Meditación sobre la película “The
Truman Show” o Como Occidente se ha trasformado en un reality show.
Se trata de denunciar que los medios de comunicación de masa, se han trasformado en una telaraña mundial, que abarca el globo entero; nuestra vida, nuestra personalidad; programando nuestros gustos, preferencias, aficiones, pasiones; que nos ordena cómo pensar, sentir y actuar, jugando con y manipulando nuestras emociones; violentando la conciencia en los estratos más sagrados, que antes estaban reservados a Dios, o lo Absoluto, o el Ser; pero que ahora pertenece al ídolo con pies de barro, llamado globalización; y que anulan toda la riqueza individual, tanto en lo ontológico como en lo metafísico, que anida como potencialidad, a la espera de trasformarse en acto.
Mi intención, es establecer respecto de los mass media: su omnipresencia, o sea presencia en todas partes; su omnipotencia, o sea que todo lo pueden; y su omnisciencia, o sea que todo lo saben; lo que atenta contra la posibilidad de llegar a ser plena e integralmente humano, y que está en disonancia con la genuina LIBERTAD.
¿Acaso posee independencia y autonomía un sujeto, a quien se le ha inoculado que la felicidad se compra al precio de un artefacto cualesquiera; o que el placer va de la mano con imágenes que nos trasladan a un mundo paradisíaco, con bellezas artificiales que son el anzuelo para atrapar a los clientes?. De lo anterior se colige que: se barre todo rastro de vida inteligente; y se convierte en un gran cementerio, del cual no puede volver a brotar ningún gesto de rebeldía. Ni hablar que se debe aceptar la apariencia que se presenta como realidad, a fuer de reality show; ya por la buena, en el sentido de “voluntariamente” asumir las coordenadas impuestas; o ser sometido a un proceso, que tienda a estigmatizar como incapaz de adaptarse a la sociedad actual, con todas las consecuencias adversas que de ello dimana. Tanto así, que hasta el lenguaje ha perdido el filo cortante, de crítica filosófica negativa, que tuviera en pensadores como Marcuse, Fromm, Adorno. Aunque existen iconoclastas como Savater, con gran energía y entusiasmo, para abocarse a zapar el espejismo.
En este universo del reality show, cerrado como totalidad, nadie puede optar por la disidencia tajante y categórica; ni tiene, mucho menos, la franquía para abandonar la ficción, con que se pretende recrear la vida humana. Así, nadie puede subvertir ni poner en duda, lo que el sentido común afirma y da por incuestionable, salvo que sea un marginal o un enfermo mental; aunque, por desgracia, la película aporta una solución políticamente correcta, ya que el personaje abandona el estudio prisión, a modo de escenario que reproducía el mundo real, pero que en el fondo no era más que “un espectáculo real”.
Entonces, cabe plantear que Occidente se ha convertido en un “Show de Truman”; en que la profecía de un ojo que todo lo ilumina y todo lo abarca y encierra, se ha cumplido a rajatabla, es decir con todo rigor y de forma absoluta; de suerte que se han aniquilado los espacios destinados a la intimidad y la espiritualidad, donde el hombre estaba de rodillas ante Dios, o su fuero interno; y que ahora es un campo de concentración, de la dictadura de los mass media, que programa y produce en serie desde nuestras conductas hasta las modas. ¡ En cierto modo, si no tomamos las medidas adecuadas, y no reaccionamos oportunamente, nos enfrentaremos a la utopía invertida, que anhelan los panegiristas y deudores de este nuevo totalitarismo: el eclipse definitivo del hombre.
Por demás, parece iluso aseverar que: el arte, puede ser un vehículo de reconciliación, en cuanto a que resuelva las polaridades que permanecen desgarradas e irreconciliables, el espíritu aherrojado por fuerzas sociopolíticas y por el peso de la inercia histórica, y la potencialidad de restablecer la armonía, dando cabida a la emancipación y dignificación del hombre, a partir del reconocimiento de su estatuto en sí y por sí: que no es un objeto, ni una cosa, ni un medio, que no se ha de tratar como un producto o como una mercadería, susceptible de transarse según las reglas del mercado, o de exponerse en un escaparate; tampoco como un receptáculo pasivo, que sólo tiene que ser atiborrado con toda clase de “novedad” que se emite como artificios, trampas para atrapar y mantener aherrojada la razón, o al menos emborrachada de- repito- novedades; sino, por el contrario, un fin en sí mismo y un microcosmos en el sentido de Scheler. Encima, la tiranía en cuestión, ha prostituido y pervertido el contenido de alta cultura, con consecuencias nefastas; por ejemplo: cierta marca de tallarines, utiliza “El Nacimiento De La Venus Desnuda,”, para promocionar su mercadería.
