sábado, 14 de mayo de 2011

El Sutra del Dolor.


Tornan a morir las hojas,

sobre un túmulo el tiempo vela,

impasible y ciego;

volverá a la vida,

cuando la sangre y el aire

las despierten.

Los árboles pierden atuendos,

de gemas y tejidos necrosados;

reducidos a lo esencial,

volverá a la vida,

cuando les presten otros ropajes

y nuevos alientos, los seres ocultos.

Pensamientos caen del muro,

se descascaran deseos, necesidades,

se pudren en la tierra

que disuelve la realidad;

trasmutan en humus de nirvana;

volverá a la vida,

cuando no sean cadenas

que aferren,

a la rueda del renacimiento inexorable.

Presas en trenas de

carne y osamenta,

las almas trazan el peregrinar

del error por la materia,

y sucumben a

los ciclos perpetuos

de obscuridad;

volverá a la vida,

cuando dejen atrás

lo impermanente,

el velo de Maya.

Sitian el corazón,

ejércitos de deseos,

voraces de sevicia,

sangre y furia;

no aceptan la tregua

que suplica la mente;

volverá a la vida,

cuando aquieten

la voz urgente

que agrieta el cielo interno.

Las utopías provocan

las lágrimas del espíritu;

volverá a la vida,

cuando sean sólo una palabra,

desprovista de cuerpo y sonido.

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