Caminemos.
Te ofrezco mi compañía por lo senderos de la vida.
Te tiendo mi mano, y no espero la tuya a cambio.
Te ofrendo una sonrisa, y no anhelo poseer el sol en tu rostro.
Te miro con los luceros de la noche y la mañana, y no busco perderme en tus ojos.
Te regalo mi brazo para que te apoyes, y no te pido que seas mi cayado.
Te entrego mi pecho para que te protejas, y no reclamo la sombra de tu amor.
Te doy la cumbre de mi hombro,
y espero mirarte desde la hermosura del valle que pisan tus pies.
Te dono el calor de mi sangre, y anhelo entibiarte en invierno.
Te extiendo mis brazos para rozar tu silueta, y bailar contigo en la noche de mi existencia.
Te señalo la Cruz del Nazareno y allí se encuentran las respuestas que busca mi corazón: las flores del amor, en sus manos, pies, costado.
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