Pero el desierto, tiene quizás una senda de escape, de este totalitarismo: cultivar el intelecto, para dar mayor poder de destrucción al análisis; confrontar y rechazar, mensajes unívocos y unidireccionales, que proceden de emisores que seleccionan porciones de información, funcional al control sobre la mente, para dar la imagen de que el constructo que han elaborado como imagen de mundo, es el principio y fin de la realidad; el diálogo socrático, que desmantela la doxa u opinión o, lo que es aun peor, la vacía, huera y banal opinología de la televisión, los diarios, la radio, que es igual a decir nada-¡ perdóneme Vicente Huidobro!-;la denuncia de las medias verdades o de las mentiras detectadas; exigir fuentes de formación plurales e independientes del poder; salir a la palestra a razonar y dialogar con los corifeos que cantan a los cuatro vientos el fin de la historia, y endiosan la tecnología como si ésta fuera a acabar, por arte de magia, con la miserias y el sufrimiento humanos; y oponerse a la charada a que se nos pretende arrastrar: ser comparsas de una obra, en la cual somos actores secundarios y extras, con un libreto que no hemos escrito, y con una dirección que no es democrática, y que trabaja contra toda libertad mental y espiritual.
Aunque parafraseando a Bobbio, la caverna permanece densa en su obscuridad, propugno el retorno a nuestras raíces culturales, para recuperar vitalidad, grandeza, belleza, bondad, profundidad y trascendencia. En esta línea de argumentación, me declaro deudor de Enrique Rojas: procurar una mirada de redescubrimiento sobre la antigüedad greco latina y la tradición judeo cristiana, así como también las tradiciones orientales, para configurar una perspectiva sobre el hombre, y poder recuperarlo en su integridad; y no permitir que el siglo veintiuno, sea el de la opresión de la ideología más ideológica que se pueda concebir: la que afirma el fin y la muerte de las otras cosmovisiones, para apoderarse del botín de los perdedores; y que el deimon, que impulsó Sócrates en el derrotero del sacrificio por amor y fidelidad a la verdad- en su caso el reconocimiento miliar de la ignorancia- sea remplazado por la prisión del pensamiento, por el archipiélago GULAG del espíritu, por el de Auschwitz de la mente, por el avasallamiento y aniquilación de todo gesto de resistencia.
Como palabras finales, dejo la abierta la puerta a la imaginación y la esperanza, para concebir una alborada, para regresar al placer de un poesía de Neruda; un libro de Sábato o Borges; una música docta como las “Variaciones Goldberg” de Bach; una película iluminadora como “La Quimera del Oro”, del inmortal Chaplin; sobre todo una conversación con los seres amados, y un contacto y comunión con nuestros semejantes, que recuperen el sentido de nuestra dignidad: la soberanía que nos permite practicar la auto cognición, en palabras de Ernst Cassirer; es decir, tener con-ciencia de nuestro ser y nuestra propia existencia. Y la esperanza de que todos los esfuerzos consagrados al respecto, valen la pena con creces; que se justifica disponer de todo nuestro tiempo para tal fin último; de que más allá de la amargura y el desconcierto que, a veces, señorean en el corazón si un sola semilla germina, la cosecha habrá dado frutos: no tolerar más la des-humanización, la inexorable expansión del desierto.
El adiós, corre a cargo de Ernesto Sábato, humanista acérrimo e infatigable testigo de lo Absoluto: “Hay días en que me levanto con una esperanza demencial; momentos en los que siento que las posibilidades de una vida mas humana, están al alcance de nuestras manos. Este es uno de esos días. Creo que todos tenemos esos días. Nos despertamos con ganas de cambiar al mundo, plenamente convencidos de que la humanidad puede mejorar” .
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