sábado, 13 de octubre de 2007

Radiografía del chileno de hoy

Radiografía del chileno de hoy.
El cuadro que pretendo mostrar- sin la pretensión de hablar ex catedra- es el desmenuzamiento del chileno de hoy, que ha sido moldeado y modelado por las fuerzas del mercado, invirtiendo la expresión bíblica de a “ imagen y semejanza de Dios”; poniendo de relieve algunas características del resultado de la implantación de la sociedad neoliberal- que es, a su vez, consecuencia de un proceso archiconocido, y que tiñó con sangre nuestra tierra, nuestra agua, nuestro cielo-; con todas las notables y descollantes excepciones del caso, ya que en cada hombre, en cada mujer existe el árbol de la dignidad, que florece con los frutos de la esperanza y la libertad, en quienes se oponen al Becerro de oro, y rechazan rendirle pleitesía y tributo; por lo cual, también, en cierto sentido, es la apología de quienes se mantienen en sus trece, por fidelidad al fuero interno y la verdad; y que buscan El Absoluto no en los escaparates de “un mall”; sino en la mirada pletórica de entrañable humanidad de un semejante
Y es que la opinión aquí expresada, parte de la premisa del valor, la belleza y nobleza que anidan en el pueblo chileno, además de reconocer la reserva de energía para la conquista de su destino, cuando se decida a plantar cara a los nuevos amos de la sociedad; y sólo representa la denuncia inexorable del “hombre económico” impuesto como herencia por la dictadura, y consolidado por el paso de estos amargos años de decepciones y frustraciones en torno a “la alegría” que prometía la concertación; la cual, tiene un compromiso con el Chile real, que todavía mantiene incumplido: el advenimiento de una democracia que toque a todos por igual, y no sólo a los militantes de alto coturno de los partidos oficialistas, o a quienes pertenecen a la respectivas camarillas de poder; ni hablar de los potentados que han fraguado su riqueza, durante estos años de bonanza sin precedentes, y que observan con desprecio, o indiferencia la suerte de las grandes masas.
Pues bien, sin más preámbulos, es menester hincar el diente en la cuestión de fondo.
El chileno no roza el saber que libera y humaniza, ni en su trabajo, ni en su vida privada: no lee, ni investiga, ni reflexiona, ni se cuestiona; pues esta actividad noble y excelente, propia de los libres y soberanos, requiere dedicación que es preferible destinar a ocupaciones que rindan beneficios que ojalá se puedan medir en términos de dinero, y de intereses que deriven de ello. ¿Cómo ha de destinar el valioso tiempo a tomar un objeto de papel, donde aparecen palabras que tienen por fin hacerlo meditar y tomar conciencia de la realidad?. Sentencio que: Es un millón de veces preferible el dedicarse a ganar dinero. Alguien dijo por ahí, que: ¿para qué reclaman tanto por el IVA, si basta que no lean los libros para matar la cultura y asfixiar el espíritu?.
El chileno, tiene atrofiada la imaginación y la fantasía, producto del hecho de que se acostumbró a consumir comida chatarra a través del cable, de un nivel cultural tan bajo que está por debajo del subterráneo- valga el juego de palabras-; lo que, también es aplicable a la televisión chilena, con la salvedades correspondientes en ambos casos. Luego, no es capaz de imaginar, ya que todo se lo entregan prefabricado según el molde espurio del “sueño de la vida americana”; y todo se reduce a reproducir como autómata los burdos estereotipos de la televisión made in Usa. Si no ¿cómo se explica que, verbigracia, haya cundido como reguero de pólvora la idea como patrón cultural de que la rubia- incluso ahora siliconada- tiene asegurada el pasaje al éxito y al bienestar económico; de suerte que el color blondo encubre o pretende negar las huellas de nuestras raíces, que se aprecian en los rostros de tantas muchas hermosas, que se avergüenzan de su origen indígena, o de su condición mestiza?
Así mismo, está imbuido con los mitos y leyendas, prejuicios, tópicos y clichés, obtenidos tanto de una educación desgarrada por contradicciones sociales, políticas, culturales que abruman al país, así como de una historia con la impronta de las diferencias y discrepancias, resueltas en el campo de batalla, contra el archi vapuleado “enemigo interno”; en otras palabras, el ciudadano común y corriente, que reclamaba-y reclama-por mejor educación, salud, trabajo. Pues bien, me pregunto y reflexiono- y pregunto y pretendo darles pábulo para sus propios cuestionamientos: ¿alguna vez se han detenido a escarbar, profundamente, en la enseñanza que se entrega en colegios y liceos, que derivan de libros y manuales, que, a decir lo menos, adolecen de un sesgo ideológico grosero; en tanto presentan una versión unilateral de la historia, y que, a la postre, redunda en que, la media verdad, o lisa y llanamente, la mentira, constituyan el alimento con el cual se nutren nuestros estudiantes y futuros “habitantes de la polis”, y que, se han de traducir en que cada uno defienda su trozo o porción de verdad como si fuera un absoluto; que se aferren a las heridas y traumas del pasado, que muchos pugnan por volver a abrir o mantener a medio restañar, con el objetivo interesado de sembrar y propagar la discordia en Latinoamérica; de suerte de provocar que: la utopía bolivariana choque contra barreras indestructibles tal como en la época del prócer, en virtud de que los grupos dominantes se empeñan en mantener a ultranza la separación de nuestros pueblos?.
