido con los mitos y leyendas, prejuicios, tópicos y clichés, obtenidos tanto de una educación desgarrada por contradicciones sociales, políticas, culturales que abruman al país, así como de una historia con la impronta de las diferencias y discrepancias, resueltas en el campo de batalla, contra el archi vapuleado “enemigo interno”; en otras palabras, el ciudadano común y corriente, que reclamaba-y reclama-por mejor educación, salud, trabajo. Pues bien, me pregunto y reflexiono- y pregunto y pretendo darles pábulo para sus propios cuestionamientos: ¿alguna vez se han detenido a escarbar, profundamente, en la enseñanza que se entrega en colegios y liceos, que derivan de libros y manuales, que, a decir lo menos, adolecen de un sesgo ideológico grosero; en tanto presentan una versión unilateral de la historia, y que, a la postre, redunda en que, la media verdad, o lisa y llanamente, la mentira, constituyan el alimento con el cual se nutren nuestros estudiantes y futuros “habitantes de la polis”, y que, se han de traducir en que cada uno defienda su trozo o porción de verdad como si fuera un absoluto; que se aferren a las heridas y traumas del pasado, que muchos pugnan por volver a abrir o mantener a medio restañar, con el objetivo interesado de sembrar y propagar la discordia en Latinoamérica; de suerte de provocar que: la utopía bolivariana choque contra barreras indestructibles tal como en la época del prócer, en virtud de que los grupos dominantes se empeñan en mantener a ultranza la separación de nuestros pueblos?.
A mayor abundamiento, si bien es cierto que hoy día ya que no se dispara un balazo a nadie por pensar por propia iniciativa y voluntad como durante la dictadura, bien vale pena interrogarse sobre lo siguiente:¿ de qué sirve la franquía para poder pensar si se es víctima inconsciente de la ignorancia, por cuanto se desconoce la clave y la cifra que podrían llevarnos a adoptar un actitud crítica y reflexiva, frente a la versión oficial?; y que, encuentra una de sus manifestaciones más paradójicas en, por ejemplo: la contradicción de no ofrecer ninguna resistencia a la depredación de nuestros recursos naturales; mientras que, si aparece un hermano boliviano o peruano o argentino o venezolano, comienza con expresiones de discordia, que sólo logran herir susceptibilidades más de la cuenta, en vez de abrir los brazos, para sellar un pacto de fraternidad entre nuestro pueblos.
Consecuentemente, me atrevo a aseverar que: Por añadidura, no tiene la capacidad, o la ha perdido, o ha renunciado a pensar en una sociedad, donde no sean determinadas cofradías, las que adheridos al cuerpo de la nación, extraigan la sangre de las venas y arterias del pueblo, de cada trabajador y trabajadora, que debe despertar con el sol, para generar la riqueza que después se embolsa una fauna felina de empresarios, de hambre voraz y atroz del trabajo humano. En cierto modo, la utopía si está oleada y sacramentada, en la medida en que para pensar en ella, es condición previa el tener la claridad mental, la voluntad férrea, el desprendimiento espiritual e intelectual para iniciar el vuelo hacia lejanías, que nos hacen concebir la esperanza de poder edificar un mundo mejor, más justo y más humano. En sentido contrario, el único sueño con que se obsesiona el “hombre promedio” o “prototípico” que señorean en estos tiempos, y que se encuentra sobre la cresta de la ola: es hacer carrera; triunfar sobre la base de la competencia más cruel- por demás, individualista en grado sumo-; y acumular bienes materiales, a fuer de una montaña de cachivaches, que al final no saben darle sentido a su existencia, ni paz a su corazón, ni fe a su alma, ni luz a su intelecto, ni esperanza su ser.
