viernes, 14 de octubre de 2011

Otra vuelta de tuerca: Acerca del Día del profesor.


Otra vuelta de tuerca: Acerca del Día del profesor.

     Es un lugar común poner de relieve  que este día, ya no tiene entidad, substancia,  un nimbo de  trascendencia; ni hablar que ello no redunda en reconocimiento y gratitud para quienes coadyuvan a la concreción de la empresa más importante, la más fundamental que cualquier sociedad pueda acometer y dar cima: la formación de seres humanos, obra de arte superior en la que comprometemos nuestro  presente y nuestro porvenir como comunidad. Cabe preguntarse la relación que existe entre la reputación y el prestigio de que goza esta “profesión”; y la crisis de  la educación, y sus  deletéreos efectos y consecuencias sobre el tejido social.
    La sociedad, no se detiene a meditar sobre la importancia y trascendencia de este oficio- hoy, esta celebración tiene el predicamento de cualquier otro día; y quizás menos, por cuanto no  hay detrás una maquinaria económica que incentive el consumo-; tampoco, para aquilatar  su influencia en la creación de una ciudadanía activa, consciente, lúcida; por el contrario, la corriente  va en dirección a la negación del derecho a engendrar un pensamiento escrutador: el fin último apunta a crear  mano de obra barata; y, a contrario sensu, cualificar a los  futuros directivos de las diversas empresas, dicho de otra manera,  la vigencia descarnada de la lucha de clase, aunque en versión 2.0.
     Tiene ribetes de cuento de hada, o quizás de cuento de terror: hubo una vez un país, en el que los y las docentes,  eran arquitectos y artífices de “procesos: actores y sujetos agentes, de primer orden, en los procesos sociales e históricos de cambio y trasformación de la sociedad; intelectuales, capaces de gestar conocimiento y elaborar una analítica de las estructuras del sistema y su disfuncionalidad-; gestores y ejecutores de proyectos políticos, sociales, culturales, ideológicos y filosóficos”. Sin embargo, la bruja mala de la dictadura, y sus esbirros, no solamente  lograron aniquilar a generaciones de profesores de primera categoría, sino que ,además, lograron que la historia no tuviera un final feliz: las escuelas normales, fueron clausuradas;  la pedagogía, se  convirtió en el última instancia para estudiar; los puntajes de ingreso a esta carrera universitaria,  fueron rebajados a los subterráneos; no importó, en absoluto, que quien se matriculase para estudiar no tuviera  ni la más mínima vocación, y es que algo tenía que hacer; a algo debía dedicarse; y lo más barato, y al alcance de la mano  era esta carrera: estoy hablando de fines de los setenta, comienzo de los ochenta; y la ulterior aceleración de esta dinámica, en un mercado donde proliferaron las instituciones ad-hoc: era un negocio redondo en todo orden de cosas- hasta ahora lo es-.
    Ya  Sábato, en uno de sus lúcidos textos, había denunciado, como muchos otros, el proceso de deshumanización y despersonalización tanto de la sociedad occidental como de sus universidades; de forma que era inevitable que: esta mercantilización e industrialización, de apoderaran de los centros llamados a  conformar y a  moldear a los docentes.
     Por tanto, huelga decir que: el quid de la cuestión, es la cantidad de “pedagogos” que se  obtenga cada año, para atender las necesidades de las  distintos negociados que son los colegios subvencionados, que  han crecido como una metástasis, al amparo de las leyes espurias engendradas por la dictadura y el mercado,  en sangriento y abominable ayuntamiento, en beneficio de los   fariseos y filisteos que los dirigen, en autoproclamada calidad de rectores; y, a medio morir saltando, los colegios y establecimientos municipales, a cuya agonía asistimos impotentes: a partir de la medida de la municipalización, ordenada e implementada  a comienzos de la década del ochenta, por los  ingenieros sociales de la dictadura,  en pos de su extinción. 
    Por consiguiente, a menos  que haya una mutación estructural que abarque la totalidad del sistema, con alcances, implicaciones y resonancias revolucionarias; y que se eleve el nivel cultural e intelectual del profesorado, de manera superlativa, no solamente  se perpetuará el basureo y ninguneo de éste; sobre todo, no  habrá injerencia en aquello a que están convocados en virtud de la naturaleza de su quehacer: seguirán siendo funcionales a la perpetuación de un sistema de dominación, explotación, control mental e ideológico; de la esclavitud tanto física como del espíritu, así como del aherrojamiento del ser: galeotes, que deben mantenerse en actividad permanente, sin  conciencia y auto cognición, ni contribuciones fundamentales a la conquista  y refuerzo y perfeccionamiento  de la libertad integral.  
     Siendo bien claro y explícito, sin embargo, me  he dado cuenta de que profesores y profesoras- con las salvedades y excepciones, que quiero creer, paradójicamente, que son la mayoría de quienes trabajan en este ámbito- no se esfuerzan demasiado por modificar este panorama:  horrorosas faltas de ortografía; redacción paupérrima;  temas  de conversación menos que mediocres; expectativas y horizontes culturales e intelectuales que  por poco superan lo elemental; encima, un odioso clasismo contra los “ ayudantes de la educación”; un trato discriminatorio contra los alumnos deprivados que  son  el grueso de la población municipal, y de los cuales obtienen su sueldo; la  total ausencia de conciencia social y de solidaridad con la clase  trabajadora
    Por ahora, sólo cabe  constatar que: la pedagogía, no es más un  factor de liberación, ni un motor de cambio, ni un vehículo de revolución  de este siglo 21, del que ya llevamos un poco más de un década entre  fundamentalismos, guerras imperialistas, una globalización homicida que avanza y se entroniza; y cuyos tentáculos aprietan y asfixian a cualquier  país que trate de separar aguas  de la geopolítica y geoestratégica del imperio que  ha  impuesto “la pax americana”; y que, en nuestro contexto, tiene al país subsumido en la “ crisis de la educación”;  y en la que fueron los estudiantes  universitarios y secundarios quienes gatillaron esta lucha épica contra el reino de Jauja del neoliberalismo a ultranza, en que se transformó Chile, merced a la perfecta ecuación entre la dictadura, la concertación y la supremacía totalitaria del mercado. 

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