A mayor abundamiento, si bien es cierto que hoy día ya que no se dispara un balazo a nadie por pensar por propia iniciativa y voluntad como durante la dictadura, bien vale pena interrogarse sobre lo siguiente:¿ de qué sirve la franquía para poder pensar si se es víctima inconsciente de la ignorancia, por cuanto se desconoce la clave y la cifra que podrían llevarnos a adoptar un actitud crítica y reflexiva, frente a la versión oficial?; y que, encuentra una de sus manifestaciones más paradójicas en, por ejemplo: la contradicción de no ofrecer ninguna resistencia a la depredación de nuestros recursos naturales; mientras que, si aparece un hermano boliviano o peruano o argentino o venezolano, comienza con expresiones de discordia, que sólo logran herir susceptibilidades más de la cuenta, en vez de abrir los brazos, para sellar un pacto de fraternidad entre nuestro pueblos.
Consecuentemente, me atrevo a aseverar que: Por añadidura, no tiene la capacidad, o la ha perdido, o ha renunciado a pensar en una sociedad, donde no sean determinadas cofradías, las que adheridos al cuerpo de la nación, extraigan la sangre de las venas y arterias del pueblo, de cada trabajador y trabajadora, que debe despertar con el sol, para generar la riqueza que después se embolsa una fauna felina de empresarios, de hambre voraz y atroz del trabajo humano. En cierto modo, la utopía si está oleada y sacramentada, en la medida en que para pensar en ella, es condición previa el tener la claridad mental, la voluntad férrea, el desprendimiento espiritual e intelectual para iniciar el vuelo hacia lejanías, que nos hacen concebir la esperanza de poder edificar un mundo mejor, más justo y más humano. En sentido contrario, el único sueño con que se obsesiona el “hombre promedio” o “prototípico” que señorean en estos tiempos, y que se encuentra sobre la cresta de la ola: es hacer carrera; triunfar sobre la base de la competencia más cruel- por demás, individualista en grado sumo-; y acumular bienes materiales, a fuer de una montaña de cachivaches, que al final no saben darle sentido a su existencia, ni paz a su corazón, ni fe a su alma, ni luz a su intelecto, ni esperanza su ser.
Además, se ha acostumbrado y resignado a que, cada cierto tiempo, se le monte el show de la fiesta cívica, del ejemplar civismo de la ciudadanía, de que el voto-dictado por la manipulación de las técnicas modernas de lavado de cerebro - cuenta y tiene un significado e influencia reales en la definición de la suerte del país, de él, ella, de sus hijos. Alguna vez, realmente, se ha preguntado: ¿qué podría llegar a suceder si cada ciudadano levantara su voz para impedir toda clase de abuso que se cometen ya hace diecinueve años; y exigir cuentas y resultados a quienes dicen representarnos, para trasformar la democracia en una obra de arte, en cuya cristalización participara toda la comunidad, y cuyos frutos se dividieran equitativamente; y que no fuera solamente una palabra con que el hipnotizador de serpientes logra dormir la conciencia crítica, donde anida la única oportunidad de despertar y luchar por la transmutación de una sociedad desgarrada entre ricos y pobres: ricos que ostentan fortunas que adquieren ribetes ofensivos y agresivos; pobres, que tienen la libertad de endeudarse hasta privarse de su dignidad, y de seguir soportando la opresión y la explotación del hombre por el hombre, en el contexto de la globalización?…¿Qué ha cambiado?.
Al ponerse el sol, regresa de su jornada de trabajo, que no le reporta lo suficiente para vivir con independencia y señorío, después de haberle hecho el juego al Moloch de la globalización y la postmodernidad, ora un banco, ora una multitienda, ora cualquier modalidad o expresión de servidumbre moderna, al extremo de quedar convertido en ilota. Muy contento de no haber zozobrado en un mar de olas gigantescas, de angustia y aflicción por el sobreendeudamiento, se arrellana en un sillón, y se apresta con el control remoto a adueñarse de su parcela o porción de felicidad, que se le permite; y que, precisamente, es dirigir a distancia: elegir entre un variado menú de bazofia, sencillamente mierda, escoria, que la televisión le ofrece para degustar
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