Crítica a la falta de crítica educacional.
Durante el período de las vacaciones, que ya se avecina, en nuestro país de singulares contrastes, paradojas y contradicciones en todo orden de cosas- los canales de televisión, por ejemplo, se dedican, generosamente, a exhibir traseros y tetas hasta la saciedad, como una forma de fomentar el “turismo”- pareciera que nadie se ocupa del funcionamiento del subsistema escolar, cuya crisis es más que evidente, y que nuevamente ha quedado de manifiesto en los resultados de la PSU.
Así, resulta increíble que, en un tema de importancia más que crucial, y con la cual los medios nos bombardearan con noticias durante todo el año pasado: no haya pronunciamientos, ni análisis ni conclusiones sobre dicha problemática.
Deseo profundizar, para tratar de explicar algunas causas que dan cuenta de la crisis de la educación; aunque reconozco de antemano la imposibilidad de agotar el hontanar que es en sí y por sí:
1-Para hacer que la educación mejore y se modernice, es, totalmente, imprescindible que quienes tienen la obligación de dirigir el país, tomen de conciencia de que debe ser declarada y considerada prioridad uno, a la par que otras materias sociales como la salud. Así es una obviedad que debe darse un incremento significativo en los salarios, para que una persona pueda trabajar con dignidad, motivación especial, espíritu de compromiso y entregar todo su potencial, en el cumplimiento de sus obligaciones. En todo caso, cabe señalar que: a pesar de lo irrisorio que resultan las remuneraciones del profesorado, tengo la certeza de que- si bien no es la causa primera de la postración y mediocridad extrema de la educación municipal, influye en cuanto aborta vocaciones y proyectos-la inmensa mayoría trabaja con el compromiso de su ser, en educar.
Ello, ha de acompañarse con el inaplazable cambio del estatuto docente, en el entendido que nadie puede ni debe tener su puesto de trabajo, a perpetuidad, si es incompetente y no produce nada-bajo el presupuesto de que el parámetro con que la ha de medir, no es ni puede ser el mismo baremo con que se evalúa la producción y rentabilidad de cualquier industria-; ya que no es aceptable que conforme una atadura para los administradores de la educación, quienes son los llamados a obtener los logros de excelencia que el país espera y demanda, con el concurso de los mejores elementos consagrados a ello, en un marco legal objetivo, que no permita los atropellos ni las arbitrariedades de parte de los jefes hacia el personal. En términos directos, estoy hablando de acabar con la imposibilidad de despedir a un educador, salvo que cometa un crimen, o una grave omisión en sus quehaceres: ¡Es un imperativo terminar con tal inamovilidad!.
2-Desde otra perspectiva, cabe afirmar que: la educación refleja las graves diferencia sociales que afectan a nuestra sociedad; ya que es más factible que un egresado de un establecimiento de educación municipal, termine su vida, desempeñando funciones que corresponden a un oficio menor, que tenga la coyuntura de llegar a convertirse en un profesional o técnico superior. Como educador del ámbito municipal, tengo la experiencia directa y fresca- dolorosa y sobrecogedora- de haber visto cómo una infinidad de jóvenes y jovencitas que han egresado de la enseñanza media, con el corazón y el espíritu pletóricos de ilusiones, se han insertado en el mundo laboral, en condiciones bastante adversas, sin esperanzas de mirar hacia otros horizontes.
De algún modo, opera una economía y una política inexorables, que no permite ni tolera variaciones que alteren las estructuras de la sociedad; pues grados más, grados menos, el hijo tenderá a reproducir las condiciones sociales y culturales, en cuyo seno creció y fue formado. Así, es casi imposible, por lógica, que un hijo de un obrero llegue a ser gerente de una empresa de prestigio. Por ello, resulta absurdo y estúpido el aviso comercial de cierta casa de estudios superiores, que envía el siguiente mensaje: que si uno ingresa a ella, tiene o tendrá la oportunidad de convertirse en gerente.
3-Por último, y en una dimensión no menos dramática y perturbadora, hago un emplazamiento a las personas, en función de que: piensen si es factible pedir a un muchacho o una muchacha que estudie y obtenga buenos rendimientos, siendo que su familia tiene un nivel de ingresos, que oscila entre los 100.000 y 200.000 pesos, aunque puede ser más bajo- al momento de matricular, he constatado que es una realidad, que acontece con mayor frecuencia de la que uno se imagina-; cuyos padres se encuentran ausentes, ya sea por la necesidad apremiante de tener que ganar los recursos indispensables para vivir, ya por la circunstancia de que uno de ellos o los dos se han involucrado en líos con la justicia, y se hayan privados de libertad; o que se ha dado el abandono del hogar por parte del hombre, o que se trata de una madre soltera que, en forma abnegada y noble, intenta sacar adelante a su progenie, en medio de la pobreza económica más palmaria, con todas las nefastas consecuencias sociales y psicológicas que redundan de ello, en desmedro del desarrollo del adolescente; cuya casa, carece del espacio suficiente, para generar la intimidad para ese humano, para que la dignidad y el respeto, enmarquen la maduración de su personalidad; sin recursos culturales como libros, y sin los modelos y pautas a seguir que pudieran llevar al entendimiento de la relevancia fundamental de estudiar; agravado ello por cuanto se ha perdido la dinámica de movilidad social, que hacía ver en la educación una oportunidad de ascenso social, de progreso y modernización. Lo que la minoría logra, en un medio tan adverso, es una proeza digna de Hércules.
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