domingo, 12 de junio de 2011

¿Cuándo moriré?


Cuando mis ojos no vean el sufrimiento

del rostro frente a mí, entre la multitud;

y no le rescate y me rescate del anonimato,

donde la angustia y lo absoluto,

son como martillazos gigantescos,

que se abaten una y otra vez,

sin piedad ni tregua.

Y mis manos se aprieten no para proclamar

la rebeldía que debe ser mi punta de lanza

contra los opresores que danzan en la tumba del Quijote,

sueño de justicia que escapa hacia la realidad,

del Che,

juventud sacrificada en el ara de la guerrilla,

de Sandino, amor por la libertad que no puede ser extinto,

de Oscar Romero, apostolado por los pobres de la historia.

Y mis oídos no escuchen los gemidos

y los llantos que vagan por las calles,

de hormigas que son humilladas por recibir un sueldo,

y no tienen derecho a defender su dignidad,

burla entre diabólica y platónica

para los condenados al salario de la miseria.

Y mi corazón ya no se acompase a una utopía,

quizás la última,

pero que vale más que el oro o el poder

que acumulan los sátrapas de cualquier latitud,

luchar en la palestra del tiempo,

donde todo perece excepto la voluntad de luchar,

en la liza del proceloso corazón,

para hacer de esta tierra un poco de

lo que soñaron los profetas, poetas,

dementes, rebeldes, marginales:

un lugar donde poder vivir en paz y libertad.

Y mi conciencia sea acallada

por acentos de metal y abstracción,

fantasmas y sombras que

pretenden devorar la luz de mi alma,

y reducirme a un remedo de hombre,

que sólo obedece, que sólo dice sí,

que tiembla ante las jinetas,

que sudan cobardía gélida,

que tiene pesadillas con el demonio de la cesantía.

Y cuando no gane la calle con

la apertura al milagro sempiterno de la vida,

aves que hacen el amor en una cornisa,

atardeceres que estallan de brochazos dados al azar,

por una mano de un demiurgo que

si no existe,

quiero creer que está en algún taller,

alboradas en las cuales quisiera

abrazar a las estrellas más remotas,

pero sin olvidar la batalla en mi siglo.


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