sábado, 10 de septiembre de 2011

Un ejemplo más de periodismo pornográfico: Al tenor de la tragedia de Juan Fernández.


Un ejemplo más de periodismo pornográfico: Al tenor de la tragedia de Juan Fernández.
        El periodismo, de haber sido considerado un poder más, ha devenido en un apéndice de la maquinaria que preserva el status quo sociopolítico; convirtiéndose en un segmento de la industria de espectáculo- probablemente un fenómeno de alcances mundiales-.
    Pues bien, ha abandonado- con las excepciones de   periodistas y medios que conservan su identidad y mantienen  la misión de informar a contrapelo de las órdenes de los mandones, abusivos y dominadores de la sociedad -  la trinchera desde la cual luchara por los ideales que cimentaron la grandeza de  Occidente, desde el punto de vista  de: la conquista de la libertad; el reconocimiento de  la dignidad de la persona humana,  y sus derechos consubstanciales;   la carta de ciudadanía de la autonomía del sujeto, y la consagración de la soberanía, y la autodeterminación de los pueblos,  como los ideales que cimentaron el carácter y moldearon el alma de  las democracias occidentales; aunque  mucho de ello, todavía sea “una  grandilocuente y pomposa declaración de principios”, y que, a través de la historia, haya sido un cuadro con más sombras que luces.
    Hoy, por lo visto, les interesa cubrir noticias que sean trágicas y devastadoras; y no hacer un análisis riguroso de sus causas, ni darle su justa dimensión,  ni contextualizar el dolor y el sufrimiento de víctimas sobrevivientes, familiares; y, menos brindar un tratamiento decoroso y discreto al tema de los fallecidos; por añadidura, mientras más imbéciles sean las preguntas de quienes ejercen esta noble profesión- parece que aquí también  ha operado la producción en serie de profesionales, merced a la lógica del mercado; y hablo de casos puntuales, aplicables a Chile, y a los medios de televisión que aquí operan-; y mayor la cantidad de lágrimas, más la sensiblería que exploten, más los detalles escabrosos que den a conocer, más la machaconería  con que repitan una  y otra vez las mismas imágenes, más el enfoque lacrimoso de los sucesos: seguramente, mayor será la  satisfacción de quienes consiguen lucrar con las  tragedias humanas- palabra comodín a la sazón- con el negocio del espectáculo.
    Ni hablar que detrás: se esconden la cobardía, la complicidad, la censura y autocensura, la obediencia y sumisión al poder, el afán de  convertirse en medios de desinformación masiva, como un arma de guerra ideológica; de hecho, también, se fijan, a rajatabla:  las coordenadas en que debe insertarse; a las cuales atenerse y cuyos límites  no puede sobrepasar, so peligro de sufrir la  represión de las fuerzas de seguridad, normalización  y disciplinamiento que operan dentro de un sistema y un discurso determinado: un caso reciente en Chile, ha sido el de Panorama News, un sitio de periodismo liderado por el periodista Patricio Mery Bell, que ha  padecido las consecuencias de atreverse a desafiar la lógica imperante.
    En la reciente contingencia,  acaecida en Juan Fernández:¿Cuánto exacerbación de la pesadumbre, abatimiento, tribulación;  y cuánta sensiblería barata, puedo haberse evitado, si se  hubiera tocado con  decencia, decoro,  empatía, pudor, inteligencia emocional, y una cuota mínima de sentido común los alcances e implicaciones del evento, tan funesto y aciago?; es decir, darle un lapso suficiente y necesario, no ahondar en la dimensión más patética o escabrosa; no bombardear con  imágenes, vistas  una y otra,  la conciencia del telespectador promedio, que no tiene el umbral de  discernimiento para cribar las noticias que recibe. El resto de la reflexión,  queda en manos de cada lector, a propósito de como la pornografía moral y ética se ha enseñoreado del periodismo.
     Y, especialmente, no olvidar que  la sociedad chilena viene despertado de un horror de 17 años  de dictadura; y un letargo de 20  años de concertación, y que  nos encontramos ad-portas del advenimiento de un cambio estructural; el que, l la clase política y la oligarquía, intentarán abortar a todo trace, ya sea mediante el expediente  que han usado hasta la saciedado durante este período: el manido predicamento de la lógica de los acuerdos- y no poner en el tapete la ilegitimidad democrática del  sistema-; o, en el peor escenario concebible, sobre la base de horrores que  ya hemos conocidos en  nuestro pasado, y cuyas huellas no se borran de la conciencia y memoria colectiva, ni del alma nacional. Si es posible: dar sepultara a las víctimas; recordar sus méritos y virtudes; y proseguir la empresa de democratizar Chile. 

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