domingo, 30 de noviembre de 2008

Escorzo de Ernesto Sábato. Quinta Parte.
En medio de la devastación cósmica desencadenada por la muerte de Matilde y de su amado hijo Jorgito,
el artista tiene la generosidad y bondad extremas de brotar de nuevo a la vida, a las puertas de la muerte,
para entregar un mensaje de cálida humanidad.

El dolor es inenarrable; la angustia, a penas permite estar en pie;
la desolación ha barrido con un ramalazo feroz:
todas las construcciones utópicas, edificadas a lo largo de la existencia.
Ya la lectura, la escritura, la pintura no son vías libres hacia la trascendencia;
el abatimiento y la pesadumbre hunden y aplastan al artista,
en el desfondamiento del espíritu.

Pero, ¿por qué se opera el portento del renacimiento desde las cenizas, que estaban esparcidas por los confines del desconcierto y la incertidumbre?.
La conciencia, el valor, el temple de saberse depositario y salvaguardia de lo humano per se;
de saber que los humildes, ha hecho un acto de fe
al confiar en el escritor la posibilidad de una mirada
que restituya los fueros de la dignidad del hombre,
constituyen el aliciente para retomar la empresa de
trasformar este mundo en un lugar mejor y más digno de vivirse; utopía que nos convoca a todos por igual.

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