Meditación.
El sol reina en la cúspide del templo;
pero la luz mortecina, se filtra y derrama por los resquicios del espacio,
a través de las paredes minerales.
El continuo se desintegra en miríadas de destellos, imágenes, dolores, memorias.
La corrosión agrieta y raja los fundamentos;
los pilares tiemblan con el pulso del cosmos.
El inexorable río del tiempo arrastra y ahoga a Jeremías.
La marejada del silencio hacia la soledad y hacia la nada.
Los esbirros de Sauron, torturan al hombre en las tinieblas de la ignorancia y el sufrimiento;
y encadenan las esperanzas y las utopías en fétidas mazmorras.
Pero el atalaya no renuncia a la causa de los pobres, los hambrientos, los tristes, los vagabundos,
perdidos en la noche.
Sus ojos de fuego e infinito buscan lo Absoluto en la miseria y la basura.
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