sábado, 7 de mayo de 2011

Resonancia de Ernesto Sábato


El niño que debe hurgar en los tarros de basura, para sobrevivir;

el niño de la calle, que es asesinado por

los escuadrones de la muerte en Brasil;

el infante, que es secuestrado en alguna arrabal de Sudamérica,

para ser vendido a las sociedades desarrolladas,

donde se usarán sus órganos para dar vida a los ricos y poderosos;

el cesante crónico, que se enfrenta a la ignominia de que se

le niegue la posibilidad del trabajo, o sea la dignidad;

el expatriado, que ha de devenir por el mundo

para tratar de sobrevivir a duras penas,

al encontrar la nueva patria que lo ha de acoger;

el rostro triste y desamparado del hijo de ese expatriado,

que es una súplica a toda la humanidad;

el chiquillo que se acerca temeroso a la mesa del escritor,

para compartir con él un dibujo donde refleja

las ilusiones que jamás se verán concretadas;

la certeza de que el hambre podría

ser borrada de la faz de la tierra,

si hubiera misericordia en el corazón,

de los amos y patrones de la civilización;

la convicción de que estamos sufriendo

la peor crisis de la civilización occidental,

con centro en la razón, el progreso,

la divinización de la ciencia y la técnica, y

que sólo el renacimiento del genuino humanismo

nos redimirá de la catástrofe final.

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