Además, se ha acostumbrado y resignado a que, cada cierto tiempo, se le monte el show de la fiesta cívica, del ejemplar civismo de la ciudadanía, de que el voto-dictado por la manipulación de las técnicas modernas de lavado de cerebro - cuenta y tiene un significado e influencia reales en la definición de la suerte del país, de él, ella, de sus hijos. Alguna vez, realmente, se ha preguntado: ¿qué podría llegar a suceder si cada ciudadano levantara su voz para impedir toda clase de abuso que se cometen ya hace diecinueve años; y exigir cuentas y resultados a quienes dicen representarnos, para trasformar la democracia en una obra de arte, en cuya cristalización participara toda la comunidad, y cuyos frutos se dividieran equitativamente; y que no fuera solamente una palabra con que el hipnotizador de serpientes logra dormir la conciencia crítica, donde anida la única oportunidad de despertar y luchar por la transmutación de una sociedad desgarrada entre ricos y pobres: ricos que ostentan fortunas que adquieren ribetes ofensivos y agresivos; pobres, que tienen la libertad de endeudarse hasta privarse de su dignidad, y de seguir soportando la opresión y la explotación del hombre por el hombre, en el contexto de la globalización?…¿Qué ha cambiado?.
Al ponerse el sol, regresa de su jornada de trabajo, que no le reporta lo suficiente para vivir con independencia y señorío, después de haberle hecho el juego al Moloch de la globalización y la postmodernidad, ora un banco, ora una multitienda, ora cualquier modalidad o expresión de servidumbre moderna, al extremo de quedar convertido en ilota. Muy contento de no haber zozobrado en un mar de olas gigantescas, de angustia y aflicción por el sobreendeudamiento, se arrellana en un sillón, y se apresta con el control remoto a adueñarse de su parcela o porción de felicidad, que se le permite; y que, precisamente, es dirigir a distancia: elegir entre un variado menú de bazofia, sencillamente mierda, escoria, que la televisión le ofrece para degustar
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En torno al sueldo ético

En torno al sueldo ético.
Un príncipe de la iglesia, ha puesto el dedo en la llaga; provocando un doloroso escozor en cuanto a que: Chile, se ufana de seguir el paso a las economías más desarrolladas; ha celebrado tratados de libre comercio hasta con los países más insólitos; ostenta un ingreso per cápita impresionante, que ubica a nuestro país entre los más aventajados en América Latina; y muchas otras bondades derivadas del reino de Jauja en que se ha convertido nuestra patria para el neoliberalismo desaforado; mas, tiene un sueldo mínimo, con el cual es difícil vivir con esperanza.
Pero no es casualidad ni accidente que haya sucedido lo que ha provocado un jalón divisorio y un punto de inflexión en la conciencia social y su devenir; ya que la Iglesia, tiene la autoridad moral, ética y religiosa indiscutible para pronunciarse una y otra vez sobre el tema y velar por los hermanos más pobres y desposeídos; no por voluntad de la divina providencia, sino por el establecimiento de un orden sociopolítico y económico, impuesto por los hombres en desmedro de sus hermanos, y que es fuerza y un imperativo perfeccionar; lo que, dimana de las Sagradas Escrituras y hunde sus raíces en la doctrina social que le es propia, y que comporta una definida orientación antropológica de un humanismo íntegro e integral, cuyo alfa y omega es Cristo Jesús.
Así, como ejemplo de lo anterior, no extraña que León Trece, en la encíclica Rerum Novarum, se haya pronunciado de la forma siguiente: “Los deberes de los ricos y patronos: no considerar a los obreros como esclavos; respetar en ellos, como es justo, la dignidad de la persona, sobre todo ennoblecida por lo que se llama el carácter cristiano. Que los trabajos remunerados, si se atiende a la naturaleza y a la filosofa cristiana, no son vergonzosos para el hombre, sino de mucha honra, en cuanto dan honesta posibilidad de ganarse la vida. Que lo realmente vergonzoso e inhumano es abusar de los hombres como de cosas de lucro y no estimarlos en más que cuanto sus nervios y músculos pueden dar de si.Tampoco debe imponérseles más trabajo del que puedan soportar sus fuerzas, ni de una clase que no esté conforme con su edad y su sexo. Pero entre los primordiales deberes de los patronos se destaca el de dar a cada uno lo que sea justo”.
Entonces, bajo ningún concepto, desde ningún punto de vista, un patrón puede tratar a un obrero o trabajador en general, como si no fuera una persona, merecedora de todas las consideraciones y miramientos en tanto ostenta la misma dignidad de hijo de Dios que él o ella; y que cualquier otra acción cae, inevitablemente, en el pecado, desde la negación hasta la explotación del hombre por el hombre, en lo cual se inscribe el sueldo mínimo que se paga a la sazón en Chile. Tal vez, un pequeño comienzo sería partir respetando a quien desempeña “la tarea más humilde” al interior de la empresa; y, a la sazón, aprender a agradecerle el aporte que realiza a la producción de la riqueza.
