
La soledad del tiempo.
El designio inescrutable: recibir el don robado a
no deseado por la carne trepidante,
abandonar la matriz donde se cuece la retorta del Tao,
fluye y refluye por venas y arterias siderales,
hasta el regreso al origen.
La ofrenda de la luz,
en manos de simples huesos
y carne,
que no soportan la levedad del absoluto relativizado en miseria.
Ya lo dijo Heráclito, en un río que lo arrastró a él mismo, y borró su rostro;
y Agustín, que sabía lo que era,
pero su palabra era paralítica y muda,
cuando trataba de explicarlo;
y Borges, como una metáfora de bibliotecas y laberintos,
que obsesionó el fuego de su obscuridad.
Un segundo, en esta corriente que avanza lenta, sin fatigarse jamás,
que descuaja y pulveriza los cubículos intangibles,
que derruye y arrasa las furias de la lucha entre la noche y el día.
Cuando abrimos los ojos a la fantasmagoría de otra alborada;
y el agua desprende las excrecencias oníricas de la locura;
madeja de incógnitas, desvíos, retrocesos, escondrijos, dioses y espantajos, monstruosos hallazgos;
cuando la otredad es una capaz de hielo imposible de quebrar;
y se fugan hacia otros horizontes los misterios del corazón humano,
y se pierden las palabras entre los taladros, los bocinazos, los gritos,
los celulares que reemplazaron a las bocas;
y los rostros se tornan sombras y recuerdos;
y la mismidad explota como una bomba anarquista,
único mensaje válido en el pandemónium 21,
nos damos cuenta que el tiempo es condena, cárcel, patíbulo, ejecución.
1 comentario:
Supongo que es obra tuya...què màs puedo decir? Sòlo disfrutar con la relectura del mismo...
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