viernes, 17 de julio de 2009

Meditación:

¿un reality show o un Gulag para el cuerpo, la mente y el espíritu del ser humano?

Se trata de denunciar que los mass media, abarcan el globo entero; nuestra vida, nuestra personalidad; programando nuestros gustos, preferencias, aficiones, pasiones; que nos ordena cómo pensar, sentir y actuar, jugando con y manipulando nuestras emociones; violentando la conciencia en los estratos más sagrados, que antes estaban reservados a Dios, o lo Absoluto, o el Ser; pero que ahora pertenece al ídolo con pies de barro, llamado globalización, con una dimensión de especial perversidad: la ciber tecnología de la Internet- que en sí misma es neutra; pero cuyo uso ideológico puede reforzar las cadenas de la esclavitud del ser humano-; y que anulan toda la riqueza individual, tanto en lo ontológico como en lo metafísico, que anida como potencialidad, a la espera de trasformarse en acto, en cada persona.

También, por supuesto, establecer, su, aparentemente, invencible totalitarismo: su omnipresencia, o sea presencia en todas partes; su omnipotencia, o sea que todo lo pueden; y su omnisciencia, o sea que todo lo saben; lo que atenta contra la posibilidad de llegar a ser plena e integralmente humano, y que está en disonancia con la genuina LIBERTAD.

¿Acaso posee independencia y autonomía un sujeto, a quien se le ha inoculado que la felicidad se compra al precio de un artefacto cualesquiera; o que el placer va de la mano con imágenes que nos trasladan a un mundo paradisíaco, con bellezas artificiales que son el anzuelo para atrapar a los clientes?. De lo anterior se colige que: se barre todo rastro de vida inteligente, consciente y crítica; y caemos bajo la lógica de la opresión y la reificación.

Ni hablar que se debe aceptar la apariencia que se presenta reality show; ya por la buena, en el sentido de “voluntariamente” asumir las coordenadas impuestas; o ser sometido a un proceso, que tienda a estigmatizar como incapaz de adaptarse a la sociedad actual, con todas las consecuencias adversas que de ello dimana… ¿Cuántos inconformistas o críticos de su tiempo, fueron llevados al borde a la destrucción?..., pregunta que queda en el aire y rondando.

En este universo, cerrado como totalidad, nadie puede optar por la disidencia; ni tiene, mucho menos, la

posibilidad de abandonar la ficción, con que se pretende recrear la vida humana. Así, nadie puede subvertir ni poner en duda, lo que “el sentido común” afirma y da por incuestionable, salvo que sea un marginal o un enfermo mental; dentro del escenario que reproduce el mundo real, pero que en el fondo no era más que “un espectáculo real”; so pena de que se le acuse de chavista, nostálgico del comunismo, anarquista, indigenista o algo así; los diversos mecanismos con que los amos pretenden neutralizar a los que piensan en los bordes del discurso oficial, o entran en colisión con el mismo. Luego, nos enfrentamos a una espeluznaste servidumbre de nuevo cuño, sin precedentes en cuanto al control y la manipulación mental e ideológica.

Entonces, cabe plantear que Occidente se ha convertido en un “Show de Truman”; en que la profecía de un ojo que todo lo ilumina y todo lo abarca y encierra, se ha cumplido; de suerte que se han aniquilado los espacios destinados a la intimidad y la espiritualidad, donde el hombre estaba de rodillas ante Dios, o su fuero interno; y que ahora es un campo de concentración, de la dictadura de los mass media, con el agravante ya mencionado; dependiendo de la intencionalidad de su uso y abuso. En cierto modo, si no tomamos las medidas adecuadas, y no reaccionamos oportunamente, nos enfrentaremos a la utopía invertida, que anhelan los panegiristas y deudores de este nuevo fascismo: el eclipse definitivo del Ser humano.

Pero el desierto, tiene quizás una senda de escape: cultivar el intelecto, para dar mayor poder de destrucción al análisis; confrontar y rechazar, mensajes unívocos y unidireccionales, que proceden de emisores que seleccionan porciones de información, funcional al control sobre la mente, para aceptar el constructo que han elaborado como imagen de mundo, “principio y fin de la realidad”; el diálogo socrático, que desmantela la opinión o, lo que es aun peor, la vacía, huera y banal opinología de la televisión, los diarios, la radio, que es igual a decir nada-¡ perdóneme Vicente Huidobro!-;la denuncia de las medias verdades o de las mentiras detectadas; exigir fuentes de formación plurales e independientes del poder; salir a la palestra a razonar y dialogar con los que cantan y se felicitan por el fin de la historia, y endiosan la tecnología como si ésta fuera a acabar, por arte de magia, con la miserias y el sufrimiento humanos.

Un gesto supremo de rebeldía es: oponerse a la charada a que se nos pretende arrastrar; negarse, a muerte, a ser comparsas de una obra, en la cual somos actores secundarios y extras, con un libreto que no hemos escrito, y con una dirección que no es democrática, y que trabaja contra toda libertad mental y espiritual.

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