sábado, 30 de abril de 2011

Con Ernesto Sábato


El desgarramiento primordial, que afecta el alma del artista,

no se puede resolver con una concesión a los

falsos dioses de la ciencia y la tecnología.

El artista, experimenta espanto metafísico

ante la posibilidad de radicalizar

la evolución material de la humanidad;

en circunstancias de que somos y seguimos siendo

enanos en el plano del pensamiento,

la meditación y la inteligencia de los arcanos de la existencia.

El artista observa, se alarma y sobrecoge

ante el proceso de desacralización que ha sufrido el universo.

El "dios en la tierra", ha sido convertido en

una pieza más dentro de la maquinaria del funcionamiento social,

insignificante en su tamaño,

su presencia dentro del todo, absolutamente reemplazable;

uno de los pocos absolutos,

que han sobrevivido a la debacle en que

el espíritu se ha hundido en la absurdidad,

una nao a la deriva por toda la eternidad.

El artista posee la lucidez, la honestidad,

la independencia para no sumarse a los corifeos,

que cantan la gloria y esplendor de este nuevo Jehová,

hecho de dólares, soledad, angustia, dolor,

sufrimiento, discriminación, humillación,

hollamiento de la dignidad del ser humano.

Aunque es una batalla que se libra

para proteger lo más sagrado

y santo que anida en el corazón del hombre,

y que el artista sabe que no tiene fuerzas

ni vida para perpetuar esta lucha,

apunta con su dedo la dirección,

para que las nuevas generaciones no permitan

que las banderas del espíritu queden

en manos de aquellos que miden

todo en función de la productividad y el rendimiento.

Ernesto Sábato ha fallecido;

su cuerpo, ha sido devorado por el Hades:

sólo sé que cada contradicción o error de él,

por muy grave que fuese, y por mucho dolor

que provocase en los seres amados entrañablemente,

alimentó a aquellos que buscamos

el derrotero que nos acerque al plano

donde comulgar en torno a la absoluto con el hombre,

sin la infamia y oprobio de utilizarlo para,

luego, desecharlo en cualquier basurero, y conseguir un repuesto.

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