sábado, 29 de noviembre de 2008

Meditaciones contra la opresión de la clase política.
La lectura del libro notable, “Panfleto desde el Planeta de los Simios” de Manuel Vásquez Montalbán, me ha inspirado ciertas reflexiones, que tiene por objetivo remover las conciencias del ciudadano, que está anquilosado y observa como los menos hacen la historia por él o ella, y les obligan a permanecer en la trastienda de la misma; mientras otros son los que se apropian del poder y lo controlan, amén de la riqueza, la fortuna, la gloria, el reconocimiento; y, como no tienen ni un pelo de lesos, elaboran un discurso destinado a justificar el establecimiento de cierto orden y sistema, que nadie tiene derecho a poner en tela de juicio, so peligro de ser tildado como resentido, o nostálgico del comunismo o algo por el estilo: en el caso de Chile, es el híbrido, amancebamiento y amalgama resultante de la comunión entre la derecha y la concertación, durante todos estos años de “democracia”; más bien diría yo, espectro, sombra o fantasma; y que ahora ha encontrado su más irrisoria y grotesca expresión en el bacheletismo aliancista.
Así, tenemos una clase política que se ha convertido en una verdadera casta cerrada; la que tiene por norte la posesión y preservación de todos los privilegios habidos y por haber, que ha conquistado hasta ahora-¿quién sabe cuántos más acumularán en el futuro?-;que, de forma efectiva, cuenta con el apoyo de una maquinaria inmensa, para crear la ilusión de la democracia participativa, en cuanto a convocar al ciudadano a emitir su sufragio, pero sin ninguna restricción ni cortapisa una vez que ha asumido el mandato, en el sentido de rendir cuentas al electorado directamente, “no cada cuatro años”, suficiente tiempo para volver a engañar y manipular la conciencias, con todas las técnicas que proporcionan la asesoría de imágenes; sino, por el contrario, cotidianamente,-cabe, por cierto, preguntarse:¿qué diputado o senador, ha sido obligado a renunciar a su trabajo, como consecuencia de haber demostrado falta de compromiso y de responsabilidad en el cumplimiento de sus deberes de cara a quienes lo votaron?-; que se cierra sobre sí de una manera férrea, de suerte que resulta sobremanera difícil permearla o penetrarla, pues sólo unos pocos favorecidos pueden disfrutar de las garantías y prerrogativas de pertenecer a dicha cofradía; que está adquiriendo ribetes de aristocracia, en cuanto a que se ha dado el caso de que el cargo o el puesto tanto es ora “propiedad o mejor derecho de” o “heredable”, ya que fulano tiene, aparentemente, la prerrogativa por pertenecer al partido de mayor incidencia; y, en algunos casos, se suma el agravante de ser descendiente de quien ostentara el cargo o la investidura en el pasado- hemos conocido el caso de presidentes, que han sido hijos de primeros mandatarios; lo cual, eso sí, data prácticamente de los orígenes de la república, y que ostenta un sello oligárquico, que ha tendido a mantenerse en el tiempo-; aunque ello parece ser una característica propia de los grupos que se enseñorean en una sociedad, y construyen todo un imaginario destinado a dar la impresión de que las cosas “han sido así, deben ser así, y seguirán siendo así”; y, más encima tienen algo de mafia, en cuanto a que funcionan con “códigos de honor”,las órdenes partidarias, los temas reservados, que a la larga constituye un círculo de acero que nadie puede sobrepasar, si desea permanecer como cortesano sentado a la mesa del príncipe.
Si bien reconozco que mi análisis es parcial; y que de algún modo el aparato del Estado debe funcionar; a la vez, afirmo que: dadas las condiciones sociales, económicas, culturales, políticas que imperan en nuestra sociedad, nuestra democracia no califica en las ligas mayores.
Arturo Jaque Rojas

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