sábado, 13 de octubre de 2007

Resaca de fiestas patrias.
Después de las celebraciones tradicionales de septiembre, cabe formularse algunas reflexiones e interrogantes sobre un nuevo aniversario de la patria, para que cada ciudadano las medite.
¿Tenemos el valor, la inteligencia y la consecuencia ética y moral para rechazamos la postura fundamentalista nacionalista, que sólo nos aleja de la posibilidad de concretar y galvanizar una gran confraternidad latinoamericana, a la usanza de lo europeos, que a pesar de dos atroces guerras, lograron restañar las heridas, para dar nacimiento a La Unión Europea?; a su vez, ¿rescatamos y valoramos nuestra idiosincrasia y raigambre, aunque con apertura a lo externo y foráneo, y su heterogeneidad; de suerte que si, por ejemplo, la cumbia es aceptada y bailada por el pueblo es parte de nuestra cultura; por lo cual, resulta academicista y artificioso, por decir lo memos, que existan quienes defienden a ultranza la tesis de que solamente la cueca debe ser considerada baile nacional, con exclusión de otros ritmos que prevalecen en la conciencia colectiva y en el ser mismo del pueblo?.
Como contrapunto,:¿cuán rápido desaparecieron de las radios y los canales de televisión- lo digo dolorosa y amargamente- las presentaciones de cueca, y las típicas melodías que han surgido en nuestra gleba, que, por lo demás, son tan bellas y emocionantes, que debieran acompañarnos siempre para recordarnos “el origen y la residencia en la tierra”?.
¿Hasta cuándo deberemos observar y tolerar que la exaltación de la chilenidad, se limita a que personas que pertenecen a un estrato social alto, en lo económico- que hoy día se llama ABC1- se disfracen con el traje típico, para dar una impresión de arraigo a nuestras tradiciones más “significativas”; en circunstancias que evocan reminiscencias tales como que a fines del siglo diecinueve y comienzos del veinte el patrón de fundo de apersonaba ante el inquilinaje y el peonaje; haciendo uso y abuso del poder que ostentaba ?
Así mismo, tengo claro que detrás de cada uniforme hay una persona- verdad evidente, pero muchas veces encubierta, anulada u olvidada-, cuya humanidad merece toda consideración y miramiento- confieso que no siento una animadversión particular al respecto-; además, entiendo que ello responde a una necesidad, en el sentido de que las guerras han existido desde tiempos inmemoriales; y, lo más seguro, es que continúen acaeciendo en el futuro- el pacifismo utópico es un absurdo-. Sin embargo: ¿por qué en este mes está consagrado un día a las fuerzas armadas de manera exclusiva, dejando de lado la anónima misión de gendarmería que contribuye a preservar la unidad y la cohesión social; y no otorgando el relieve debido y especial a Carabineros de Chile-- recuerden que el último carabinero mártir, vivía con “el sueldo ético-, que son los que luchan en primera línea de fuego para salvaguardar el orden y la paz social, y, por ende, merecen un reconocimiento social irrestricto?.
Quizás no es un error plantear que si bien hubo una pléyade de héroes que derramaron su sangre en el campo de batalla, para conquistar la independencia de nuestro Chile: ¿acaso no sería un homenaje más noble y a la altura de la majestad de los mismos, consumar la empresa de entregar cultura, conocimiento, saber, y renovar el amor por nuestras raíces; así como dignidad, esperanza y genuina libertad a un pueblo que no percibe los beneficios del Leviatán de La Globalización; y que padece el nuevo yugo- ¿ o antiguo?-; del cual Diego Portales fue un profeta, al darse cuenta del peligro que entrañaba el lema ”América Para los Americanos”?.
Al respecto, me quedo con las palabras de Ernesto Che Guevara: “Me siento tan patriota de Latinoamérica, de cualquier país de Latinoamérica, como el que más y, en el momento en que fuera necesario, estaría dispuesto a entregar mi vida por la liberación de cualquiera de los países de Latinoamérica, sin pedirle nada a nadie, sin exigir nada, sin explotar a nadie”. Entonces, en vez de acercarnos a otros países, fuera de nuestro continente, con extremos egoísmo e individualismo, para firmar los TLC, caballos de batalla y puntas de lanza del neoliberalismo frenético y absolutista: debiéramos abrir los ojos, y contemplar la oportunidad de celebrar un pacto y un ceremonia que una los destinos de nuestras naciones latinoamericanas, en aras de la cristalización del sueño de Simón Bolívar, y todos los otros próceres y príncipes de heroísmo y desprendimiento a toda prueba- entre los cuales, descuella nuestro venerable Bernardo,-que alguna vez imaginaron una sola nación de hermanos.
“Pero ahora no me quedan más excusas porque se vuelve aquí siempre se vuelve.La nostalgia se escurre de los librosse introduce debajo de la piely esta ciudad sin párpadoseste país que nunca sueñade pronto se convierte en el único sitio donde el aire es mi airey la culpa es mi culpay en mi cama hay un pozo que es mi pozo y cuando extiendo el brazo estoy segurode la pared que toco o del vacíoy cuando miro el cieloveo acá mis nubes y allí mi Cruz del Sur mi alrededor son los ojos de todos y no me siento al margenahora ya sé que no me siento al margen. Quizá mi única noción de patria sea esta urgencia de decir Nosotros quizá mi única noción de patria sea este regreso al propio desconcierto”. (Mario Benedetti)

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