Y, también, su inolvidable santidad, Juan Pablo Segundo, que en la encíclica Centesimus annus, a fuer de relectura y actualización del documento anterior, vertió la siguiente mirada: “A continuación el Papa enuncia otro derecho del obrero como persona. Se trata del derecho al «salario justo», que no puede dejarse «al libre acuerdo entre las partes, ya que, según eso, pagado el salario convenido, parece como si el patrono hubiera cumplido ya con su deber y no debiera nada más»23. El Estado, se decía entonces, no tiene poder para intervenir en la determinación de estos contratos, sino para asegurar el cumplimiento de cuanto se ha pactado explícitamente. Semejante concepción de las relaciones entre patronos y obreros, puramente pragmática e inspirada en un riguroso individualismo, es criticada severamente en la encíclica como contraria a la doble naturaleza del trabajo, en cuanto factor personal y necesario. Si el trabajo, en cuanto es personal, pertenece a la disponibilidad que cada uno posee de las propias facultades y energías, en cuanto es necesario está regulado por la grave obligación que tiene cada uno de «conservar su vida»; de ahí «la necesaria consecuencia —concluye el Papa— del derecho a buscarse cuanto sirve al sustento de la vida, cosa que para la gente pobre se reduce al salario ganado con su propio trabajo»24. El salario debe ser, pues, suficiente para el sustento del obrero y de su familia”.
Cambiando lo que se debe cambiar: resulta increíble que dichas admoniciones, en la alborada del siglo veintiuno, cobren plena vigencia y actualidad…¿Es que acaso como plantea la Biblia, en le Eclesiastés, no hay nada nuevo bajo el sol”?: el sueldo mínimo- ni siquiera el ético que se piensa como una utopía- que se paga en Chile hoy día, no es suficiente ni alcanza para poder llevar una vida justa y humana; sobre todo que, si tenemos in mente el noble y superior propósito de prevenir y precaver “reventones sociales” ; y es que, por lo demás, desde la perspectiva de la recta razón, cabe reconocer sin rebozo que: no es solamente el empresario quien produce la riqueza; también y básicamente, el trabajador con el esfuerzo, el cansancio y el sudor cotidianos; por lo que se hace merecedor no sólo del sueldo ético, solicitado por monseñor Goic; además, tiene que participar, proporcionalmente, en la repartición de la ganancias registradas durante el año productivo según corresponda y sea factible: he aquí otro imperativo ético. A fortiori, debemos meditar y preocuparnos de encarnar las palabras de este magisterio. Como lo dijera Pablo Sexto, en “Populorum Progressio” : “Verse libres de la miseria, hallar con más seguridad la propia subsistencia, la salud, una ocupación estable; participar todavía más en las responsabilidades, fuera de toda opresión y al abrigo de situaciones que ofenden su dignidad de hombres; ser más instruidos; en una palabra, hacer, conocer y tener más para ser más: tal es la aspiración de los hombres de hoy, mientras que un gran número de ellos se ven condenados a vivir en condiciones, que hacen ilusorio este legítimo deseo”.
Resaca de fiestas patrias.
Después de las celebraciones tradicionales de septiembre, cabe formularse algunas reflexiones e interrogantes sobre un nuevo aniversario de la patria, para que cada ciudadano las medite.
¿Tenemos el valor, la inteligencia y la consecuencia ética y moral para rechazamos la postura fundamentalista nacionalista, que sólo nos aleja de la posibilidad de concretar y galvanizar una gran confraternidad latinoamericana, a la usanza de lo europeos, que a pesar de dos atroces guerras, lograron restañar las heridas, para dar nacimiento a La Unión Europea?; a su vez, ¿rescatamos y valoramos nuestra idiosincrasia y raigambre, aunque con apertura a lo externo y foráneo, y su heterogeneidad; de suerte que si, por ejemplo, la cumbia es aceptada y bailada por el pueblo es parte de nuestra cultura; por lo cual, resulta academicista y artificioso, por decir lo memos, que existan quienes defienden a ultranza la tesis de que solamente la cueca debe ser considerada baile nacional, con exclusión de otros ritmos que prevalecen en la conciencia colectiva y en el ser mismo del pueblo?.
Como contrapunto,:¿cuán rápido desaparecieron de las radios y los canales de televisión- lo digo dolorosa y amargamente- las presentaciones de cueca, y las típicas melodías que han surgido en nuestra gleba, que, por lo demás, son tan bellas y emocionantes, que debieran acompañarnos siempre para recordarnos “el origen y la residencia en la tierra”?.
¿Hasta cuándo deberemos observar y tolerar que la exaltación de la chilenidad, se limita a que personas que pertenecen a un estrato social alto, en lo económico- que hoy día se llama ABC1- se disfracen con el traje típico, para dar una impresión de arraigo a nuestras tradiciones más “significativas”; en circunstancias que evocan reminiscencias tales como que a fines del siglo diecinueve y comienzos del veinte el patrón de fundo de apersonaba ante el inquilinaje y el peonaje; haciendo uso y abuso del poder que ostentaba ?
Así mismo, tengo claro que detrás de cada uniforme hay una persona- verdad evidente, pero muchas veces encubierta, anulada u olvidada-, cuya humanidad merece toda consideración y miramiento- confieso que no siento una animadversión particular al respecto-; además, entiendo que ello responde a una necesidad, en el sentido de que las guerras han existido desde tiempos inmemoriales; y, lo más seguro, es que continúen acaeciendo en el futuro- el pacifismo utópico es un absurdo-. Sin embargo: ¿por qué en este mes está consagrado un día a las fuerzas armadas de manera exclusiva, dejando de lado la anónima misión de gendarmería que contribuye a preservar la unidad y la cohesión social; y no otorgando el relieve debido y especial a Carabineros de Chile-- recuerden que el último carabinero mártir, vivía con “el sueldo ético-, que son los que luchan en primera línea de fuego para salvaguardar el orden y la paz social, y, por ende, merecen un reconocimiento social irrestricto?.
Quizás no es un error plantear que si bien hubo una pléyade de héroes que derramaron su sangre en el campo de batalla, para conquistar la independencia de nuestro Chile: ¿acaso no sería un homenaje más noble y a la altura de la majestad de los mismos, consumar la empresa de entregar cultura, conocimiento, saber, y renovar el amor por nuestras raíces; así como dignidad, esperanza y genuina libertad a un pueblo que no percibe los beneficios del Leviatán de La Globalización; y que padece el nuevo yugo- ¿ o antiguo?-; del cual Diego Portales fue un profeta, al darse cuenta del peligro que entrañaba el lema ”América Para los Americanos”?.
Al respecto, me quedo con las palabras de Ernesto Che Guevara: “Me siento tan patriota de Latinoamérica, de cualquier país de Latinoamérica, como el que más y, en el momento en que fuera necesario, estaría dispuesto a entregar mi vida por la liberación de cualquiera de los países de Latinoamérica, sin pedirle nada a nadie, sin exigir nada, sin explotar a nadie”. Entonces, en vez de acercarnos a otros países, fuera de nuestro continente, con extremos egoísmo e individualismo, para firmar los TLC, caballos de batalla y puntas de lanza del neoliberalismo frenético y absolutista: debiéramos abrir los ojos, y contemplar la oportunidad de celebrar un pacto y un ceremonia que una los destinos de nuestras naciones latinoamericanas, en aras de la cristalización del sueño de Simón Bolívar, y todos los otros próceres y príncipes de heroísmo y desprendimiento a toda prueba- entre los cuales, descuella nuestro venerable Bernardo,-que alguna vez imaginaron una sola nación de hermanos.
“Pero ahora no me quedan más excusas porque se vuelve aquí siempre se vuelve.La nostalgia se escurre de los librosse introduce debajo de la piely esta ciudad sin párpadoseste país que nunca sueñade pronto se convierte en el único sitio donde el aire es mi airey la culpa es mi culpay en mi cama hay un pozo que es mi pozo y cuando extiendo el brazo estoy segurode la pared que toco o del vacíoy cuando miro el cieloveo acá mis nubes y allí mi Cruz del Sur mi alrededor son los ojos de todos y no me siento al margenahora ya sé que no me siento al margen. Quizá mi única noción de patria sea esta urgencia de decir Nosotros quizá mi única noción de patria sea este regreso al propio desconcierto”. (Mario Benedetti)